Los discursos del poder: hombres, hombres blancos, proletarios, pobres, primates, primitivos, mujeres, locos, negros y otros

Cuando se estudia el funcionamiento social y las explicaciones al uso que circulan es necesario reparar en la conceptualización del “hombre” y en las relaciones que entretienen “los hombres” desde sus posiciones sociales respectivas.

En este texto me voy a fijar en unas prácticas muy extendidas en la representación del “hombre” y que llevan asociadas unas representaciones y relaciones con los “otros”: el “pobre”, “el proletario”, la “mujer”, el “loco” o el “negro”.

También podría poner el “homosexual” y tantos “otros”, pues la representación del “hombre” más extendida (o impuesta, por imposición o “colonización”) es la del “hombre blanco propietario normativo” teniendo expresiones minoradas o máximas con el “hombre blanco capitalista y patriarca normativo”.

Ahora bien, esta representación del “hombre blanco” así como las relaciones sociales en las que se fundamenta deben reproducirse y legitimarse en el tiempo. En este proceso interviene su relación con los “otros”.

Es por esto que se debe intentar ser crítico con las explicaciones, las representaciones y los discursos que proporciona el “hombre blanco”, en especial los hombres blancos capitalistas y sus allegados (facciones del capital y de estratos superiores de medianos-grandes propietarios y de algunos empleados-directivos).

En lo que sigue, me voy a fijar en los conceptos de “simio o primate” en relación a las caracterizaciones y las relaciones del “hombre” y de “los otros”: los “primitivos”, los “proletarios”, los “pobres”, las “mujeres”, los “locos”, los “negros” o los “bárbaros”.

Al acabar haré unas reflexiones sobre el “hombre blanco”, el “hombre proletario” (en contraposición al capitalista), el “pobre”, el “primate”, el “simio”, el “loco”, la “mujer” y el “negro” así como en las posibilidades y enfoques de cambio social.

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** Las representaciones del “hombre blanco”, del “primate-simio” y del “otro”

Al estudiar las representaciones del “hombre blanco” se puede observar que el “hombre blanco” hace asociaciones con el evolucionismo, la biología, el simio o el primate en relación al “otro”, al “extranjero”, al “bárbaro”, pero también respecto aquellos que forman parte de su sociedad más cercana geográficamente: la “mujer”, el “loco” o el “negro”.

En primer lugar, uno se acuerda que cuando se asocia “el primate” o “el simio” a un “negro” entonces la gente lo asocia sin dificultad a un insulto racista; es muy evidente.

Lo que quiero ahora quiero recalcar es que este tipo de caracterización (o insulto) es muy habitual, en especial hacia los “pobres” o “inferiores”; no es sólo un insulto racista, también es una caracterización (insulto) de clase. Verlo tan solo como un insulto racista es algo sesgado (quizá los hombres blancos pobres alienados lo aprendieron de los capitalistas que los tratan como “primates”, “primitivos”, “simios” a ellos y también a los “negros”).

Esta repetición de estas asociaciones se da porque son formas conceptualizar el “hombre”, los “otros” y el “mundo” hechas por el “hombre blanco” en su relación con el “primate-simio”. A la vez están asociadas y reproducen con las relaciones sociales entre los “hombres” y los “otros” (pero también se van modificando y evolucionando, de diferentes maneras, algunas más profundas (corriente), otras más superficiales (moda)).

Como ya explicado, también se utiliza como una caracterización y un insulto y una muestra a la vez de la superioridad percibida y de una proyección de “los de arriba” (del “hombre blanco capitalista y superior”) [también de sus propios comportamientos, de sus miedos y de sus violencias ejercidas] hacia “los de abajo”.

Los “hombres blancos capitalistas y patriarcas normativos” (también en el sentido que establecen “la norma” y el “tabú” y tantas otras cosas) y los estratos sociales allegados se consideran los más humanos y civilizados, los “hombres propiamente” en contraposición a “los primates” o “simios”, cuando de hecho hay razones de peso para temer que “esos hombres” son los más violentos y salvajes [“la barbarie civilizada”], y también los más hipócritas.

