1000 días y 1000 noches

1000 días implicado pero no imputado. Feliz San Juan y buen solsticio de verano.

A ver si esto se acaba de una vez y puedo poner fin a más de 20 años de opresión y de vilipendio, resultado de una particular combinación de neoliberalismo, de machismo, de las relaciones patriarcales, del Estado y otros organismos, de la prostitución infantil, del mal uso o abuso de algunas sustancias y del feminismo institucional. Por lo menos, cerrar algunos temas.

Cuando tenía 15 o 16 años ya me enfrenté en parte a estas cuestiones, pero sin poder recordar o querer considerar muchos hechos relevantes. Las resolví de manera parcial y temporal con un enfoque más bien mítico y artístico. Los mitos, las artes o la filosofía no determinan de por sí el funcionamiento de la sociedad. Las condiciones materiales son fundamentales, por lo que decidí estudiar Economía y luego Economía Política.

Me he dado la libertad para transgredir las normas morales y algunas leyes, para conocer la inmoralidad admitida y para explorar otros espacios; pero siempre he intentado mantener ciertos criterios de justicia, quizá un poco laxa, quizá permitiéndome ir un poco más lejos para cumplir también una labor de crítica social.

Cada vez que hombres y mujeres me han negado ser una víctima, cada vez que me ha invisibilizado, cada vez que me han minimizado, insultado, ridiculizado, excluido, golpeado y silenciado, me han maltratado; durante más de 20 años. Cada vez que intenté hablar y se me mandó callar, se me violentó y las agresiones olvidadas se hundieron más en el inconsciente. La denuncia contra mí, sus tiempos y todas las implicaciones que está teniendo son también su expresión, al menos en parte.

Estos agravios han tenido mayor o menor importancia. Pocas veces se ha castigado a los responsables o yo no he pedido castigos: no le encuentro demasiado sentido al punir, si no es por causas mayores. Yo también he hecho algunas cosas incorrectas, unas cuantas, también he insultado, minimizado, ridiculizado y en alguna ocasión he agredido; también se me ha punido por ello, aunque no siempre.

En mi veintena, para tirar adelante, por curiosidad, saber, yo también me he beneficiado de la situación de debilidad relativade algunas mujeres, y con sus diferencias de algunos hombres. Aun con las dificultades, debo reconocer que he tenido bastantes ventajas y facilidades respecto otras muchas personas en Occidente. Por supuesto he sido favorecido respecto la mayoría de la población mundial, en gran medida como resultado de  las relaciones (neo, post)coloniales de la globalización.

En nuestro mundo bombardeado por los discursos mediáticos se imponen lógicas de alambre de espino material o inmaterial, como escribía alguien, con restricciones en aumento en la frontera y en el interior queriendo delimitar y regular aspectos crecientes de la vida humana. Se multiplican los dispositivos de control y de seguimiento para identificar y vigilar a los desalineados. Se fomenta que los propios ciudadanos denuncien a sus congéneres por cualquier nimiedad; todos con miedo, se observan entre ellos. El seguimiento por Internet permite atentados muy significativos a la privacidad y a la intimidad.

Al mismo tiempo se impulsan dinámicas de exclusión y de inclusión condicionada. A medida que la pirámide se verticaliza y hay menos posibilidades de promoción, las condiciones para escalar se restringen: se impone un gran cuidado sobre la imagen pública y las informaciones que son distribuidas, fomentando la hipocresía y la doble moral entre lo público y lo privado.

Para las posiciones sociales relegadas, esta recreación de atracción-rechazo tiene el objetivo de reprimir, normalizar, explotar y dominar a las clases proletarias y en paralelo legitimar a las clases, grupos o castas dominantes. En el puesto de trabajo, en la educación y en los espacios públicos se acrecienta la vigilancia de la palabra y del comportamiento, reforzando el control del grupo sobre cada individuo, avivado por el miedo a la exclusión, al castigo y “al qué dirán”.

El capital pone a disposición de la población discursos, productos y contenidos discordantes y a menudo opuestos, a la par que fomenta el enfrentamiento entre los partidarios de uno u otro punto de vista. En muchas ocasiones parece que tanto el pro como el contra, tanto el defensor como el opositor están prefijados con antelación.

