Post-surrealismo, machismo y feminismo radical

[Primera versión de junio 2015]

De las variaciones entre el instaurado post-surrealismo, el machismo y el auto-proclamado feminismo radical hemos descubierto nuevas perspectivas y explicaciones a eso que ha sido nombrado de diferentes modos: la dominación masculina, la opresión de los hombres sobre las mujeres o el patriarcado.

Si bien el feminismo radical denuncia unas opresiones y señala unas causas, se han descubierto transmutaciones surreales de las estructuras sociales y de sus campos semánticos asociados que escapan a las conceptualizaciones tradicionales y mayoritarias del mundo, del ‘hombre’ y de la ‘mujer’ (*). Es posible que todo esto tenga algo que ver con ‘la cuestión de los castillos’.

Ahora disponemos de un nuevo esclarecimiento y caracterización de ‘la dominación masculina’ en relación a un tema surreal por excelencia: la sexualidad.

En este caso la dominación masculina se explicaría como sigue: a los clasificados niños los cosifican sexualmente, los prostituyen o los agreden; también los someten a operaciones genitales (normativas o por ‘la salud’), entre otras muchas cosas.

Según dicen, más tarde, cuando dejan de ser niños y son adultos se dedican a intentar seducir a mujeres, ir a dormir a su casa, desnudarse, insistir, a hablar y a hablar y en un momento de flaqueza de la mujer, comerle el coño y así poseerla, penetrarla, humillarla, contraviniendo y violando normas sociales del “coito heterosexual falo-céntrico”, del “matrimonio” o del “decoro”; luego se hacen (o se intentan hacer) una paja.

Esto nunca quedó muy claro, pero eso dicen.

Además se hacen (eventuales) clientes de prostitutas (o se prostituyen ellos mismos o acaban muertos o en la cárcel).

Luego quedaría por discutir cómo esta transformación minoritaria y marginalizada, en gran medida latente en el inconsciente (¿colectivo?) se engarza con las transformaciones sociales mayoritarias, dominantes, tradicionales y más conscientes.

Diría que este engarce tiene que ver con “rituales absurdos de purificación del falo” en el que “hombres y mujeres” utilizan a “esos otros” como objetos simbólico-sexuales: unos rituales basados en estigmas, amalgamas, incoherencias, etc., pero no en nociones de justicia o igualdad.

Diría que se utilizan a unos “otros periféricos” como “chivos expiatorios sociales” en “rituales absurdos” de “purificación social (y expulsión de odios y violencias)” y así se eliminan posibles “tabús” sin tratar y “espacios excluidos o marginalizados” y se favorecen las jerarquías, las creencias y los dogmas sociales presentes.

Ya he hablado de esto en otros textos y ya volveré a hablar.

(*) Por ejemplo: “niño-puta”.

 

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