Tous antiracistes

Je ne suis pas français, mais je ne comprends pas est pourquoi, s’il y avait déjà une mobilisation prévue le 7 décembre pour commémorer les 30 ans de la Marche des beurs pour l’égalité et contre le racisme convoqué par des associations des quartiers populaires :

Marche pour l’égalité et contre le racisme; 30 ans déjà

https://www.facebook.com/pages/Marche-pour-l%C3%A9galit%C3%A9-et-contre-le-racisme-30-ans-d%C3%A9j%C3%A0/233259286834025

Il y a eu deux autres manifestations (dans l’orbite du PS et de la gauche plus institutionnelle) qui ont été convoquées plutôt à l’arrache pour presque les mêmes dates :

Le 30 novembre : Plusieurs milliers de personnes ont défilé à Paris contre le racisme

http://www.lemonde.fr/politique/article/2013/11/30/plusieurs-milliers-de-personnes-ont-defile-a-paris-contre-le-racisme_3523324_823448.html

Le 8 décembre : Maigre affluence pour la « Marche des républicains »

http://www.lemonde.fr/politique/article/2013/12/08/maigre-affluence-pour-la-marche-des-republicains_3527586_823448.html

Peut-être ce ne sont plus que mes imaginations, mais il parait que toujours qu’il y a des mobilisations indépendantes de la gauche institutionnelle celle-ci fait tout le possible pour, soit les intégrer et récupérer, soit pour les détourner ou les boycotter.

Mais je ne suis pas français et avec toute probabilité ce ne sont que mes imaginations.

 

Anuncis

Respuesta al artículo de A. Ubide: “La teoría económica del 15-M”, aparecido en la sección Negocios de El País el 5 de junio de 2011.

[Publicado el 7 junio 2011]

El señor A. Ubide dice unas cosas tan desatinadas que parece que escriba para hacer enfadar a los economistas. Como en la página donde está colgado su artículo no me dejan postear, le voy a responder aquí. Yo no represento al 15M, pero soy un ciudadano indignado y activo en los movimientos ciudadano.

Pongamos las cosas claras: el movimiento 15M no tiene una teoría económica, en todo caso está construyendo una economía política. Como toda buena economía política, una de sus principales preocupaciones es cómo se reparte la producción entre los miembros la sociedad en base a unas variables distributivas clave. Históricamente las variables distributivas clave han sido el salario y los beneficios. El 15M incluye la novedad de dar una grandísima importancia a los aspectos monetarios y financieros, como consecuencia de unas realidades históricas e institucionales concretas.

El movimiento ciudadano fue impulsado por los “jóvenes” (en algunos casos de 35 0 40 años y con años de experiencia laboral), pero encuentra la solidaridad entre personas de todas las franjas de edades y orígenes que ven sus intereses converger. Tanto los jóvenes y como los pensionistas se sienten ultrajados por verse sumidos en la pobreza. Jóvenes, funcionarios y trabajadores ven sus condiciones laborales empeorar y sus sueldos disminuir. Para citar dos ejemplos, numerosas asambleas han mostrado su apoyo por las manifestaciones de profesionales de la sanidad contra los recortes impuestos o los actos en favor de la regularización y la extensión de los derechos de los inmigrantes.

Los temas monetarios implican a todos los ciudadanos: una inmensa mayoría de los residentes en España se siente estafada por sistema financiero en general y más en particular por el sistema bancario y asegurador. En cuanto a las cuestiones sobre nuestro modelo representativo y legislativo, todo ciudadano debería estar muy preocupado ante los déficits democráticos de nuestro sistema nacional-europeo (y esto le incluye también a usted, aún que usted ya tiene los medios para ejercer una influencia considerable en las decisiones de los representantes).

El movimiento 15M acaba de nacer y no ha tenido tiempo de desarrollarse. Todavía no ha podido desarrollar un corpus de análisis y proposiciones políticas, pero ya apunta maneras. Lo han querido comparar con el mayo del 68, pero más allá de algunos parecidos evidentes, el espíritu y el modo de trabajo es diferente. Los implicados no quieren quemar coches, quieren hablar largo y tendido sobre cuál es mundo que quieren, pero sobretodo quieren discutir con qué mecanismos y con qué desarrollos legislativos se va a conseguir.

Los indignados no quieren hacer la revolución entre mañana y pasado mañana, ya la han empezado a hacer y no se detendrán hasta haber acabado con el poder de la oligarquía: las cúpulas de los grandes partidos y de los sindicatos mayoritarios, las mafias autonómicas y municipales, las grandes corporaciones-conglomerados empresariales y financieros mundiales y las instituciones internacionales. Pasito a pasito, lleve los años que lleve. Será difícil definir el funcionamiento concreto una democracia participativa o directa, ya lo sabemos. Lo que sucede es que el mundo va cada vez más rápido.

El movimiento ciudadano que está surgiendo (más allá del 15M) tiene dos fuerzas que ninguna institución en el mundo puede igualar. Aún con todos los reproches que se le hacen (algunos bien fundados) no hay nadie ni nada que pueda aspirar a unos resultados parecidos en tan poco tiempo y con tan poco coste. Su primera fuerza es la capacidad de internacionalización. El 15M ha sido la empresa de España con mayor proyección internacional de un día para otro (y ha sido emprendida por una mayoría de parados y de precarios). Actualmente las protestas se están extendiendo por muchas partes del mundo con mayor o menor intensidad. En algunas ciudades, el 15M tiene tan solo algunos “embajadores”, en otras, la población autóctona está haciendo suyo el modelo (los modelos) españoles y el movimiento ciudadano se expande.

La segunda es su modo de trabajo: la capacidad de organizarse en red, establecer confianza en base a la experiencia y delegar trabajo y decisiones. Ninguna persona es la única en realizar o conocer una tarea. El conocimiento se comparte. Las decisiones clave se someten a votación. Las cosas avanzan muy rápido. Se dice que el éxito de las movilizaciones deriva de la existencia de las tecnologías de la información. Esto no es del todo verdad, el éxito deriva principalmente de la utilización que se hace de esta tecnología: no es la tecnología, es el know-how. La gente que no sigue el asunto pregunta: “¿para qué?” y reprocha que no haya más medidas concretas. Por ahora se está haciendo una demostración (una lección) del cómo: como trabajar y como tomar decisiones. Las aplicaciones concretas serán el resultado de este trabajo y del consenso.

¿Qué papel juega en todo esto la teoría económica? Ninguno. La teoría económica es una teoría autista que vive apartada de nuestro mundo. Tiene una consideración científica parecida a la escolástica.

A partir de la segunda mitad del siglo XX la teoría económica tomó forma. En principio tenían el objetivo de desarrollar modelos que permitieran explicar aspectos de la realidad con cierta precisión y capacidad de previsión siguiendo el método matemático. A medida que fueron avanzando se dieron cuenta que con sus ingredientes fundamentales (ley de la oferta y la demanda para la determinación de los precios, formación de demandas individuales, agentes precio-aceptantes) no podían explicar ni en un modelo simplificado (en el que no existe ni moneda ni sector financiero) cómo se puede determinar un equilibrio.