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** Crítica al “hombre blanco” (y a “su primate-simio”), critica al capital y a los estratos superiores asociados (también a algunas que pertenecen a la categoría “mujer”) y enfoque alternativo

Fijémonos más en esos “hombres blancos”, ¿quiénes son? ¿Todos los “hombres de físico que se asocia a un origen histórico europeo en el siglo XV, XVIII o XIX”?

He aquí otra manipulación muy habitual que se hace cuando se comparan los derechos de las mujeres y de los hombres a lo largo de la historia. Tomo como ejemplo la afirmación siguiente, sacada de un artículo de prensa:

<< Apenas hace un siglo que las mujeres pueden votar en los países más avanzados >> [1].

Ante esta afirmación, me surgen por lo pronto tres preguntas: ¿y cuántos hombres podían votar? ¿Cuáles son los países más avanzados? ¿Y los países de “primates”?

En este caso el ejemplo es sobre el derecho a voto y la comparación que se hace entre “hombres y mujeres” reinterpretando la historia, cuando la historia es que los hombres proletarios no podían votar, las mujeres tampoco (no es que los hombres tuvieran unos derechos y las mujeres no, al menos en muchos ámbitos).

Al estudiar la evolución histórica de las sociedades “modernas” hasta las sociedades contemporáneas) es cuando se puede observar los estatutos de “clase” y de “norma” así como las manipulaciones históricas que está haciendo en este artículo, pero no solo en este artículo porque este es un procedimiento muy extendido o mayoritario.

El hecho es que no siempre “los hombres (blancos)” han gozado de esos derechos que se afirma que gozaban en contraposición a “las mujeres (blancas)”.

Lo que es cierto es que hasta el sXX sólo una pequeña minoría de “hombres” gozaba de esos derechos (o de derechos o de muchos derechos); para el resto, para la mayoría de “hombres” los derechos se fueron consiguiendo por las luchas sociales, de trabajadores y de proletarios.

Esas luchas también revirtieron sobre “las mujeres”, pero no en una relación de igualdad con esos “hombres proletarios”, y de ahí la importancia del feminismo (no sólo por esto). Esos “hombres proletarios” también tuvieron una fijación en la “norma” (o “norma masculina”) relegando a mujeres y a otros fuera-de-la-norma (y en muchas ocasiones también siendo racistas).

De todo esto se puede deducir es que los “hombres blancos proletarios” (“primates”) tienen una posición social más parecida a “las mujeres” y a “los negros”, pero que no es la misma y que también entraña conflictos con ellas y con ellos.

A partir del estudio social, económico e histórico lo que se observa es que la clase “hombre (blanco)” es una clase que en su base parte de una interpretación limitada de la biología, que puede tener sentido como clasificación biológica (sabiendo que desde un punto de vista biológico la clasificación hombre-mujer no es exhaustiva de todos los seres humanos, es mayoritaria pero luego hay discusiones sobre las “normas de diferenciación” en otros casos) pero que no tiene sustento como una clase social, tampoco a lo largo de la historia.

Definir y utilizar una “clase hombre (blanco)” como un a clase social no es más que un mecanismo de alienación para esconder unas diferencias entre unos “hombres” y “otros”, o más bien, entre “los hombres propiamente dicho” (superiores) y los “hombres proletarios o primates” (inferiores).

En cambio, sí que tiene sentido considerar “el hombre (blanco)” como una estructura que organiza y jerarquiza a clases diferentes con un doble resultado: (i) por un lado aliena a las “clases inferiores”, a “los proletarios”, a los “primates” con una falsa igualdad con “los hombres (blancos propiamente) y por el otro (ii) vehicula toda o parte de la violencia social de esas relaciones jerárquicas hacia un “otro”, hacia “las mujeres” o los “negros”.

Es decir, por un lado perjudica a los “hombres proletarios” y a “los primates”, pero por el otro les dan “privilegios relativos” respecto las “mujeres” y los “negros”.

Respecto al “hombre blanco (propiamente)” estas relaciones sociales facilitan su reproducción en el tiempo como clase y grupo social; con ello de el disimulo, los dobles discursos, la hipocresía y los comportamientos oportunistas.