De un modo u otro, los proclamas mediáticas son contradichas por la producción neoliberal. Se motiva la pornografía y sus detractores; los derechos de las mujeres se defienden con publicidad pornográfica y demás revistas, películas y series; se da una mayor inquietud por la sexualidad de los menores de edad y se condena la pedofilia, pero los cuerpos de las niñas son utilizados como reclamo comercial. La sexualidad, la desviación y la locura toman una posición exacerbada, ampliándose de manera simultánea el campo del tabú y de la transgresión permitida. A través de esta esquizofrenia generalizada, se extiende la medicalización y patologización de la población.

En Europa y en especial en España, mis análisis me llevan a afirmar que las masculinidades y feminidades hegemónicas colaboran en los hechos para establecer un sistema neoliberal y neopatriarcal en perjuicio de la mayoría de la población. Algunas aplauden mientras las mujeres se deprimen: si la parte de salarios es cada vez menor y hay menos trabajo, la gente se puede sacar los ojos compitiendo para conseguir el favor de los señores del patriarcado capitalista. En el proceso, los que más sufren son una parte de los nuevos nacidos y de los menores de edad.

Dentro de unas relaciones patriarcales, si algunas mujeres llegaran a poner en jaque al poder masculino capitalista, cosa que dudo, entonces los hombres capitalistas favorecerían el trabajo o comprarían a los hombres para que reprimieran a las mujeres, del mismo modo que utilizan la policía para reprimir a los trabajadores. Los hombres serían tan estúpidos y alienados de reprimir a las mujeres en vez de compartir las armas con ellas y atacar a los capitalistas (y una vez ganado quizá pegar alguna colleja a alguna mujer y a unos cuantos hombres).

En los próximos años podemos asistir a un efecto péndulo en las relaciones de géneros: después de unos años de políticas de corte feminista institucional, pueden venir políticas machistas institucionales, con el diseño necesario, pero todavía en prueba acorde al nuevo modelo social, que permita una cierta estabilidad temporal entre la promoción y la sumisión de las mujeres. Las nuevas leyes sobre el aborto todavía pendientes de aprobación serían indicativas de este proceder. Con el vaivén, se dificultarían las uniones estratégicas contra el patriarcado capitalista.

Respecto los hombres, el feminismo institucional neoliberal se basa en un equívoco: según el modelo consciente y explícito todos los hombres son iguales, pero de hecho no lo son. Teniendo en cuenta el modelo menos consciente o inconsciente e implícito, lo que sucede es que se asocia a hombre un “hombre medio” relativamente cercano al hombre blanco capitalista heterosexual formado y capacitado y el resto de hombres (la mayoría) se determina como inferior en grados y en jerarquías (no blancos, proletarios, no formados, homosexuales, discapacitados u otros).

En consecuencia, el modelo asocia a todos los hombres unos estatutos y unos privilegios superiores a los que goza la mayoría y al mismo tiempo no hace suficiente hincapié en los privilegios y enlos estatutos de una minoría. Por un lado el discurso lastima a la mayoría de hombres, a algunos poco, a otros más, más cuanto peor están, quienes por lo general reaccionan de forma estúpida contra el feminismo y las mujeres, haciéndose el macho o el hombre que no se sienten y no como deberían: contra el neoliberalismo y el feminismo institucional, afirmando que ellos también son un poco mujeres o discapacitados y vulnerables. Por el otro lado, el proceso y el discurso favorecen a una minoría de hombres, quienes establecen un ideal machista del supuesto hombre feminista. Esta distorsión permite mayores dosis de violencia sobre un porcentaje de ellos, más cuanto peor están.

El resultado es que unos hombres, mayoritarios, cada vez están peor mientras que una minoría de hombres está cada vez mejor. El aumento de las desigualdades, del reparto entre salarios y beneficios en favor de los segundos y el crecimiento de una pequeña porción de salarios desorbitados es una buena muestra de este proceso.

Respecto las mujeres, tanto el proceso como el discurso establecen un modelo-ideal de mujer con una promoción laboral y unos ingresos capitalistas neoliberales inalcanzables para la mayoría (y también un cuerpo), fomentando la frustración y la competencia entre ellas, así como el establecimiento de una casta femenina dominante.

Una educación basada en la represión de la fuerza, de las expresiones energéticas de cólera, las hace unas candidatas predilectas para explotar en la producción neoliberal presentada como la vía de liberación; sin protestar, esperando su promoción, si hay trabajo.