Ante estos resultados negativos hubo principalmente dos reacciones. Una que pareció prometer fue el desarrollo de la teoría de juegos, las teorías de las economías regionales o el estudio de la competencia imperfecta. A día de hoy parece que esto no sirvió para mucho (ahí tenemos a Stiglitz y a Krugman). Otra reacción fue decir: “estos resultados negativos no importan”. Esos economistas empezaron a simplificar los modelos y a seleccionar los supuestos necesarios para obtener los resultados deseados. Y esas prácticas han favorecido estos resultados.

Cuando el señor Ubide habla de la productividad real del capital, debería explicarnos con qué fórmula mágica la calcula. Seguramente coge una serie estadística del valor agregado en términos monetarios de la inversión o de un stock de bienes de capital heterogéneos. A partir de aquí supone que en el mundo sólo existe un solo bien y un solo consumidor para construir un modelo matemático. Luego utiliza la estadística (la econometría) para ir repitiendo estimaciones de un modelo estocástico con modificaciones sucesivas hasta obtener el resultado deseado: los salarios deben bajar. Es evidente que este método de trabajo no convence.

Cuando a finales del siglo XVIII se establecieron las bases del pensamiento económico moderno, el sujeto de estudio era la economía política. Por ese  entonces la delimitación de las ciencias sociales era más realista que hoy, ya que los economistas sabían que para hacer un buen análisis debían tener en cuenta la historia, las instituciones existentes y las leyes, la existencia de clases sociales, de conflictos sociales y del poder de unas personas sobre otras. La discusión sobre la moneda era más una cuestión de política que de economía.

Ya en el siglo XIX, la teoría de los precios se descubrió subsidiaria de la teoría de la repartición de la producción. Para explicar la repartición escogieron dos variables clave: el salario y el beneficio. Pero para explicar el beneficio debían explicar el valor del capital (o si quieren el capital agregado), por lo que necesitaban conocer los precios. Está claro que un sistema de ecuaciones simultáneas puede sacarnos de este impasse. En el siglo XX se desarrollaron los instrumentos matemáticos para estudiar estos sistemas. A partir de los años 40 una parte de la profesión se dedicó ha hacer teoría económica y principalmente la teoría del equilibrio general; la otra parte siguió con las tradiciones de la economía política. La primera, tras las muy interesantes aportaciones de los pioneros, derivó en las corrientes anteriormente citadas a causa de los resultados negativos y degeneró al utilizarse como justificación y propaganda de las políticas económicas y los diseños institucionales implantados. La segunda encontró también numerosos resultados negativos y fue cayendo en el ostracismo.

Nos encontramos que tenemos un pensamiento económico en mal estado, enfermo. Va a costar tiempo rehabilitarlo. Para hacerlo se habrá de tener en cuenta que los precios y la distribución de la renta no dependen de un mecanismo neutral de mercado, si no de la existencia de todo un conjunto de realidades sociales e institucionales y de grupos o clases sociales con sus conflictos de intereses en un momento histórico concreto. Tampoco se habrá de olvidar el papel de los mecanismos monetarios y financieros sobre el crecimiento (y el modelo de crecimiento), la repartición y la deuda. Vamos a utilizar modelos matemáticos  cuando haga falta, pero ahí no se va a detener nuestro análisis. Adicionalmente, cada vez se plantea con más ilusión cómo se podría trasladar el modelo de producción del software libre y su acceso gratuito a otros campos.

Señor Ubide, siga si quiere haciendo su propaganda a favor de los grandes intereses políticos, económicos y financieros. Pero no manche con sus patrañas la labor de todos esos ciudadanos que le pueden dar muchas lecciones de economía. Nos son jóvenes, son trabajadores.

 

Link original: http://desequilibriogeneral.wordpress.com/2011/06/07/respuesta-al-articulo-de-a-ubide-%E2%80%9Cla-teoria-economica-del-15-m%E2%80%9D-aparecido-en-la-seccion-negocios-de-el-pais-el-5-de-junio-de-2011/

 

Cómo corregir el sobreendeudamiento

[Escrito y publicado en 12 mayo 2011]

Cómo corregir el sobreendeudamiento (I): el papel del dinero en las decisiones intertemporales

El dinero es una mercancía particular. No es un bien, es una institución. El dinero representa en el plano económico el vínculo que establecemos los seres humanos entre el pasado, el presente y el futuro.

Por un lado el dinero sirve para realizar transacciones presentes y valorar los bienes y los servicios intercambiados. Por el otro, para establecer los valores en los contratos que establecen derechos y obligaciones a lo largo del tiempo en términos nominales y en los que no tienen por qué intervenir  bienes o servicios (un préstamo, por ejemplo).

En principio, estos contratos conllevan un consenso entre las partes sobre la posibilidad de respetar el acuerdo. Hay, hasta cierto punto, una visión común del futuro. El respeto de esta “visión” se defiende con el derecho mercantil. Por lo tanto el dinero representa un vínculo social entre el presente y el futuro.

Cuando dos personas acuerdan un préstamo, cada una supone que podrá respetar los términos del contrato. La persona que tiene que devolverlo, hace una previsión de las cantidades de mercancías que podrá comprar y vender en el mercado y del precio que van a tener. Estas mercancías pueden ser bienes, acciones, trabajo o incluso dinero (es decir, refinanciar las deudas comprando más dinero). Si sus previsiones son relativamente acertadas, obtendrá ingresos y podrá honrar sus deudas.

Cuando una persona pide un préstamo puede utilizarlo en la compra de bienes y servicios y de esta manera el dinero entra en la circulación industrial. Es el caso de la inversión. La inversión en nuestra sociedad capitalista es una inversión “financiada”, en gran parte por el sector bancario.

El dinero es la unidad de medida del valor de la inversión realizada. Pero la inversión de hoy modifica la estructura de la producción. La inversión nos dice qué estamos produciendo hoy, pero también qué queremos ser en el futuro. La inversión tiene un aspecto cualitativo (en qué invertimos) y cuantitativo expresado en dinero (qué rentabilidad obtenemos) En consecuencia, el dinero está actuando como pivote entre las evaluaciones del hoy y del mañana.

Cuando las decisiones pasadas se revelan como correctas, las inversiones son fructíferas y los préstamos se devuelven. El capitalismo funciona “normalmente”, por lo menos en la esfera productiva. Hay crecimiento y disminuye el paro (¿el ejercito de reserva?).

Siendo la inversión financiada, este capitalismo se caracteriza por el desarrollo del pasivo, la deuda (o las acciones), que se contrapone a los activos (bienes) de la economía. Esto es así hasta tal punto que el mismo dinero es en sí la expresión de una deuda: de los bancos comerciales con los depositarios y con el banco central, y de los prestatarios con los bancos.

Nuestro dinero es un dinero creado a partir de las garantías ofrecidas por los prestatarios. El dinero prestado (es decir, creado) depende de la valoración en los mercados financieros de estas garantías. . Cuanto más valen, más dinero se puede crear sin poner en peligro la solvencia “aparente” del sistema financiero.

Cuando el pasivo pasa a titularizarse y a cotizarse en mercados secundarios, se desarrolla la circulación financiera del dinero. Las garantías de los préstamos pasan a ser cada vez más los títulos financieros (que son activos y pasivos a la vez) en vez de los activos “reales”. A medida que el valor de los títulos financieros aumenta se produce una fase expansiva del crédito y del gasto.