Su “ley” es flexible a su “norma” y está profundamente relacionada con la cosificación del “mundo” y del “otro”, como “peón-ganado-genérico” en el caso del “hombre blanco proletario” y como “peón-puta-ganado-incubadora-genérica” en el caso de la “mujer blanca proletaria” [hay que tener en cuenta que la clase capitalista y sus estratos allegados están representados en una gran proporción por “hombres (propiamente)” por lo que en relación a los clasificados hombres hay más “mujeres proletarias”].

El “machismo” de los “hombres blancos superiores y capitalistas” se vuelve “feminismo” con el trato “distinguido” y “mejor” que dan a “las mujeres” (y a “las princesas”). Su “racismo” se presenta como “el paradigma del anti-racismo”. Sus “normas” esconden al patriarca pederasta y proxeneta y de la transgresión de sus “tabús” nombra al “loco”.

Bien tomadas las cuentas esto puede ser muy perjudicial para “los hombres blancos proletarios” (y quizá no sólo para ellos).

Además un procedimiento socialista y humanista requiere rechazar la estructura “hombre”, reconocerse en una clase de “hombre otro” u “otro” (o incluso “primate”) y avanzar contra “los hombres blancos capitalistas y superiores” desde el reconocimiento de esa posición.

Si se puede esperar un “feminismo y anti-racismo” de “hombres blancos” este tendrá sentido cuando sea de los “hombres proletarios” y no de los “hombres (blancos superiores)” que no lo utilizan más que como un mecanismo de alienación y de control, como una forma de auto-legitimarse y de señalar a “los otros hombres blancos” (los primates) como los machistas y los racistas (y enfrentar a unos “primates” contra “otros u otras primates” según esta nomenclatura, con malas explicaciones).

En fin, recordar que en un principio en la historia (europea y luego con las colonizaciones y demás) tan sólo los “hombres blancos propietarios” gozaban del reconocimiento de “seres humanos plenos” y de “derechos humanos” (o más que derechos humanos, los derechos que ellos se otorgaban e imponían, los derechos humanos van apareciendo a partir de las luchas sociales), porque ellos eran “los hombres propiamente”, todos los “otros”, “proletarios”, “mujeres”, “negros”, “locos” y demás estaban relegados a una posición inferior, más cercana más cercana a “los primates” (inferiores) o a los “simios”.

Es decir, a una posición que correspondía por encima de todo al propio imaginario de la superioridad del “hombre blanco propietario-capitalista” sobre “los primates-inferiores-simios” o los “primitivos” a la vez que legitimaba su propia posición, su dominación y su explotación de los demás seres humanos (esto es algo que no se explica por un sustento biológico).

A día de hoy esto continúa siendo así en muchos sentidos.

[1] También es cosa de hombres

http://elpais.com/elpais/2014/11/28/eps/1417195145_917177.html?hc_location=ufi

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Cierro la vista al taller

En el mundo como taller y quehacer las obras suelen presentarse una vez se ha obtenido un resultado acorde a criterios subjetivos o intersubjetivos de interacciones con el mundo (de dónde posibles objetividades).

Con menos frecuencia el obrante abre la vista al taller donde ejecuta sus pruebas, ensaya, espera o desespera, llena hojas de borradores, calcula, dibuja, investiga, algunas veces para o en vistas de obtener un resultado concreto y otras veces para ir desarrollando métodos, enfoques, categorías, construcciones, artes o ciencias.

La mirada al mundo como taller (o fábrica) se posa tanto sobre empleos, profesiones o artes, como sobre la propia recreación continua de la personalidad intersubjetiva en su contexto mundo.

En este enfoque, la personalidad y la identidad aparecen como una obra en perpetuo movimiento que representa diferentes actos y papeles en relación al entorno a lo largo del día, de la noche y de la vida; una misma persona puede realizar muchas interacciones con otros sujetos, con el mundo o consigo mismo, solo o en compañía.

