Niños despabilados – La vida es sueño

Bueno bueno… quizá que yo me calme un poco también. Me gustaría poderos transmitir la intersección de conflictos que escarba mi cuerpo, mi mente: el odio que he recogido y he sufrido, pero que también puedo transmitir.

¿Qué esperabais de un “niño despabilado” que creció entre una multitud de discursos inconsistentes, contradictorios o alienantes? ¿De un niño precoz que creció entre Delphy y Foucault y entre muchos más? ¡Menudo cacao mental!

Suerte que busqué mi camino: ¡mala jugada me hicieron!

Con todo, a Delphy la he cogido como un símbolo – si me lee, que no se lo tome todo de una manera muy personal. Por quién es, por quién representa, por las aportaciones teóricas que hizo. También porque creo que sus limitaciones políticas y mentales cercenaron la profundidad y el alcance de sus análisis. Por poderme atacar a alguna mujer: no me voy a atacar a jovencitas sin apenas poder, ¡he escogido a una bien gorda!

También, para que sepa y sienta que alguien te atribuye sin cesar una personalidad, unas maneras, un odio, que sienta que la trolean, porque la estoy troleando como las feministas también trolean.

Ella es sutil y a menudo ambigua, pero implementados en nuestro mundo, sus posicionamientos políticos pueden favorecer y creo que favorecen el espíritu capitalista del todos contra todos, del sálvese quien pueda: los que están por encima de la media se salvan, los que están por debajo son carne de cañón.

Ella debería saber muy bien que no es bueno que una niña crezca con el odio que ella creció, ni que un niño crezca con el odio que yo crecí.

Por lo demás, si no ella directamente, sus posicionamientos (o falta de posicionamiento) ha abierto la puerta a que muchos niños y adolescentes hayan crecido soportando el odio, las agresiones y la exclusión de las mujeres adultas – hecho que es patente en el sistema educativo, donde un porcentaje minoritario pero en ocasiones relevante de mujeres profesoras se comporta de tal modo.

Luego, este tipo de relación y odio se puede encontrar en las relaciones laborales, entre un hombre joven y una mujer cargo intermedio. Hay mujeres trabajadoras cualificadas (“cuadros”) que discriminan y violentan a los hombres jóvenes: esto es así.

He empezado la Historia de la sexualidad de Foucault. Parece interesante, más que el Les mots et les choses. Parece un hombre inteligente y culto. Puede que me sirvan algunos de sus enfoques – aunque por ahora me parece muy idealista y con un pobre fundamento económico y material. Voy a seguir: a ver qué encuentro. También me parece que él mismo se da mucha bola, se da mucha importancia: bellas palabras, ¿pero el contenido?

Respecto sus afirmaciones de las páginas 21-22 debo decir que cuanto menos se toma el sujeto muy a la ligera cuando habla de “gestos sin edad… que intercambian los simples de espíritu con los niños despabilados” o “el tonto de la aldea que daba unas monedas a las niñas a cambio de complacencias”.

Por un lado, no estoy de acuerdo en condenar por sistema toda expresión de la sexualidad entre un adulto y un menor (además, se debe tener en cuenta el marco legal y no solo moral), ni quiero poner en pie un discurso represivo como hacen algunas feministas, asociando casi cualquier expresión de la sexualidad a una dominación patriarcal y a la violencia; buscando agresiones y violaciones por todo; o todavía menos en querer desarrollar extensas listas recogiendo y criticando comportamientos machistas hasta el más minúsculo.

Pero por el otro, no me parece correcto evacuar por sistema la noción de dominación, de patriarcado y de poder de las relaciones sexuales en general y de esas que está considerando. Lo que él hace, el presentarlas como “neutras”, “inocentes”, o hasta cierto punto “liberadoras” (en oposición a la “represión”) es una manipulación, es una mentira, es un mecanismo de legitimación de la dominación y la violencia.

Debería explicar mejor qué entiende por “niños despabilados” y en tanto que él diferencia entre “niños” y “adolescentes”, qué edad atribuye a estos “niños despabilados” (¿pre-adolescentes de 8, 10, 11 años?).

¿Cómo surge un “niño despabilado”? ¿Se le agrede sexualmente y luego se le ofrecen unas monedas para que te chupe la polla o encularlo? ¿Funciona así?

No tiene por qué ser siempre así, pero puede serlo.

Lo que Foucault está haciendo es una idealización cuanto menos sospechosa de las relaciones sexuales, en la que él, u otro, tienen una posición de poder y de dominio.

De alguna manera, al leer lo que él escribe, me entran ganas de pegarle una paliza. Tal cual: pegarle una paliza. Luego sodomizarlo con un falo ortopédico bien agresivo con su cuerpo. Al acabar, tirarle unas monedas y escupirle.

No creo que lo hiciera. De todos modos está muerto. Que se joda, gilipollas.

Hoy os traigo una lectura de bachillerato:

<< SEGISMUNDO:¡Ay mísero de mí, y ay infelice!

Apurar, cielos, pretendo,

ya que me tratáis así,

qué delito cometí

contra vosotros naciendo.

[…]

¿y teniendo yo más vida,

tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión,

un volcán, un Etna hecho,

quisiera sacar del pecho

pedazos del corazón.

¿Qué ley, justicia o razón

negar a los hombres sabe

privilegios tan süave

excepción tan principal,

que Dios le ha dado a un cristal,

a un pez, a un bruto y a un ave?

[…]

BASILIO: Clotaldo, muy justa es esa

duda que tienes, y quiero

sólo a vos satisfacerla.

A Segismundo, mi hijo,

el influjo de su estrella,

–vos lo sabéis –, amenaza

mil desdichas y tragedias;

quiero examinar si el cielo

–que no es posible que mienta,

y más habiéndonos dado

de su rigor tantas muestras,

en su crüel condición–

o se mitiga, o se templa

por lo menos, y, vencido,

con valor y con prudencia

se desdice; porque el hombre

predomina en las estrellas.

[…]

SEGISMUNDO: ¿Qué os admira? ¿Qué os espanta,

si fue mi maestro un sueño,

y estoy temiendo, en mis ansias,

que he de despertar y hallarme

otra vez en mi cerrada

prisión? Y cuando no sea,

el soñarlo sólo basta;

pues así llegué a saber

que toda la dicha humana,

en fin, pasa como sueño,

y quiero hoy aprovecharla

el tiempo que me durare,

pidiendo de nuestras faltas

perdón, pues de pechos nobles

es tan propio el perdonarlas.

FIN DE LA COMEDIA >>

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