Una parte de este dinero se dirige a la circulación financiera y permite mantener el crecimiento de los precios de los títulos financieros (creando un círculo autoalimentado). Otra parte se dirige a la circulación industrial para financiar la inversión y el crecimiento. Pero el dinero se distribuye de manera desigual entre los sectores productivos y los individuos. La estructura productiva se modifica y la distribución de la renta y la riqueza también.

Los precios empiezan a variar significativamente. Es el momento de preguntarse si las decisiones de hoy van a ser las correctas. De la variabilidad de los precios surgen oportunidades de arbitraje, especulación o inversión. Cuando hay gente dispuesta a asumir los riesgos, bancos dispuestos a prestar (y empresas de ratings que dan buenas valoraciones) estas oportunidades se realizan. El gasto se expande y los precios nominales en general varían a la alza. Los precios relativos se modifican.

Cómo corregir el sobreendeudamiento (II): los desequilibros acumulados en los precios relativos – su corrección implica la insolvencia del sistema financiero

En los años anteriores hemos observado un crecimiento de los precios nominales muy desigual dependiendo de las mercancías en cuestión. Los inmuebles y el suelo mantenía subidas de precios aceleradas, existían un gran número de títulos en cartera sobrevaluados y muchos bienes de consumo básico tenían tasas de inflación superiores a la media.

Sin embargo, los salarios, anclados en general al IPC, con un gran impacto de la precariedad laboral y bajo unas presiones mundiales de contención salarial, mantenían unos crecimientos relativamente bajos. De igual manera, los precios de la producción industrial y la producción de bienes de consumo mantenía en general unas tendencias a la alza menores que las tres rúbricas indicadas. Como resultado se generó un desequilibrio entre los precios de los activos y los precios corrientes (descontada alimentación y energía).

Mientras el crecimiento del precio de los activos se mantuvo, el crédito se expandió y la masa monetaria creció incontroladamente. Al mismo tiempo el número de personas al límite de la pobreza aumentaba. Las voces de alarma comenzaron a sonar, pero no les hicieron caso.

Bajo las expectativas de los organismos oficiales (estados, BCE, FMI, OCDE), gabinetes y empresas de reconocido prestigio esta evolución respondía a los “fundamentales” de la economía y por lo tanto no existía un riesgo significativo de una crisis. La evolución de los precios y del empleo permitiría el cumplimiento de los contratos. El sistema podría reproducirse y todos, aún que algunos poco, mejorar.

Lo que en realidad estaba sucediendo es que tanto el sistema productivo como el sistema financiero se estaban fragilizando hasta hacerse inviables. Hacía falta sólo un resfriado para matar al paciente.

¿Por qué las autoridades no denuncian lo que está pasando? Yo creo que es porque son malos, malos gestores o malos desde un punto de vista moral, poco importa. Lo cierto es que eso daba y sigue dando mucho dinero.

El BCE en concreto, anclado en el criterio del IPC ha sido absolutamente irresponsable. En la actualidad no ha cambiado sus criterios y por está razón está empeorando las cosas. Lo que debe hacerse es recuperar el equilibrio perdido entre los precios de los activos y los precios corrientes (salarios incluidos). Los primeros han de disminuir o los segundos aumentar.

El hecho es que no existe demanda ni para un gran número de inmuebles ni de activos financieros. Estos deberían ver su precio bajar. Pero si esto sucediera muchos bancos quebrarían y el sistema monetario se desmoronaría. Para mí esto no supone ningún problema, pero habría que diseñar unas instituciones para sustituir los bancos (de esto ya hablaremos en otra ocasión). Así que esto no va a pasar.

Lo que está pasando es que la política monetaria del BCE está dirigida a convertir los desequilibrios acumulados en los precios y en la distribución de la renta en un nuevo equilibrio. Con las políticas de financiación ilimitada y aumento de los activos aceptados como garantía se permite que los bancos (y demás instituciones financieras) guarden un buen número de sus activos en cartera y su precio no se haya de confrontar al mercado. Así, se pueden mantener artificialmente altos.

En consecuencia, los demás agentes de la economía (y en concreto los deudores) son los que deben asumir todos los errores de las decisiones pasadas. Son las personas hipotecadas quienes deben asumir que se equivocaron en sus previsiones de empleo, salario y precios de los activos, perder la casa y pagar su devaluación. Son los trabajadores que deben ver como empeora su salario real (en relación a los bienes) y acostumbrarse a vivir con menos. Son las pequeñas y medianas empresas o los trabajadores autónomos que se han de ir a la quiebra.

Además, dado el papel que tienen los bancos para financiar la inversión, al hecho de la sobrevaluación de los activos se le suma la contracción monetaria derivada del lento saneamiento de los balances bancarios, provocando la tormenta perfecta. Ante la falta de inversión, la actividad se contrae, empeorando cada vez más el empleo y las expectativas de crecimiento.

Mientras esto siga así no hay salida de la crisis. La bola del endeudamiento no va a parar de crecer.

Cómo corregir el sobreendeudamiento (III): La inflación como remedio

¿Cómo solucionar esta situación? Una solución es con inflación del IPC, del deflactor del PIB y de los salarios. En la mayoría de los casos esta inflación provoca distorsiones. En nuestro caso esta inflación va a compensar la inflación anterior de activos y va a permitir reajustar la situación. La deuda va a absorberse por el aumento de los precios nominales.

La inflación va a tener efectos sobre los balances reales de los agentes: unos van a ganar (los deudores) y otros van a perder (los acreedores). La gente que detenga muchos activos va a ver como su precio disminuye relativamente, pero como aspecto positivo, estos activos tendrán menos riesgo de impago.

Los trabajadores van a salir ganando. Las empresas también van a salir ganando, porque la inflación anima los beneficios. A medida que los precios de la producción corriente aumenten las presiones deflacionistas sobre los precios de los activos van a suavizarse y los bancos van a poder prestar más dinero. La inversión se animará por el lado de la oferta y la demanda.

Los bancos van a perder riqueza en términos reales, pero en términos nominales la inestabilidad sistémica va a corregirse y va haber menos riesgo de quiebra. Y no podemos decir que los bancos vayan a perder propiamente riqueza, porqué la que tienen la han acumulado en un periodo de desequilibrios. Es más apropiado de hablar de un reequilibrio de la riqueza.

¿Quién va a perder? La gente que tiene dinero ocioso en cuentas corrientes (el dinero también es depósito de valor) o los rentistas que tienen un ingreso fijado en términos nominales no indexado por el IPC. Bueno, lo siento, que compren o que pierdan.

Para hacer esto sería necesario hacer mucha presión en Europa, país por país, explicando por qué la tendencia a la moderación salarial es mala para todos. De seguir así el estancamiento se va a alargar mucho tiempo y las crisis de las deudas soberanas van a continuar. No hay otra opción. Las soluciones solamente españolas difícilmente van a dar resultado.

Bajo las condiciones actuales antes de las próximas elecciones de 2012 España deberá ser rescatada. No queda mucho tiempo. Hay que actuar con audacia.