La visión del mundo como Carnaval a la que hecho referencia en otras ocasiones no entra en contradicción con la visión del mundo como “taller”, ¿cómo podría haber disfraces, máscaras, pinturas, bailes, músicas y representaciones carnavalescas si no hubiera unos talleres donde se preparan las obras? Tampoco entra en contradicción con el mundo como “fábrica”.

La vida social requiere una regulación de los actos, las representaciones, las interacciones o de los pensamientos de forma continuada.

Las formas, más conscientes o más inconscientes, los mecanismos y los métodos de control y de regulación social son constringentes, múltiples y se ejercen desde diferentes niveles, entornos o contextos-mundo por parte de sujetos o grupos interrelacionados.

El estado de las relaciones sociales también se expresa como el estado de los controles o constricciones sociales en cuanto a las representaciones permitidas y en cuanto al “grado de apertura” de la personalidad-identidad-rol-papel normalizado.

Hay formas, hay imposiciones, hay tabús: la división social del trabajo, el reparto, la división sexual del discurso pueden ser algunas de ellas, y no poco opresivas; de los los tabús de la economía y de los tabús de los sexos algo creo conocer, ¿qué puedo anotar de mi sino?

“Abrir el taller” como hice, aun siendo un “abrir el taller en una representación del taller” (¿y podría estar de otro modo?), ya constituye un comportamiento que puede ser tomado como desviado y susceptible de ser señalado, estigmatizado, marginalizado y oprimido; esta posibilidad se concreta más cuando los temas, representaciones, ideas, categorías, pensamientos, comportamientos aparentes y otras tantas cosas se relacionan con importantes conflictos, imposiciones, tabús, prohibiciones, controles, dominaciones, opresiones o explotaciones sociales [interrelacionadas e interaccionando desde dimensiones y niveles diferentes].

No contento con solo esto, me he explayado en criticar o en denunciar a algunas personas o sujetos y a grupos en niveles y con grados de poder desiguales [y cuando ya vi que no servía de nada hablar con algunas personas, algunas de las cuales se sitúan en posiciones de más-poder-relativo: a parodiarlos, ridiculizarlas e insultarlos o a devolver sus insultos, visto lo viso ¿y qué?].

Esperaba encontrarme ante la incomprensión, el silencio, la marginalización, la estigmatización, las agresiones físicas, las agresiones sexuales, los insultos, la criminalización, las amalgamas, la imposición, y un largo etcétera (sí, sí, y todo esto en especial en estos últimos 5 años), esto no me ha sorprendido.

No proveí que algunos poderes podrían mantener el nivel de censura, imposición y doblepensar que han mantenido, tampoco algunas políticas, esto sí que me ha sorprendido en su intensidad y modalidades; esperaba un mayor desarrollo político y productivo en cuanto a transformaciones sociales; supongo que consideré un estado de desarrollo socio-político-económico en algunos grupos poblacionales que no se ha constatado (más allá de otras consideraciones sobre la represión, las formas y mecanismos de control, los tabús, la emotividad y el miedo que puedan ser de aplicación).

Dadas unas circunstancias, decidí optar por unos comportamientos y unas representaciones. Luego hubo unos efectos. Ahora las circunstancias han cambiado en algún sentido.

Me siento algo decepcionado no con la población en general, más con algunos grupos poblacionales que consideraba que estaban en otro estado de desarrollo socio-político-económico, y con algunos otros ámbitos o grupos más reducidos en cuanto sus silencios, sus acciones, sus miedos, sus representaciones y sus tabús (y supongo que sus intereses también).

Cierro las puertas y las ventanas a un centro de detención, a una sala psiquiátrica, a un laboratorio de investigación,  a juegos de roles, a un taller de personalidad, a un recinto teatral, a la representación de la representación, a un quehacer mediatizado; a un mundo por donde caminan los monstruos, pero en el que también bailan criaturas fantásticas.