Desde la infancia y durante la vida adulta las mujeres son jerarquizadas en función de su formación y de su tasa de actividad capitalista y doméstica. A la mujer que protesta y se sale del guion se la detecta muy rápido y se la aparta: la violencia no es propia de las mujeres. La cólera reprimida o el amor impuesto al trabajo o las relaciones con los hombres las hace consumidoras compulsivas de psiquiatras y de farmacéuticas.

En cuanto a la formación de parejas y las relaciones sexuales, en especial las heterosexuales, tanto el proceso como el discurso favorece que una gran parte de mujeres se comporten como Bellas deseosas de casarse con la Bestia que, gracias al influjo del feminismo institucional neoliberal, se transformará en el príncipe-azul-hombre-feminista. Dado el inferior número relativo de hombres en la cúspide respecto las mujeres candidatas, las estructuras sociales promueven formas de prostitución por lo general implícita, ya sea en el campo afectivo o en el profesional.

Al resto de mujeres les va quedar conformarse con el resto, con una mayoría de hombres frustrados y resentidos por no ser lo “suficientemente hombres”, hecho que siempre va a poderse utilizar para excitarlos. En neoliberalismo legitima el capitalismo; el feminismo institucional fomenta que los conflictos sociales se concentren en las relaciones afectivas de pareja. A unas se les dice que siempre son víctimas indefensas y que si denuncian siempre tienen razón, a los otros que son hombres privilegiados agresivos y que si son denunciados siempre son culpables. No hay ingresos, ni oportunidades, ni trabajo para muchos de unos u otras.

Los hombres ejercen la violencia directa e indirecta sobre los otros hombres, sobre las mujeres y sobre los menores. Por lo general, cuanto más abajo están en la jerarquía, más violencia soportan los hombres; cuanto más arriba, más ejercen; unas formas de violencia entre hombres que casi nunca son tomadas en cuenta. Cada vez se identifican más formas de violencia directa y cercana contra las mujeres y cada vez más sutiles, mientras que al mismo tiempo se tienen menos en cuenta las violencias sistémicas y en especial las que sufren los otros hombres. Las mujeres nunca ejercen ninguna violencia sobre nadie, o eso dice la política. Esta construcción de discursos y de artefactos políticos también beneficia por sistema a los hombres que sufren menos violencia, que dada su posición tienden a legitimar la estructura social que les beneficia y que acumulan menos cólera que procesar y bien dirigir contra sus opresores, si acaso los tienen.

La policía y el sistema judicial hacen el resto, maltratando a hombres y mujeres. Me temo que se tiende a punir en función de las características de la acusación y del acusado, no de los hechos. El proceso es preocupante. No es absoluto seguro que esté disminuyendo “la violencia contra las mujeres”. Tampoco ninguna otra violencia. Se fomenta la asociación entre la exclusión, la inmigración, la pobreza, la criminalidad y el sistema penal, mientras aumenta la población reclusa.

A grandes rasgos la estructura social favorece que los hombres situados más arriba de la jerarquía social tengan más relaciones sexuales con más mujeres, como formas de apropiación patriarcal; mientras que los situados en las posiciones inferiores la apropiación es más difícil, aunque se los incite a tener un gran deseo sexualy muchas relaciones (con pareja estable eso significa trabajo para la mujer); algunos hasta se venden, otros son carne de cañón, carne de prisión. No dispongo de estudios, pero además del deseo de posesión fetichista, de la frustración sexualo de otras derivas, supongo que a cuanto más ingreso, más cliente de prostitución, implícita o explícita.

A las mujeres les es impuesta una difícil combinación de frialdad-provocación y de pasividad-excitación que a menudo las lleva a atolladeros. Una educación restringida, mezcla de culto y de odio en relación al cuerpo, a la fuerza y a la sexualidad no fomenta ni el deseo ni el placer, ni tampoco el control de las situaciones. La sexualidad es presentada como un tabú y una liberación, como un deseo desenfrenado y una obligación, como algo incentivado y prohibido, como amor y violencia; se imponen tendencias contradictorias. La falta de ingresos, de recursos o la posición social de debilidad relativa respecto los hombres las lleva a aceptar o a buscar relaciones sin deseo afectivo o sexual.

Al contrario de los hombres, la estructura social favorece que las mujeres situadas más arriba de su jerarquía tengan menos relaciones sexuales con menos hombres, si así lo quieren, que sean más difíciles de apropiar, mientras que las mujeres de abajo tengan más relaciones sexuales con más hombres. Dicen que ser promiscua (fácil, guarra o puta barata) es de clase baja. Abajo hay el sin techo, la loca de los gatos, el sin papeles y la prostituta.