 

El sensacionalismo y el mal de la corrupción

[Publicado originalmente en dos artículos el 20 abril 2011 en otro blog – link abajo]

Cuando los historiadores de aquí mil años expliquen nuestra sociedad en la que apenas un 10% de la población concentra el 90% de la riqueza mundial difícilmente podrán hablar de democracia o de gobierno del pueblo. Lo llamarán por su nombre: una oligarquía, y lo compararán con las sociedades medievales en las que los nobles mandaban (los patronos) y la iglesia bendecía (los economistas).

Ahora ustedes salen con el tema de la corrupción. ¿Qué creen, que la historia se resume a un cuento de buenos y malos? En el sistema financiero hay gente mala que ha provocado la crisis, en nuestro sistema político (que llaman democrático) hay gente mala que es corrupta.

¿Qué hemos de hacer? ¿Hemos de decir:”no seáis malos”? ¿Realmente creen que si a los que ustedes llaman los malos desaparecieran se acabarían los problemas?

Yo creo que no. Creo que hemos de cambiar un sistema injusto que se basa en la explotación de la gran mayoría por una minoría selecta.

Ustedes que tienen las manos manchadas de sangre inocente, de la gente que padece el hambre y la enfermedad en el mundo, gente que trabaja esclavizada para estas grandes empresas “competitivas e internacionalizadas”, gente expropiada y expulsada violentamente de sus casas, ustedes que celebran el crecimiento de las exportaciones cuando se venden armas a países en guerra, ustedes se atreven a hablar del mal de la corrupción.

Ante semejante hipocresía asesina y cómplice siento crecer el fuego en mi interior y se que como yo otros muchos lo están sintiendo crecer. Tengan cuidado ilustres señores, se prepara un fuego que hará arder las bases de su civilización y que les arrancará de sus poltronas donde se regocijan culpables y complacientes.

++++++

Si el foro de Ayuso es de normal sesgado, ahora corre el riesgo de tornarse irrelevante. Sesgado porque la gran mayoría de las intervenciones corresponden al pensamiento económico “ortodoxo”. Un pensamiento que a mi entender, y al entender de otros muchos analistas, ha contribuido enormemente a asentar las bases de la actual crisis.

En la primera semana se alzaron varias voces criticando la falta de mujeres invitadas en el foro  y el sesgo o discriminación que esto comportaba. Estoy de acuerdo. Sin embargo, en estos tiempos que corren olvidamos demasiado a menudo otras muchas variables de discriminación que utilizan las personas que detienen el poder (hombres en su mayoría). Este olvido favorece que las empresas, los partidos políticos y los medios de comunicación utilicen la contratación o la promoción de mujeres para dar la imagen de que son el paradigma de la igualdad, la pluralidad y el progreso (y ya no digamos si se ponen una pegatina de color verde) y así omitir otras variables de discriminación que afectan a ambos géneros (por ejemplo rico-pobre).

En nuestro caso, más grave que la ausencia de mujeres es la ausencia de economistas “heterodox@s” (sean hombres o mujeres). Esta es la variable de discriminación clave para el caso que nos ocupa. Dicho de otra manera, poco mejoraría el panorama si en el foro hubiera la paridad entre hombres y mujeres, pero todos fueran economistas ortodoxos. No tendría más que un valor simbólico sin efectos para la gran mayoría de las personas normales “de a pie”. Hay personas que consideran muy importante y muy representativo que haya mujeres en la cúpula dirigente de grandes empresas o partidos políticos o en puestos de reconocimiento público. A mi me parece bastante irrelevante, ya que solo afecta a una minoría selecta. Por mucho que haya ministras, para de el gran grupo de trabajador@s la igualdad entre géneros se verá dificultada mientras, por ejemplo, la ley establezca de facto que son las mujeres quienes deben ocuparse del cuidado de los hijos (comparen sino el permiso de paternidad con el de maternidad) o persista la asignación de empleos en función del género. Dicho esto, vayamos al tema de la irrelevancia.

J. Ayuso ha dejado pasar una gran oportunidad esta semana. Ha escogido un tema “provinciano” de una manera oportunista por la cercanía de las elecciones municipales y ha pasado por alto el gran tema de la semana: el G20. Después de hablar del Pacto del Euro, de las agencias de rating, de la política monetaria del BCE y de la posibilidad de un plan de rescate para España, Ayuso tenía la oportunidad de empezar un debate sobre cómo estas piezas se insieren en el orden político y económico mundial. Se habría podido hablar de la gobernanza mundial, de la reforma del sistema monetario y financiero, del (in)cumplimiento de la agenda propuesta, lo que queda por hacer, los desequilibrios mundiales, etcétera.

En vez de esto ha escogido un tema de una importancia económica mucho menor, pero mucho más sensacionalista. Un tema para soltar todos los tópicos sobre lo muy corruptos que somos los españoles a diferencia de los otros países (y por ende la necesidad de reformas que tenemos). Estos tópicos están infundados: solo hace falta ver que varios directivos de Goldman Sachs están siendo juzgados en EEUU, el caso Bettencourt y los casos de las comisiones por contratos armamentísticos en Francia o el destape del gran caso de evasión fiscal de hace unos pocos años en Alemania. España no es un caso aparte: en todos los países donde no hay mecanismos de control adecuados la corrupción prospera.

A mi entender, su mala interpretación de cuál es el tema de la semana no está libre de culpa.  Por esto la ira expresada en mi anterior comentario. Como podrían decir que yo soy un radical, me remito al artículo de A. Costas publicado este domingo en Negocios (no se piensen que le tengo una simpatía especial). Ahí, él habla de la “corrupción inocente”, aquella “que los que la practican lo hacen sin tener conciencia de estar haciendo nada ilegal; ni tampoco algo que, sin ser ilegal, sea, sin embargo, moralmente censurable. Creen, simplemente, estar actuando de acuerdo con las leyes del mercado.”

Hablar del G20 hubiera permitido hablar de esta “corrupción inocente” que está amparada por el sistema legal europeo y por el español pero también por el estadounidense. Esta corrupción inocente que provoca que las reformas laborales, de pensiones y los recortes del gasto social ya estén en vigor a la vez que no veamos un progreso significativo en las reformas monetarias y financieras ni propuestas para corregir los desequilibrios globales. Esta corrupción inocente que habla del fomento de la competencia cuando estamos atravesando un intensísimo proceso de concentración empresarial, que nos dice de ser competitivos con países en los que los trabajadores son explotados sin ninguna consideración o que impone reformas a los países con problemas a la vez que salva incondicionalmente a los bancos.

Yo, a diferencia del señor Costas, no creo que esta corrupción sea inocente. Me parece que la gente que la practica es muy conciente de la lucha por el control económico y político que hay detrás de ella. Y los acuso.

Creo que el señor Ayuso al escoger el tema de la semana era muy conciente de las ampollas que podría generar una discusión sobre el G20 y ha tirado una cortina de humo. Es la muerte del periodismo.

Más grave todavía cuando vemos la poca cobertura mediática que ha tenido el G20 en El País y en la demás prensa escrita española. Temo que alguien decidió que no se debía hablar de ello. He tenido que ir a las ediciones digitales de periódicos extranjeros para hacerme una idea un poco más completa, y aún así ha sido difícil.