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Algunas notas de estos dos textos podrían ser de aplicación:

“Diarios y notas: la duda, la certeza y la verdad; nociones y discursos; sobre algunos posicionamientos en relación a “la verdad””, texto del 27/01/2016.

https://www.facebook.com/notes/bernat-parias/diarios-y-notas-la-duda-la-certeza-y-la-verdad-nociones-y-discursos-sobre-alguno/10153889306802790

“Diarios y demás: el mundo conocido es una fiesta (dicen) o un encuentro de disfraces y máscaras de Carnaval”, texto del 09/02/2016.

https://www.facebook.com/notes/bernat-parias/diarios-y-dem%C3%A1s-el-mundo-conocido-es-una-fiesta-dicen-o-un-encuentro-de-disfrace/10153918178397790

Otra bibliografía [por ejemplo, por poner algo]
“El nacimiento de la tragedia”, de Nietzsche.
“El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, de Engels.
“Vigilar y castigar”, de Foucault.
“Escritos sobre materialismo histórico” de Marx (recopilación de textos, ed. Alianza).
También:
“El género en disputa” de Butler.
“Sexual trafficking” de Rubin.
etc.

Post-surrealismo, machismo y feminismo radical

[Primera versión de junio 2015]

De las variaciones entre el instaurado post-surrealismo, el machismo y el auto-proclamado feminismo radical hemos descubierto nuevas perspectivas y explicaciones a eso que ha sido nombrado de diferentes modos: la dominación masculina, la opresión de los hombres sobre las mujeres o el patriarcado.

Si bien el feminismo radical denuncia unas opresiones y señala unas causas, se han descubierto transmutaciones surreales de las estructuras sociales y de sus campos semánticos asociados que escapan a las conceptualizaciones tradicionales y mayoritarias del mundo, del ‘hombre’ y de la ‘mujer’ (*). Es posible que todo esto tenga algo que ver con ‘la cuestión de los castillos’.

Ahora disponemos de un nuevo esclarecimiento y caracterización de ‘la dominación masculina’ en relación a un tema surreal por excelencia: la sexualidad.

En este caso la dominación masculina se explicaría como sigue: a los clasificados niños los cosifican sexualmente, los prostituyen o los agreden; también los someten a operaciones genitales (normativas o por ‘la salud’), entre otras muchas cosas.

Según dicen, más tarde, cuando dejan de ser niños y son adultos se dedican a intentar seducir a mujeres, ir a dormir a su casa, desnudarse, insistir, a hablar y a hablar y en un momento de flaqueza de la mujer, comerle el coño y así poseerla, penetrarla, humillarla, contraviniendo y violando normas sociales del “coito heterosexual falo-céntrico”, del “matrimonio” o del “decoro”; luego se hacen (o se intentan hacer) una paja.

Esto nunca quedó muy claro, pero eso dicen.

Además se hacen (eventuales) clientes de prostitutas (o se prostituyen ellos mismos o acaban muertos o en la cárcel).

Luego quedaría por discutir cómo esta transformación minoritaria y marginalizada, en gran medida latente en el inconsciente (¿colectivo?) se engarza con las transformaciones sociales mayoritarias, dominantes, tradicionales y más conscientes.

Diría que este engarce tiene que ver con “rituales absurdos de purificación del falo” en el que “hombres y mujeres” utilizan a “esos otros” como objetos simbólico-sexuales: unos rituales basados en estigmas, amalgamas, incoherencias, etc., pero no en nociones de justicia o igualdad.

Diría que se utilizan a unos “otros periféricos” como “chivos expiatorios sociales” en “rituales absurdos” de “purificación social (y expulsión de odios y violencias)” y así se eliminan posibles “tabús” sin tratar y “espacios excluidos o marginalizados” y se favorecen las jerarquías, las creencias y los dogmas sociales presentes.

Ya he hablado de esto en otros textos y ya volveré a hablar.

(*) Por ejemplo: “niño-puta”.

 

“Hombres griegos antiguos” y “esclavos, mujeres y menores”

[Del 15/01/16]

Ahora que me he ido de la “Alejandría griega”, voy a ver si puedo hablar en el Cairo de un “tabú”, o de varios; me temo que ahí los “hombres griegos” me hubieran matado (+).