Luego hay faunos, transformistas, magos y otros como yo, que se pasean por las dimensiones y sus intersecciones. Siempre he querido hacer públicas mis historias de juventud, como un seguido de transmutaciones y permutaciones partiendo de la tradición de los libertinos del SXVIII y demás literatura (el doctorado en Economía no ha sido posible, lxs agentes del neoliberalismo y del feminismo institucional me lo han impedido; eso o mis locuras); lo quería hacer público en otro contexto.

Hay que apartarme: lo que digo tiene demasiado sentido. Por ejemplo: hay que invertir, crear empleo, aumentar la parte de salarios y reestructurar los tiempos de trabajo capitalistas y domésticos. ¡Que me detengan!

1000 días: lo de Assange no es nada, a ver si me alcanza.

C’est fini !

 

Bibliografía

[…]

Qué pereza!

Anuncis

Intersectionality and its articulations

Intersectionality class-gender (or race-gender) and its articulations generates controversies.

Categories “class” and “race” have been designated by men to analyze primarily the oppression they suffer. The category “gender” has been established to analyze the oppression of women. Then, in the first place, intersectionality refers to the intersection between the categories of men and “the” woman category (meaning 1).

In a second place, we may contemplate if all women belong to the same category, if these categories are independent of men’s categories or if women’s categories are transposed in a subsidiary manner from men’s categories. How this affects the unity and the relations of solidarity and conflict among women, this is an area which feminisms like to safeguard (sense 2).

Social, economic and policy analysis focus on the relationship between white men, who interrelate largely by commodity exchange and by the organization and the institutions of the State: this is the study of capitalism. Whether Marxist or neoliberal, the analysis is focused on these areas.

In these reports, women and “non- white” are a kind of surrogates, as they are relegated – or so have been in history.

If we look at the analysis of political economy, if you want to use a terminology à la Marx – to whom I’m not particularly attached, I’m not an expert – the class struggle is fundamentally a struggle between white men. Other conflicts may occur between hierarchies of workers or capitalists, between politicians and public servants (bureaucrats).

For women and non-whites, the class struggle is altered – from the point of view of white man. Sorry to expel women and blacks from the class struggle; in my opinion, this is only a partial ejection, but they should explain how the class struggle affects them.

The (European) history cannot be explained by the class struggle, or cannot be explained only by the class struggle. The analysis of capitalism is an incomplete and biased analysis of the world. When we look at the world, it is necessary to take into account the patriarchal and colonial relations (and its internal aspect that is the “Nation”, the construction of the Empire).

An approach which takes into account the first meaning of intersectionality may be enlightening. It would have the objective of setting in a comparable cognitive framework oppression of men and women: the unity, solidarity and chastity of women would not risk from being sacked by the power of men.

I advise: intersectionality in the first place (meaning 1) recognizes women as a category/class oppressed by patriarchy (and studied primarily by feminism) and classes of men in terms of “class” (and “race”).

Otherwise, men are defined only as oppressors, dominant and exploitative (and violent murderers and rapists). Men as a whole do not have any other role in society than being the group (class) to strip, no social improvement (in any dimension) cannot be based on requests of any group of men – because all being considered as equal, all oppressors – men as a whole do not have any role in social transformation aspired – which is false.

If we propose to men – all equal – to become “feminists”, they will be the most powerful men, white men with money, those who rot everything to be considered “the most feminists”. Then, they will propose and do policies from which they are always winners.

When we look at the social division of labor and the distribution of production and wealth, it is clear that it is possible to differentiate groups or categories of people depending on its position: man, woman, worker, capitalist, white or black.

It is also clear that women hold different positions than men and among themselves – different characteristics of domestic production and different positions in capitalist relations.

Then, we can ask about how to use the concept of intersectionality 2, i.e., if there are different categories of women depending on “race” and “class”, though they may hold the same position as “women” – either this position by “race” or “class” is depending on a man (father, husband) or not. Women hold different positions than men and among themselves, I do not foresee why theirs definition of “class” or “race” should be the same as those used by men.

On the contrary, the concept of proletariat (and of reserve army), the inclusion of minors or (the production of) education, among others, may give some clues to study a kind of “class” in common, which operates on both men and women, but in different form.