Hoy en día, con la compra de El País por el fondo Liberty Acquisitión Holdings, con el proceso general de concentración de los medios, con el gran número de despidos en el sector, parece que los periodistas tengan miedo de morder la mano que les da de comer. [Hay un interesante documental de la UNED sobre el tema, se lo recomiendo]

 

¿Quienes son esos tipos de interés? (1)

[Artículo publicado originalmente en otro blog en 7 abril 2011 – link abajo]

Si la vuelta de Keynes hubiera tenido algo de contenido y no se hubiera limitado a simple retórica, los economistas serían más escépticos sobre los efectos que las variaciones del tipo de interés fijadas por la política monetaria puedan tener sobre el nivel de actividad y el nivel de precios. En especial en un período compulso como el que estamos atravesando.

Keynes (en el Treatise si mal no recuerdo, pero no he tenido tiempo revisarlo) establece una distinción entre la “circulación industrial” y la “circulación financiera” que nos es de una gran utilidad al examinar la circulación monetaria. En la circulación industrial intervendrían las transacciones correspondientes al pago de salarios y de inputs de producción, a la compraventa de productos para el consumo y la inversión, a la formación del ahorro, a la financiación de la inversión y al pago de beneficios (la retribución, al fin y al cabo, del capital físico). La circulación financiera estaría compuesta por otras transacciones como son las compraventas de títulos en los mercados secundarios (acciones, obligaciones, opciones, futuros, swaps, …).

Con la ayuda de esta distinción, lo que sigue debe considerarse como un ensayo en el que avanzo unas proposiciones que tal vez ayuden al lector a formarse una idea más clara de la coyuntura actual y de algunos escenarios de futuro. Aun con sus déficits, espero que mostrará la esterilidad del enfoque tomado por Ayuso y seguido por sus contertulianos. Lamentándolo, no les puedo dar una respuesta extensiva pues ante tal desbarajuste no tengo páginas ni dedos que den abasto.

Empecemos por que poco importa si el BCE sube los tipos de interés. Lo que importa en todo caso es si tiene intención de empezar un período de subidas sucesivas. En este caso, un aumento continuado de los tipos de interés junto con un avance moderado de la inflación y un estancamiento de los salarios podría tener consecuencias desastrosas y propiciar un largo período de estancamiento. Si esto además se junta con una congelación del gasto y la inversión pública las consecuencias pueden ser terribles (véase el Pacto de Euro (1)).

No tendremos este resultado porque el aumento del tipo de interés va a frenar el crecimiento de la inversión y va a dificultar las exportaciones al propiciar una apreciación del euro. No. Lo vamos a tener porque los desequilibrios inter-temporales no se van a corregir. Vamos a entrar en un período de desendeudamiento por parte de las familias, el estado y muchas empresas no financieras en el que además les será difícil refinanciar los créditos en unas condiciones que no sean de usura y menos aun realizar nuevas inversiones.

Esto se debe a que el sistema financiero, con los grandes bancos a su cabeza, tardará todavía un tiempo en proporcionar liquidez al sistema productivo (la “circulación industrial”) en una cantidad suficiente para contener las tensiones recesivas y deflacionistas por falta de medios de pago. En estos momentos todavía están saneando sus balances. Razón por la que se mantiene la provisión del BCE de liquidez “infinita”. Pero vayamos por partes.

La crisis que tenemos delante parece que tenga por lo menos dos causas que se relacionan con las finanzas: una sobrevaluación del precio de muchos activos y un creciente grado de fragilidad financiera (debida a su vez a un mayor apalancamiento de los agentes y a una mayor interconexión entre ellos).

La sobrevaluación ha afectado tanto a (i) activos reales (caso del inmobiliario) como a (ii) activos financieros con una relación más o menos directa con la producción (acciones, participaciones) o (iii) sin ella (swaps).

Los activos reales y la cotización de las acciones en algún momento se tienen que enfrentar con los precios (y los salarios) corrientes: no es posible que los precios de los bienes inmobiliarios y de las acciones crezcan sistemáticamente por encima de los precios corrientes, porqué esto quiere decir que las inversiones cada vez reciben un tipo de beneficio mayor. Esto en algún momento se ha de parar ¿o no? Respecto a los títulos del tipo (iii), estos caen cuando los otros empiezan a caer o cuando a sus detentores les suben el tipo de interés.

Una característica particular de nuestra economía es que normalmente el propietario de un activo, su poseedor, normalmente no es su propietario definitivo, en el sentido que el propietario lo ha adquirido endeudándose con otro agente. La persona que ha concedido el préstamo, el prestamista, toma el valor del activo como garantía en caso de no devolución. El valor del préstamo entre el valor del activo es la tasa de cobertura.

En los años anteriores a la crisis tanto los prestamistas como los prestarios han estado formalizando créditos con una tasa de cobertura cada vez menor (pasando por ejemplo, y me lo invento, del 60% al 90%) con la expectativa de que el precio de los activos que sirve como garantía seguiría aumentando. Los prestarios aumentaban su apalancamiento y los prestamistas incrementaban los riesgos asumidos. Después, estas deudas se transmitían a otros agentes en forma de títulos y así sucesivamente fragilizando en suma al conjunto del sistema (transmisión de títulos por la “circulación financiera”). Luego vino la crisis. Pero ahora no me quiero detener en ello. Nuestro tema es la política monetaria.

En relación a las dos causas apuntadas, estas pusieron de manifiesto que las previsiones de los precios de los activos eran erróneas y que en las nuevas circunstancias muchos agentes endeudados estaban en números rojos y que su posición se iba a agravar en la medida que todos los agentes intentaran o se vieran obligados a saldar su posición. Se acercaba un período de quiebras masivas. ¿Qué hacer en estos casos? (a) no hacer nada, (b) renegociar la deuda, (c) inyectar liquidez, (d) cambiar el sistema monetario de la UE.

No hacer nada hubiera sido divertido en un principio, pero habría provocado un descontrol absoluto. Renegociar la deuda hubiera sido más inteligente y más justo, seguramente más difícil porque muchos agentes deberían reconocer sus errores en cuanto a sus expectativas y asumir pérdidas (véase los bancos) y podría provocar una discusión seria sobre el sistema monetario y cómo esto ha sido posible.

Inyectar liquidez es lo que se ha hecho: creación de dinero por parte del banco central para al sistema bancario europeo (además de bajar los tipos y fijarlos al 1%, amentar la periodicidad de la “subasta” y relajar los criterios de los activos aceptados como contrapartida). ¿Pero esto no provocaba inflación? Depende de lo que estén haciendo los bancos comerciales.

En nuestro caso los bancos están aprovechando la ventanilla del BCE para refinanciar sus deudas (al 1%!) e ir asumiendo las pérdidas en su cartera. Con esta “ayuda” pueden continuar su actividad y sanear su balance progresivamente con las ganancias realizadas. Así el precio de los activos se mantiene relativamente estable (con algunas pérdidas) y la entidad no entra en suspensión de pagos (que dependiendo dimensión puede provocar una disminución generalizada del precio de los activos y llevarla a una insolvencia absoluta).