¿Quiénes eran los “hombres griegos”, los “antiguos griegos”? Solo una minoría de la población, las estimaciones varían, pero mucho menos que el 50% de la población, posiblemente menos del 25% o incluso menos del 10% de la población.

Solo entre un 25% o un 10% eran “hombres griegos”: el resto eran “ciudadanos de segunda” con suerte, o peor, “esclavos”, “mujeres” (a muchos efectos como “esclavos” o peor) y menores de edad, “niños y niñas”.

Resumiendo mucho, explicación casi “de manual o wiki”, y algunos textos más: en sus relaciones sexuales, los “hombres griegos” se consideraban los “activos”, en el sentido que “penetraban” (penetración fálica) y consideraban como “pasivos” a los “penetrados”: “esclavos, mujeres, menores”.

En las relaciones sexuales entre “hombres griegos” y sus “esclavos, mujeres y menores” primaría “el derecho del amo”.

Me cuesta imaginarme cómo serían aquellas relaciones sexuales, pero no creo que sea desencaminado imaginárselas como no-recíprocas, en el que solo un sujeto, una parte tiene derechos y el otro queda relegado a la figura de “esclavo”, en el que un sujeto tiene “deseo activo” y el otro tan solo puede tener “aceptación pasiva”, si la tenía; por lo menos en muchos casos. La puedo imaginar como una dialéctica desigual, con mucha violencia o mucha alienación, conflictos latentes o explícitos y opresión.

En esa antigüedad parece ser que la consideración de “violencia sexual” tenía más relación con el “respeto de normas y códigos”, el “respeto a la propiedad de esclavos, mujeres y menores”, el “decoro” que con consideraciones como los “derechos”, la “reciprocidad del deseo” o el “consentimiento”: una “relación ilegítima” en aquella antigüedad “contravenía y violaba” las “leyes sociales”, pero “los hombres griegos” disponían de sus propiedades: “menores, mujeres, esclavos”.

Foucault (y Engels en otros sentidos) dice algo al respecto de esto último, pero me parece que en general (tendría que mirármelo más) no acaba de plantear bien los términos.

¿A día de hoy se podría encontrar algún caso parecido de semejante interpretación de “relaciones ilegítimas”?

Ya volveré a hablar de estos temas en este recorrido por el Mediterráneo. Tengo que consultar más informaciones.

En todo caso, en muchos sentidos, también hablo de esto para señalar e indicar lo mal que están planteando algunas problemáticas y relaciones sociales desde mi punto de vista, confundiendo consideraciones más relacionadas con “activo-pasivo” [no confundir con “penetrado/penetrador”, no hacer amalgamas como las pudieron hacer los “hombres antiguos griegos” o “algunos”], “sujeto con derechos-esclavo”, “mayor-menor” con otras relativas a “hombre-mujer” y “heterosexual-homosexual”.

¿Qué diferencia había entre un “niño”, un “esclavo” o una “mujer” de los cuales el “hombre griego” explotaba económica i sexualmente?

Alguna habría, pero lo que quiero decir es que en algunos casos las opresiones no eran tan disímiles, todos sufrían las opresiones; la consideración y la posición biológico-social de “hombre” no dependían de dicotomías de una supuesta biología “hombre-mujer”, dependían de las relaciones sociales.

¿Habría diferencias entre los “esclavos” y las “mujeres”? Supongo que sí, pero eso no quita que ambos grupos o sus miembros pudieran sufrir explotaciones económicas y sexuales.

A día de hoy conviene tener en cuenta todo esto y estudiarlo para replantearse las cosas.

Desde mi punto de vista, es más ajustado y permite un mejor estudio social (y unas mejores políticas) observar que a día de hoy con un enfoque biológico-social pasa algo parecido a la antigüedad y tan solo una minoría de la población, quizá menos del 10% tiene “derechos plenos” (o menos del 1%) y el resto están explotados económica y sexualmente (e ideológicamente) de diferentes modos y con diferentes intensidades.

Ya había hablado de esto en otros textos y ya volveré a hablar.

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(+) ¡Vaya la que ha caído por Twitter! ¿Qué ha sido eso?