To this end, it is necessary further research on the relationship between capitalist production, domestic production and the production of human beings; between the transmission standards and mechanism of capitalism and patriarchy (with heritage); between commodity exchange, money, donation and personal and intimate transactions.

We must adapt the analysis to changes of social division of labor. If women are incorporated into capitalist production, it must be analyzed.

It is also possible that women who develop these analyses and undergo these oppressions of “class” or “race” develop affinities, empathy, analysis, discourses, groups, etcetera, with the men they suffer too. By contrast, there are women that do not undergo these oppressions, or rather the contrary, they benefit without being responsible (or the main responsible).

“Capitalist” women do not see the oppression of “class” because they do not suffer it. “White” woman does not see the oppression of “race”: then, she did not fight against it; she can have a tendency to legitimize it. Similarly it could happen that skilled female workers legitimize dynamics of wage polarization (harmful to the least qualified) in exchange for better working conditions, wages or other (promises) – as much of the white skilled male workers are doing.

So which is the oppression of women, which is the male domination? Of what the woman? White, black, bourgeois or worker? Qualified worker or one that is not? The daughter of the rich or the poor? What discourse should I believe?

It is very probable that the proposal of feminism and the strategy of “liberation” of women differ depending on its position in the social division of labor.

Maybe I could read Rosa Luxemburg .

 

intersectionality

Intersectionnalité et articulations

L’intersectionnalité classe-genre (ou race-genre) et ses articulations génèrent polémique.

Les catégories « classe » et « race » ont été désignées par des hommes pour analyser en premier lieu l’oppression qu’ils subissent. La catégorie « genre » a été définie pour analyser l’oppression des femmes. Puis, dans un premier sens, l’intersectionnalité fait référence à l’intersection entre les catégories d’hommes et « la » catégorie femme (sens 1).

Dans un deuxième moment on peut se demander si toutes les femmes appartiennent à une même catégorie, si ces catégories sont indépendantes des catégories des hommes ou si elles sont transposées aux femmes de manière subsidiaire des catégories d’hommes. Comment ceci affecte à l’unité et aux rapports de solidarité et conflit entre les femmes ; c’est un domaine que les féminismes aiment bien sauvegarder (sens 2).

L’analyse sociale, économique et politique est centrée sur les rapports entre les hommes blancs, qui s’opèrent en bonne mesure par l’échange marchand et l’organisation et les institutions de l’État : c’est l’étude du capitalisme. Qu’il soit marxiste ou néolibéral, l’analyse est focalisée sur ces domaines.

Dans ces rapports, les femmes et les « non-blancs » rentrent de façon alterne, car ils sont relégués – ou ainsi a été au cours de l’histoire.

Si on reprend les analyses de l’économie politique, si vous voulez utiliser une terminologie à la Marx – auquel je ne suis en particulier attaché, je ne suis pas un connaisseur – la lutte de classes est fondamentalement une lutte entre hommes blancs. D’autres conflits peuvent apparaitre entre hiérarchies de travailleurs ou de bourgeois, entre politiciens ou fonctionnaires.

Pour les femmes et les non-blancs, la lutte de classes est altérée – du point de vue d’homme blanc. Désolé d’expulser les femmes et les noirs de la lutte de classes ; à mon avis, ce n’est qu’une expulsion partiale, mais ils devraient expliquer comment la lutte de classes les affecte.

L’histoire (européenne) ne s’explique pas par la lutte de classes, ou ne s’explique que par la lutte de classes. L’analyse du capitalisme est une incomplet et biaisé du monde. Quand on regarde au monde, il est nécessaire de prendre en compte les rapports patriarcaux et coloniaux (et son aspect interne qu’est la « Nation », la construction de l’Empire).

Une démarche qui prend en compte le sens 1 d’intersectionnalité peut-être éclairante. Elle aurait l’objectif de mettre dans un cadre cognitif comparable les oppressions des hommes et celle des femmes : l’unité, la solidarité et la chasteté des femmes ne risquerait pas d’être saccagée par le pouvoir des hommes.

Je propose : l’intersectionalité dans un premier sens (sens 1) reconnait les femmes comme une catégorie/classe opprimée par le patriarcat (et étudiée par le féminisme) et les catégories d’hommes en termes « classe » (et de « race »).