En consecuencia, la ingente liquidez impresa por el BCE se queda en la circulación financiera, en las operaciones de saneamiento bancario, sin que llegue para financiar una inversión potente (ni tampoco el déficit público a unos tipos de interés decentes). A saber por donde circula. Probablemente una parte va con todos aquellos fondos que andan locos con la crisis buscando especulaciones rentables, comprando oro, provocando subidas del petróleo y las materias primas, haciendo una burbuja inmobiliaria en Francia, etc.

Si lo que proponen es subir los tipos de interés, mantener la liquidez ilimitada e intentar por todos los medios contener la inflación lo que están haciendo es impedir el ajuste de los precios de la producción corriente con el precio de los activos. Se está intentando mantener esos precios de los activos como si fueran la referencia a tomar y no como si estuvieran sobrevaluados. Se está ajustando el sistema productivo a esos precios, con todas las dificultades que eso conlleva.

En el proceso muchos agentes se van a descubrir insolventes y más a medida que vayan subiendo los tipos de interés (sus ingresos corrientes no dan para pagar la devolución de su deuda, el valor de sus activos tampoco y no se pueden refinanciar). Todos ellos hicieron unas malas previsiones de futuro, pero a los que sean grandes se les va a salvar, a las pequeñas empresas y a las familias no. De esta manera las entidades financieras consiguen gracias a los planes de salvamiento (refinanciación y condenación de la deuda) hacer pasar toda la dureza del ajuste al resto de los agentes.

En este contexto una inflación alegre pero controlada podría ser una cura, un poco injusta para el ahorrador, pero muy eficiente contra los bancos y la distorsión que están provocando en los precios con sus políticas. Debería ser una inflación propia eso sí, no importada como la actual, y para compensar al pequeño ahorrador se podrían subir salarios y pensiones.

No es por aquí por donde van los tiros. El asunto es que proponen frenar el gasto público y congelar salarios. Las consecuencias sobre la demanda son evidentes.

No sé que obcecación les hace creer, a estos sacrosantos expertos, que ante este desequilibrio en múltiples mercados creen que porqué aumenta la tasa de paro hay que bajar salarios. Es la burda aplicación de la teoría del equilibrio parcial de un payés a la gestión macroeconómica. Bajar salarios sólo conllevará mas paro y más bajadas de salarios.

¿Y que nos queda? La inversión. ¿Quién es la inversión? Las PYMES están que tiemblan, no encuentran financiación. Así que nos quedan las grandes empresas. Muchas también están que tiemblan. Otras muchas forman parte de grandes grupos globales. Las grandes empresas se están concentrando. Estamos en medio de un intensísimo periodo de concentración empresarial, cosa que pasa demasiado a menudo desapercibida.

Así que quien es la inversión: los bancos que financian, las grandes empresas que tienen acceso a la financiación, que se concentran y que monopolizan mercados y las empresas de rating que dicen que chanchullo vale y que inversión no. Es a estos a los que habremos de rogar por favor, una vez ya hayamos aceptado todas las reformas laborales, de las pensiones, todos los pactos del euro y aquello que se les ocurra, que empiecen a utilizar la máquina de hacer dinero para poner en marcha la circulación industrial, se cree empleo, el estado recaude y las escuelas tengan fondos.

Una alternativa a esto muy interesante sería repensar el sistema monetario y financiero, el BCE y el papel de la inversión pública. Como yo no soy muy favorable al monstruo del estado, debería repensarse la toma de decisiones, haciendo avanzar el ideal democrático. La inversión y el dinero, dos claves para cambiar este negro futuro que nos preparan. Pero esto ya es otra historia.

Nota: me queda pendiente la creación monetaria, el tipo de beneficio y el tipo de interés. Ya lo discutiremos.

Adendum: Si claro, me olvidaba, también podemos esperar crecer por el tirón del crecimiento mundial. Es una opción. Hacer una mala política económica, esperar que los otros crezcan y encontrar algunos productos para hacernos un hueco en los mercados mundiales. Esto va influir positivamente sobre el nivel de empleo. Pero esto pasa por aturdir los factores de crecimiento interno y bajar salarios (al menos relativamente a los otros países). Además, tener un sector exportador fuerte no implica tener un tejido productivo dentro del país por lo que difícilmente se va a acabar con el paro y dificulta la recaudación de impuestos. Finalmente, si consideramos que España ha mantenido sus cuotas de exportación durante los últimos años es probable que los déficits de la balanza corriente sean consecuencia de las entradas de capital y no de la falta de competitividad. Desde este punto de vista será difícil aumentar las exportaciones.

 

Artículo original: http://desequilibriogeneral.wordpress.com/2011/04/07/%C2%BFquienes-son-esos-tipos-de-interes-1/

 

Busquemos los malos: las agencias de rating y la mitología económica (2)

Articulo precedente: https://jordipujolxlopadri.wordpress.com/2013/10/17/busquemos-los-malos-las-agencias-de-rating-1/

[Articulo publicado originalmente en otro blog en 4 abril 2011 y en los comentarios del blog Economismo de el País como respuesta al artículo de J. Ayuso “LA UE debería regular el papel de las agencias de rating” y a los comentarios de los expertos invitados el 31/03/2011 – links abajo]

Si no se intenta tomar una visión de conjunto, la discusión sobre las agencias de rating se vuelve un arduo campo plagado de términos técnicos y de fórmulas de una complejidad progresiva donde es difícil apreciar el papel que juegan en nuestra economía.

Esto es algo que los comentarios populares ponen de manifiesto al apuntar algunas de las interacciones entre determinados grupos sociales y los sucesos de los últimos años. El caso más flagrante es el de los movimientos de altos cargos y directivos entre grandes empresas, organismos públicos y el mundo de las finanzas: la puerta giratoria. Un tema que ha estado últimamente de moda, tras el oscar recibido por el documental “Inside job” (que todavía no he visto).

Luego, hay que preguntarse qué intereses económicos pueden tener las propias agencias de rating. Estos intereses se pueden intuir a partir del estudio de la propiedad de las agencias. La lógica es sencilla: si el propietario de la agencia también tiene intereses en bolsa, por ejemplo, ¿por qué no va a intentar influir en la notación de las acciones según sus intereses? ¿Y si su amigo también tiene intereses?

Esto será más sencillo de hacer en un mercado monopolizado, porque los clientes tendrán dificultad para cambiar de proveedor aún que sepan que los ratings que están utilizando son dudosos o están amañados. Tenemos indicios para pensar que este es el caso actual y que no es la primera vez.

Como explicaba en el post anterior, las notaciones de las agencias de rating se imbrican en la regulación del sector financiero, imputadas como veraces ante los organismos supervisores. Esto ayuda reforzar el papel que tienen las agencias cuando dan la nota a seguir por los prestatarios (los adquirientes de títulos) y favorece la homogenización su comportamiento.