No será nada, si para ella “eso no existe”, el dogma es el dogma, así qué le va a importar que “alguien que no existe” hable de cosas que “no existen”.

En fin, pero mejor parar porque más allá de la descarga mental, no sirve para nada, para devolver insultos, pero no queda del todo “bien”, las “apariencias” y debo reconocer que no es “la mejor” manera de escribir; pero hay partes que están bien, eso sí: no creo que sus lectores habituales sean capaces de un mínimo de crítica.

 

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(+) ¡Vaya la que ha caído por Twitter! ¿Qué ha sido eso?

No será nada, si para ella “eso no existe”, el dogma es el dogma, así qué le va a importar que “alguien que no existe” hable de cosas que “no existen”.

En fin, pero mejor parar porque más allá de la descarga mental, no sirve para nada, para devolver insultos, pero no queda del todo “bien”, las “apariencias” y debo reconocer que no es “la mejor” manera de escribir; pero hay partes que están bien, eso sí: no creo que sus lectores habituales sean capaces de un mínimo de crítica.

El caleidoscopio, yo me doy a la fuga

El caleidoscopio

En el caleidoscopio las crisálidas humanas permutan: una tonalidad, una posición y se reconfiguran.

Es un gran ojo compuesto de crisálidas y cada crisálida es un ojo que guarda algo en su interior.

En el caleidoscopio los ojos trasmutan sus matices y trajinan entre ellos.

En el interior de cada crisálida hay un ojo compuesto y cada ojo guarda algo en su interior.

Cada crisálida es una lámpara de espejos permutados.

Su ojo compuesto, las crisálidas del caleidoscopio.

Y aquello que hay en el interior, un misterio.

Siempre bullicioso, siempre cambiante.

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X

Ahora, en este mismo momento,

Una contradicción irresoluble.

Las horas futuras y las pasadas,

Las experiencias, los pensamientos

Y las estructuras están limitadas;

Sojuzgando el avistamiento

De posibilidades no imaginadas.

Este es el rudo lamento

Que profiere de mí ser voluble.

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Andar solo

Nunca ando solo.

Siempre me precede un loco.

Siempre me flanquean una mujer y un asesino.

Siempre me siguen un perro y un niño.

¿Por qué no ocho?

Ojalá fuera tan sencillo.

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Sedimentado

Me sigo sintiendo encajonado, atrapado  en las dimensiones, sedimentado en los estratos.

Las construcciones me apresan en ellas, me constriñen.

Soy una piedra entre las piedras, un detalle, un adorno de una arquitectura móvil opresiva e indescifrable.

Sobre la tierra, las piedras friccionan y se acomodan las unas sobre las otras.

Cada piedra tiene algo en su interior, pero ese algo está aprehendido: tan sólo se puede mostrar en esas construcciones, expresándose con sus inercias.

¿Qué es eso que hay en el interior?

Es un misterio, porque al romperse las piedras no se ve nada.

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Rima menos fácil

Fragmentado por las dimensiones

Reflejo y reproduzco la sociedad,

Sedimentado y estratificado como ella,

Con vínculos que mantienen relaciones.

Permutado por un acto de crueldad

Esa fue y es mi estrella,

Destino de operaciones sin soluciones.

De niño fui exiliado de la realidad

Y anduve por donde no hay vereda,

Pues de los hombres escapa a sus visiones.

Soy un ilustre de la marginalidad.

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La gangrena

Puedo intuir la gangrena putrefacta. Ahí donde voy, la presiento.

También dentro de mí, en algún lugar.

Expresado con un sentido, es el zumbido de un enjambre de alimañas hediondas, un atasco constante como el batir del mar.

Es un reto introducirse en la gangrena extendida a través de las dimensiones y las formas.

Introducirse y pretender guardar algo de luz. Luego, volver a salir. Es una lucha salir de la gangrena con sus formas equívocas y esquivas.

Reflexionar: estudio de la gangrena interna y externa.

Acción y disección.

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Protoplasmas en la superficie

De las crisálidas brotan los protoplasmas que caen sobre la superficie líquida.