Autrement, les hommes sont définis seulement comme des oppresseurs, dominants et explorateurs (et violents assassins et violeurs). Les hommes dans son ensemble n’ont pas aucun rôle autre dans la société que celui du groupe (classe) à dépouiller ; aucune amélioration sociale (dans aucune dimension) ne peut pas se faire à partir des demandes d’aucun groupe d’hommes – car tous sont considérés égaux, tous oppresseurs. Les hommes dans son ensemble n’ont pas aucun rôle dans la transformation sociale ambitionnée – qui est faux.

Si on propose aux hommes – tous égaux – de devenir « féministes », ils seront les hommes les plus puissants, des hommes blancs avec argent, ceux qui vont tout pourri pour être considérés les plus féministes. Puis, proposer et faire des politiques qui les font toujours gagnants.

Quand on observe la division sociale du travail et la répartition de la production, il est clair qu’il est possible de différencier des groupes ou des catégories de population en fonction de sa position : homme, femme, travailleur, bourgeois, blanc ou noir.

Il est aussi évident que les femmes occupent positions différentes – différentes caractéristiques de la production domestique et différentes positions dans les rapports capitalistes.

Puis, il est possible se demander d’utiliser la notion 2 d’intersectionnalité, c.-à-d., des catégories de « race » et « classe », même qu’elles occupent une même position en tant que « femmes » – soit cette position par « race » ou « classe » dépendant d’un homme (père, mari) ou pas. Les femmes occupent des positions différentes aux hommes et différentes entre elles ; je ne vois pourquoi ses définitions de « classe » ou « race » doivent être les mêmes que celles que les hommes utilisent.

Par contre, le concept de prolétariat (et d’armée de réserve), la prise en compte des mineurs d’âge ou (la production de) l’éducation, entre d’autres, peuvent ouvrir des pistes pour étudier une sorte de « classe » commune, qui opère sur les hommes et les femmes, mais de forme différente.

À ce fin, il faut rechercher sur l’articulation entre la production capitaliste, la production domestique et la production d’êtres humains ; entre les normes de transmission du patrimoine capitalistes et patriarcales ; entre l’échange marchand, le don et les transactions affectives et intimes.

Il faut adapter les analyses aux changements dans la division sociale du travail. Si les femmes s’incorporent à la production capitaliste, il faut l’analyser.

Il peut aussi arriver que les femmes qui font ces analyses et subissent ces oppressions de « classe » ou de « race » développent des affinités, empathies, analyses, discoures, groupes, etcétéra, avec les hommes qui ils les subissent aussi. Par contre, il y a des femmes que ne subissent pas ces oppressions ; plutôt au contraire, elles en profitent sans être les responsables (ou les principales responsables).

La femme « bourgeoise » ne voit pas l’oppression de « classe », parce qu’elle ne la subi pas. La femme « blanche » ne voit pas l’oppression de « race » ; puis, elle ne la combat pas : au contraire, elle aura tendance à la légitimer. De façon similaire peut arriver avec des travailleuses qualifiées, qui peuvent légitimer dynamiques de polarisation salariale (nuisible pour les moins qualifiées) en échange à meilleurs conditions de travail, salaires ou d’autres (promesses) ; comme bonne partie des hommes blancs travailleurs qualifiés sont en train de faire.

Alors, quelle est l’oppression des femmes, quelle domination masculine ? La de quelle femme ? La blanche, la noire, la bourgeoise ou la travailleuse ? La travailleuse qualifiée ou celle qui ne l’est pas ? La fille du riche ou du pauvre ? Quel discours dois-je croire ?

Il est bien probable que la conception du féminisme et de la stratégie de « libération » des femmes diverge en fonction de sa position dans la division sociale du travail.

Peut-être je pourrais lire Rosa Luxembourg.

Sur les mystères de l’articulation

Il est évident que l’articulation est, au moins d’un côté, demandé par le travailleur blanc comme une mesure de protection contre le pouvoir (de l’Etat et capitaliste). Le plus en bas que le travailleur/chômeur blanc se situe, le plus besoin aura-t-il de faire appel à l’articulation pour se protéger des discours promus par des blancs situés hiérarchiquement plus en haut [1].

Le pouvoir récupère, modifie et déforme les discours du contre-pouvoir ou d’émancipation : il est ainsi pour les questions de « race », de « genre » ou « de clase ».

Pour se légitimer, le pouvoir accepte partie des analyses et politiques en termes de « race » ou « genre », qui s’attaquent à le statut de l’homme-blanc, mais en faisant opérer toujours (je pense) le même discours-mécanisme : « le plus en bas qu’un homme blanc se situe dans l’échelle hiérarchique, le plus myogène et raciste il est » et son corolaire « le plus en haut  qu’un homme blanc se situe dans l’échelle hiérarchique, le plus féministe et anti-raciste il est ».