Los errores de “rating” de las agencias se hacen más escandalosos cuando afectan a un estado soberano. No es ninguna novedad, las agencias ya tuvieron un papel destacado en crisis anteriores. Por una razón u otra, dependiendo del marco institucional, la dimensión del país y la fuerza de su moneda, el estado se ve incapacitado de obtener dinero a un tipo de interés preferencial (virtualmente cero). En un contexto de crisis, financiarse en los mercados privados conlleva no sólo unos tipos de interés en general más elevados sino que también incluye una buena dosis de condicionalidad (y pérdida de soberanía) que se institucionaliza al intervenir organismos internacionales como el FMI, el BM y más recientemente la UE.

Si las agencias de notación degradan la nota de un país, las empresas financieras querrán, pero también deberán sacar los respectivos títulos de deuda pública de sus balances para ajustarse a los requerimientos legales, pues las empresas financieras ya suelen operar al máximo ratio de “riesgo” permitido.

De esta manera se tumba el valor de unos títulos y se hace arrodillar a un estado. Los tipos de interés se disparan. Los casos de Tailandia, Argentina o Grecia nos muestran el resultado desastroso que tiene la maximización del beneficio cuando se trata de la gestión de un país. Visto esto, constatar comportamiento pro-cíclico de las susodichas agencias no aporta gran cosa.

Ahora bien, cuando miramos los comentarios de los “expertos” vemos que tienden a focalizarse sobre cuatro cuestiones, las cuatro que están de moda, minimizando el interés del foro y de la discusión. Sus contribuciones no me ayudan, ni tampoco creo que ayuden a un público general, a tener unos mejores argumentos. Son superficiales. Ni clarifican ni profundizan.

Resumiendo, son las siguientes:

Los problemas identificados giran entorno a: (1) las malos ratings dados en el pasado y la duda sobre los ratings actuales, (2) la estructura monopolística del mercado, (3) la existencia de conflictos de intereses (los ratings los paga el emisor de deuda y las empresas de rating son consultoras de los emisores), (4) el comportamiento pro-cíclico de los ratings, (5) el papel que tienen los ratings en la regulación financiera, (6) la focalización sobre el riesgo de impago y la negligencia del riesgo de liquidez, (7) la insuficiencia de recursos humanos para la labor que realizan (vaya, algo un poco diferente). Además, a la complejidad de los “estructurados” y a los altos ratings que han recibido se ha juntado la posibilidad de tener estos títulos fuera de balance.

El sitio común de los expertos, sus tópicos, se sitúa entorno a: (1) las agencias de rating son necesarias, (2) es mejor que sean privadas, (3) las notaciones son un bien público y (4) la necesidad de un acuerdo internacional sobre su regulación.

Ante este diagnóstico, medidas a fomentar consisten en: (1) una mejor (más) regulación, (2) exigir algún tipo de responsabilidad por los ratings dados (3) una supervisión de los ratings y una mayor transparencia de los métodos utilizados, (4) favorecer la competencia y la entrada de nuevas agencias. (5) Una agencia pública no es necesaria y es importante que las agencias privadas mantengan su independencia.

El primer artículo de Ayuso empieza haciendo una llamada a la ética de los negocios. Buenas traemos. Dirigir la atención hacia eso es una pérdida de tiempo. En un mundo con libertad de pensamiento en el que cada uno sigue sus juicios respetando la ley, los temas éticos son los últimos en discutirse. En fin, ahí asume un tono moralista que casa muy bien con el misticismo que impregna su visión de la economía.

Por suerte los comentaristas no han seguido mucho esta línea, que consiste en ver el asunto como un problema de buenos y malos. Además, reconozco que los expertos han indicado algunos problemas que hay sobre la mesa, pero no son más importantes. Lo triste es que los grandes problemas no están encima de la mesa. Sólo se nos deja verlos de lejos.

El déficit argumental que esto produce en los “expertos economistas” hace que las bases de sus razonamientos tengan un origen mítico (a veces llamado cuento chino). Ahora no tenemos tiempo de explayarnos en él, demos tan sólo unas indicaciones.

Empezamos con un ejemplo: “Nadie pretende […] negar […] que un grupo amplio de países europeos […] tengan que hacer importantes esfuerzos de reducción del déficit y la deuda pública para poder hacer frente a sus pagos futuros” dice Ayuso.

¿Quién es nadie? Por ejemplo, hay un montón de economistas que cree que el problema no es del déficit público y de la deuda y que sus volúmenes provienen más de un mal diseño del sistema impositivo, del sistema monetario (y de los pagos de intereses sobre la deuda que este impone) y de los movimientos de capitales financieros que de una insostenibilidad productiva.

La táctica que Ayuso (y los expertos) sigue es de no entrar en estas discusiones. Supongo que a sus ojos estos economistas no son nadie. Los economistas exiliados, los apátridas.

La idea que sostiene la afirmación reproducida es que es correcto que los estados se financien al tipo de interés y en las cantidades que les fija el mercado.

Su base deriva de una mitología. El primer y muy importante mito nos cuenta que el libre intercambio en el mercado produce una situación de equilibrio en el que todos los factores productivos (personas, recursos naturales y la colección de bienes de capital) están utilizados al nivel deseado por su propietario a los precios vigentes. El tipo de interés en definitiva corresponde al precio de la renuncia que supone el ahorro. El ciclo económico es un accidente temporal en un sistema que tiende siempre al equilibrio.

Esta imagen impregna el saber de los economistas. Algunos problemas que tiene es que está basada en un mundo sin innovación y sin moneda fiduciaria. No considera un sistema de reserva fraccionaria basado en un banco central y una red de bancos privados en el que continuamente se está creando y destruyendo moneda. Tampoco existe un entramado de instituciones financieras y relaciones deudor-acreedor titularizadas. Ni mucho menos los derivados ni las agencias de rating. Hasta el trabajo asalariado parece un accidente. En definitiva, es una imagen basada en lo que yo llamo un mundo de hobbits, adaptado a un ideal británico de una población bienpensante formada por pequeños propietarios.

En él, el papel del Estado es testimonial. Es más, dicen que está demostrado que si interviene probablemente lo hará mal. El mundo de por sí ya es maravilloso. Así, si el Estado quiere financiarse deberá de pagar por los ahorros de los individuos al mismo precio que ellos. En caso contrario despilfarra. Más allá de pocas cuestiones clave y en su mayoría relativas a la legislación no debe tener ninguna prerrogativa especial.

Todo esto, aún que asumiéramos que está todo correctamente razonado en base a unos supuestos bien definidos, sería completamente irrelevante, porque este no es el mundo en el que vivimos.

Incluso, si acaso viviéramos en él, las cosas tampoco resultarían tan sencillas; para estar en equilibrio sería necesario conocer todo el futuro para tomar las decisiones correctas o ningún cambio podría suceder. Esto es equivalente a afirmar que siempre se ha estado y siempre se estará en equilibrio.

Es verdad que si en este mundo relajáramos el supuesto del equilibrio permanente las cosas no serían tan graves ya que habría pocos préstamos personales y al no existir una red de préstamos titularizados (cotizados en un mercado secundario), cada persona sólo tendría implicaciones sobre su solvencia y las de sus acreedores directos. Una crisis financiera sería poco probable.

Al no existir propiamente un sistema bancario podríamos considerar que la moneda es una moneda-mercancía con una oferta relativamente fija que cumple únicamente las funciones de ser medio de pago y unidad de cuenta. Los fondos que un agente obtiene son necesariamente los ahorros de otro agente.