Las colisiones forman ondas circulares.

Sobre el agua se agitan. Cada uno es un centro de agitación, pero ninguna agitación está centrada.

Observo desde mi crisálida multicolor y permutada.

Nadie escoge dónde caer.

Me pregunto qué hay debajo la superficie.

Caigo, pero el protoplasma no ha abandonado la crisálida.

Siento la fricción del aire, me acelero.

Al impactar, el caparazón estalla en mil pedazos. Se produce una lluvia de espejos.

Atravieso la película y me dirijo hacia el abismo.

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Realidades de dimensión finita o infinita

La realidad cruje, como la madera cruje con el tiempo.

La realidad cruje porque no es del todo real.

La realidad siempre tiene algo de irrealidad, como el pasado siempre tiene algo del futuro.

La realidad es de dimensión finita o infinita.

Las dimensiones se entrecortan y en ellas se descubren planos y figuras, siempre nuevas, siempre iguales.

Entre las figuras, ahora, el pasado y el futuro toman su posición.

Siendo realistas, tan sólo hay una manera de cambiar el pasado: cambiando el futuro.

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Juegos de palabras

Los números naturales sirven para numerar, pero no para medir, tan siquiera muestran simetría.

Los números enteros tampoco sirven para medir, pero con el cero observan la simetría.

Lo mismo sucede a los quebrados, que operan entre enteros.

Los números reales sirven para medir.

Hay infinitos quebrados y entre dos quebrados siempre hay infinitos reales.

Los números imaginarios añaden una segunda dimensión a los números reales, no expresable con la primera, permitiendo enunciar una complejidad mayor.

Donde unos ven numeraciones, yo veo simetrías u oposiciones.

Donde unos ven roturas, yo veo continuidades.

Done unos ven una dimensión, yo veo dos.

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Las operaciones de las masculinidades perdidas

A las operaciones de las masculinidades perdidas le corresponden las masculinidades perdidas por las operaciones.

Las masculinidades perdidas son el resultado  de aquellas operaciones excluidas de la norma y sin solución.

Las operaciones de las masculinidades perdidas operan sobre lo real y sobre lo imaginario.

Operan sobre lo indecible, sobre aquello que es exiliado, sobre el resultado no posible y sin solución real.

Las operaciones de las masculinidades perdidas siempre tienen un componente real y otro imaginario.

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Las mutaciones de las infancias perdidas

A las mutaciones de las infancias perdidas le corresponden las infancias perdidas por las operaciones.

Entre las infancias perdidas se encuentran también las infancias masculinas perdidas por determinadas operaciones.

Operaciones sobre lo indecible, sobre aquello que es exiliado, sobre el resultado no posible y sin solución real.

Luego, las mutaciones de las infancias masculinas perdidas operan sobre lo real y sobre lo imaginario.

Con el tiempo, entre otras podemos observar: un niño, un loco, un hombre, una mujer y un perro.

Las mutaciones de las infancias masculinas perdidas siempre tienen un componente real y otro imaginario.

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Ménage permuté à huit

Mi hombre domina su mujer.

Mi niño se encuentra en ella.

Su niña juega con él.

Retozan mujer y mujer.

Conllevan hombre y hombre.

Su hombre domina mi mujer.

Su niño se encuentra en ella.

Mi niña juega con él.

El hombre desea la niña.

La mujer ama al niño.

La mujer llora por la niña.

El hombre por el niño.

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Luz de sombra

Poco importa ser una sombra.

Soy el azul del mar, la profundidad de sus misterios, la fuerza de su cólera.

Soy el sin nombre.

Seguiré navegando y seguiré encontrando compañeros y compañeras de agua y sal.

Seguiré siendo la luz de un nuevo amanecer.

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Yo me doy a la fuga

Si miras en perpendicular

cada día es una eternidad,

pero intenta cazar una recta

y no atraparás más que un segmento.

Vuélvelo a intentar.

El apoyo biorectangular,

la ilusión de ortogonalidad

fundamentan rutinas abyectas:

no abandonar el primer momento.

Quédate con el punto.

Yo me doy a la fuga.