Récupéré par l’État, par le capital ou par les travailleurs de « qualification supérieur » (car souvent ces travailleurs s’alignent avec la capital), les discours de « race » et « genre » peuvent devenir des armes de la patronale contre les travailleurs blancs, en spécial les plus affaiblis.

En les signalant comme les principaux « racistes » ou « misogynes » le pouvoir peut offrir quelques hommes blancs à l’autel de l’égalité et le progrès, en les utilisant pour « purger ses péchés » (symbolisme et peu plus), en leur faisant supporter le majeur poids d’ajustement (si cet ajustement amène quelque part) et en se libérant eux-mêmes de s’ajuster (ils se présentent comme les sauveurs des femmes ou des noirs).

Confronté à cette situation, le travailleur blanc va se sentir attaqué, et il est possible qu’il se trompe sur l’origine et la nature de cet attaque : (a) d’un côté il est attaqué par les femmes ou les non-blancs (je suppose que légitime, même qu’ils et elles se trompent aussi) ; (b) de l’autre, il est attaqué par des hommes blancs situés dans un niveau hiérarchie supérieur et qui le signalent comme le principal coupable et responsable de la domination de race et de genre (illégitime).

Il est dans ce contexte que le travailleur blanc peut et doit faire appel à la « classe » pour comprendre sa position sociale et définir ses stratégies politiques. Autrement, coincé entre deux (trois) forces que le signalent comme oppresseur et pas comme opprimé, il parait que la seule voie de sortie est le suicide.

Mieux (pire) encore, le pouvoir a plusieurs tentacules : ainsi, au même temps que des discours pro-femmes ou antiracistes sont mis en place par le pouvoir, ce même pouvoir va mettre en place par des voies alternatives des discours ouvertement misogynes et racistes, en sachant que face aux attaques, si le travailleur blanc est aliéné, il va se confronter aux femmes et aux beurs [côté (a)] et pas aux autres hommes blancs [côté (b)].

Ainsi que… laisse-moi m’articuler !!!!! Je ne veux pas me disloquer ; j’en ai besoin… tu fais ce que tu veux.

[1] Débat ; Les mystères de l’« articulation races-classes », publié le 22 juin 2011 par Sadri Khiari

http://indigenes-republique.fr/les-mysteres-de-l-articulation-races-classes/

articulation 1

Algunos comentarios a Persépolis (película)

Por ejemplo, esta película, tiene sus aspectos positivos – aunque a nadie se le escapa que es en buena medida propaganda Occidental (francesa) – que los “expertos” la critiquen (je).

Lo que quiero señalar es que siempre he recibido comentarios muy elogiadores por parte de mujeres y chicas (occidentales, ¿e iranís?) que se sienten muy identificadas con la crítica que hace a la sociedad y al machismo, al patriarcado o a las relaciones de pareja.

Con todo, ninguna en ninguna ocasión, y a pesar que me hayan listado las críticas a los hombres que la película incluye de forma exhaustiva, nunca ninguna ha comentado y quizá tan siquiera ha reparado que en esta película aparecen sólo 2 víctimas mortales, dos hombres, muertos o asesinados por un Estado represor (como tantos otros en el mundo).

Es como si fueran invisibles: los hombres muertos son invisibles a los ojos de estas mujeres, como si fuera algo normal, que no merece ser reprochado; como si los privilegios que el patriarcado otorga a los hombres, justificase que algunos de ellos murieran asesinados por otros; como si la lucha y los riesgos que toman y los males que sufren, pudieran revertir tan solo en favor de otros hombres, sin afectar a las mujeres – o sin que ellas se den cuenta de cómo les afecta la organización del Estado y las leyes.

En contraste, todas comentaron profusamente la historia de amor y desamor que incluye la película y cómo esta afecta a la muchacha casi de modo definitivo.

La imagen que transmiten estas comentaristas en definitiva es la de ser unas mujeres idiotas sin consciencia política, centradas en lo cercano, en lo inmediato, como burras con anteojeras: unas estúpidas sometidas a las inclemencias del tiempo y del amor.

[pd: sí, la encuesta, la muestra no ha sido obtenido por un método muy científico jeje, son ideas – con el objetivo de provocar hasta cierto punto].

 

perseopolis