A partir de este imaginario se argumenta acerca de algo completamente diferente que es que el Estado se financie a través del banco central siguiendo unos criterios de política monetaria. Lo consideran un gran pecado porque conjura a los diablos de la inflación y llama a los vientos que destruyen la iniciativa privada.

Este es el mito de la máquina de dinero y del que nos ocuparemos enseguida, después de repasar el mito de la competencia. Necesitábamos dar este rodeo para introducir el tipo de interés y su relación con los precios. El tipo de interés es una pieza clave del capitalismo. No creo que ningún economista serio se atreva a afirmar hoy que tiene la explicación definitiva.

Antes hablamos de “los precios vigentes”. En esta mitología los precios reflejan un mecanismo que permite encontrar un óptimo social. Pero para que este mecanismo funcione es necesario invocar a la competencia. Entonces los precios se ajustan hasta maximizar el bienestar de los consumidores y equilibrar la razón entre la retribución de los bienes de capital (el tipo de beneficio) y el sacrificio que hacen sus propietarios al no consumirlos (al ahorrar). El papel de las empresas se minimiza y aparecen como productoras neutrales sumidas a las leyes del mercado.

Este imaginario ha acompañado a la fundación y la legislación de la UE de la manera en que la conocemos hoy. Las privatizaciones de los años ‘90 marcaron el ritmo para la entrada del euro en los inicios del nuevo milenio. En consonancia, en la escena pública empezaron a proliferar los gurús de la competencia acompañados del santurrón de la transparencia.

El resultado es que el Estado ha perdido muchas atribuciones, muchos activos y mucho empleo. Se han creado unos mega-grupos empresariales internacionales como son Telefónica, Endesa, Vodafone o France Télécom.

Más en general, hemos observado un fenómeno de concentración empresarial, desde la distribución alimentaria hasta los servicios financieros, que se a acelerado con la crisis sin que las autoridades de la competencia digan ni pio (dan el visto bueno porque creen que las fusiones y adquisiciones propiciaran ganancias de productividad que compensarán el posible poder de mercado).

El hecho es que tenemos una legislación de la competencia absolutamente ineficiente e inútil, mal definida y rebuscada, que es el semejante en la dimensión productiva a la legislación de las agencias de rating en la dimensión financiera y que de paso también está en buena medida basada en la autorregulación.

Visto lo visto, y en vista de futuras directivas, quizá será mejor mantener algunas viejas regulaciones que dejar las grandes empresas que monopolicen los mercados. Además, tal y como están las cosas, nadie puede asegurar que las reformas elaboradas desde la UE no hayan acogido numerosas propuestas de gabinetes de estudios asociados a estas mismas grandes empresas. De hecho, es posible trazar muchos casos de estos “intercambios de ideas”.

Ahora ya tenemos los elementos para revisar el mito de la moneda. En el mundo competitivo donde todo imprevisto es previsto el equilibrio es permanente y los tipos de beneficio de los diferentes bienes de capital se igualan determinando el tipo general de beneficio (que equivaldría al precio del ahorro). Este tipo general de beneficio sobre mercancías el lo que justifica la existencia de el tipo de interés sobre la moneda, y en general sobre un “poder de compra” que sea prestado.

En nuestro mundo, al formalizarse la mayoría de préstamos en términos monetarios la moneda interviene muy significativamente a la hora de establecer las decisiones intertemporales, puesto que las variaciones de su valor y del tipo de interés van a influir en el esfuerzo a realizar para la devolución.

De aquí surge la discusión sobre la estabilidad de precios para preservar el valor de la moneda o el poder de compra. El asunto es que tenemos los elementos para pensar que una economía en crecimiento también necesita una masa monetaria en crecimiento. Las tres preguntas relevantes son: ¿cómo se crea la moneda? ¿Cómo se distribuye? ¿A qué tipo de interés?

Ya estamos de lleno en el mito de la máquina de la moneda. La máquina de la moneda realmente existe, es verdad, y su utilización por parte del Estado está muy mal vista entre los economistas. Por eso la máquina de hacer dinero la tiene el banco central independiente junto con la red de bancos privados con acceso a su ventanilla.

Si viviéramos en este mundo imaginario que hemos explicado, hacer funcionar la máquina de dinero sería muy fácil, bastaría con ir incrementándola proporcionalmente a las variaciones de la producción, provisto que las variaciones de los precios serían conocidas. Pero en nuestro mundo en el que el futuro es desconocido y los precios varían imprevisiblemente, en el que hay multitud de títulos financieros que permiten multiplicar la liquidez y el ratio de apalancamiento ¿cómo lo hacen para responder a nuestras tres preguntas? No tienen ni idea. Yo tampoco tengo ni idea, pero yo no me invento un cuento. Pero de todo esto ya hablaremos en el siguiente post, dedicado a los tipos de interés fijados por el BCE.

Los elementos movilizados hasta aquí ya nos permiten sacar una conclusión crucial. Como el futuro es incierto, el acceso al crédito o la colocación de unos títulos representan una validación social de la perspectiva de futuro del prestamista. Los mecanismos por los que esta validación se produce están determinados por la interacción entre el banco central, los bancos privados y las demás empresas financieras y entre estas y las empresas productivas, los particulares y los Estados.

Esta validación influirá decisivamente en la formación de la inversión y del gasto público, es decir, sobre las variables dirigidas hacia el futuro. Probablemente va a tener importantes efectos distributivos y los precios relativos se modificaran. Es posible que el nivel de precios se vea afectado.

Espero que ya podamos empezar a apreciar el peso que tienen las agencias de notación sobre nuestro futuro. Al dar o negar credibilidad a un emisor le permite o prohíbe el acceso al crédito a unas condiciones en las que le sea posible llevar a cabo su plan de futuro. El mañana está en sus manos.

En base a todo esto podemos apreciar que los comentarios de los “expertos” son una cortina de humo. Tratan de levantar una gran polvareda gritando –“regulación, regulación” y – “¡lo han hecho muy mal!” sin entrar a analizar cómo esto ha sido posible. No les queda otra opción, ya que la ideología que ha fomentado los factores que han sentado las bases de la crisis es su misma ideología.

Aún que haya perlas que merecen la atención, ya no me quiero alargar más y no voy a comentar en detalle las ideas de los expertos. Simplemente decir que los argumentos para justificar los 4 tópicos mencionados son del todo insuficientes. ¿Por qué son necesarias y en qué casos? ¿Por qué esa fe en la propiedad privada? ¿Cómo que un bien público? ¿Cómo lo son el País o la Vanguardia? ¿Por qué no empezar el cambio regulatorio una pelotón de países?

En las conclusiones del viernes el moderador sólo puede reconocer el consenso: que nada importante cambie. Los expertos del foro, de hecho, están haciendo como las agencias de rating: marcando la nota para que los sigan los bobos.

 

Artículo original: http://desequilibriogeneral.wordpress.com/2011/04/04/busquemos-los-malos-las-agencias-de-rating-y-la-mitologia-economica-2/

Blog economismo: http://blogs.elpais.com/economismo/2011/03/la-ue-deberia-regular-el-papel-de-las-agencias-de-rating.html