La fuerza (vis) y la violencia (violentia): el miedo a la violencia como alienación

La RAE da cuatro acepciones de “violencia”. Las tres primeras remiten al adjetivo de violento/a, la cuarta hace referencia a la violación de una mujer (si es de un hombre no entra en la definición, nunca en la historia han violado a ningún hombre). [1]

En cuanto a “violento”, el diccionario incluye hasta ocho significados diferentes. Algunos de estos significados hacen referencia a una actuación o situación fuera de naturaleza, de regla, de razón o de justicia. Otros se refieren a una acción o situación con fuerza, ímpetu, brusquedad o intensidad. [2]

A partir de estas definiciones de violencia/violento, es posible diferenciar dos grupos: en el primero entran las definiciones según las cuales la violencia es asociada a actos injustos o contra la regla [G1]; en el segundo, las definiciones según las cuales es asociada a actos con fuerza o intensidad, sin tener en cuenta criterios de justicia [G2].

Hay que prevenir que en ciencias sociales las explicaciones naturalistas no son de recibo. Si quisiéramos tomar una de las definiciones de violencia del primer grupo, deberíamos primar aquellas que suponen unas relaciones sociales determinadas: es violenta una acción o situación (sea realizada con fuerza o ímpetu) contra el modo regular, contra razón o contra justicia; dependiendo los criterios de regularidad, racionalidad o justicia de las relaciones sociales presentes.

Hecha esta aclaración, para elucidar la dualidad de los dos grupos de significados de “violento” es interesante fijarse en la etimología de la palabra.

Violencia proviene del latín “violentia” y violento de “violentus”. A su vez, esta palabra es la composición de “vis” y del sufijo “-ulentus” [3, 4].

“Vis” significa fuerza y esta es asociada en especial a la fuerza física, pero también al poder de un grupo o un estado; otras definiciones apuntan hacia un carácter esencial, toda causa provocando un efecto o la capacidad de acción. Los lingüistas han establecido que el término latín “vis” proviene de la raíz indoeuropea “wei-“ que ha sido traducida como “fuerza vital” o “poder” [5, 6, 7].

El sufijo “-ulentus” se podría traducir por “de forma continuada” o “lleno de” [3, 4].

En latín, “violentus” se asocia “al que usa continuamente la fuerza” o “al que actúa con una fuerza sin control” [3,8]. Asimismo, es un adjetivo que es asociado con un comportamiento despótico o tiránico [8]. Si para los romanos la “vis” era la fuerza “que permite que la voluntad de uno se imponga sobre la de otro” [6], la violencia respondería al uso descontrolado o despótico de dicha fuerza.

Parece ser que en el castellano contemporáneo han subsistido diferentes acepciones de “violento”. El primer grupo de definiciones identificado se podría asociar con el término latino “violentus” y estos son los significados más corrientemente utilizados. En cambio, el segundo grupo se podría asociar al término latino “vis” (fuerza, causa, esencia) y a la raíz indoeuropea “wei-“ (fuerza vital, poder).

Dentro del primer grupo, un asesinato, una agresión o una violación es violencia física. La intimidación, el control o la manipulación es violencia psicológica. Se dan en todos los ámbitos de la vida social, continuamente y ejercida por diferentes actores (ámbito laboral, ámbito doméstico, público/privado, hombre/mujer, capitalista/proletario, blanco/bárbaro, etcétera).

Dentro del segundo grupo tendríamos usos de la fuerza, sea física o psicológica como medio de resistencia a otra fuerza; hay la violencia del opresor y la violencia (resistencia) del oprimido; la expresión de los procesos biológicos: alimentarse (matar otro ser vivo), todo acto que requiera fuerza e ímpetu o incluso algunas relaciones sexuales consentidas; la expresión de la resistencia al medio: una tormenta violenta, un choque violento, un “accidente laboral”. Morir devorado por un león sería algo muy natural y muy violento.

En un sentido amplio [G2] nadie escapa a la violencia. Todas las personas la ejercen, la viven y la sufren. La violencia manifiesta la fuerza vital que conduce nuestro continuo trajinar. La violencia es expresión del yo en su relación con el mundo y con el otro, con su contexto. La violencia es vida y es muerte. Alimentarse es un acto violento. Defecar también.

En este sentido, no se puede escapar a la violencia. Una vida sin violencia no es posible, es una contradicción: la violencia es intrínseca a la vida.

La cuestión de fondo, la dificultad que nos encontramos ante estos dos grupos de significados y usos de violencia/violento [G1, G2] es la diferencia entre la fuerza (vis) y la violencia (violentia): la diferencia entre un acto o expresión de fuerza acorde a la justicia o a la razón y un acto de fuerza injusto mediante el que uno se impone sobre el otro.

Una diferencia en apariencia tan importante es obviada o distorsionada por sistema en las sociedades occidentales. Actos violentos o relaciones sociales violentas son presentadas como expresiones justas o neutras de la fuerza: un muerto de hambre o de frío, enfermos por enfermedades curables, un accidente de tráfico, la explotación económica de unos sobre otros, la prostitución o incluso el matrimonio.

La falta de diferenciación entre ambos grupos de significados abre la puerta a que la “violencia” sea utilizada con más facilidad  como un medio de dominación y alienación.

Cuando el sujeto está alienado la fuerza se vuelve contra sí misma y ejerce la violencia para acabar con ella misma: es la expresión del odio de sí. Un resultado posible, radical, es el suicidio (pero no creo que todos los suicidios se pudieran explicar así).

Muchas autoras han hecho referencia a la alienación para explicar la opresión de las mujeres.

Yo pienso que en gran medida la socialización de las mujeres pasa por la negación de la fuerza vital (“vis”) o su presentación como un acto de violencia (“violentia”) hasta el punto de promover el odio y la alienación del propio cuerpo. El miedo o el asco intervienen en el proceso.

Todas las expresiones de fuerza y vida son representadas para las mujeres como un acto de violencia.

A las mujeres se les impone que alimentarse es violento, a menos que se haga dentro de unas normas muy estrictas para favorecer una determinada silueta.

Que defecar es violento: las mujeres no hacen caca y no se tiran pedos.

Que la regla es violenta. Como tiene sangre es violenta, gran argumento.

Muchas expresiones físicas que para los hombres son consideradas usos normales de la fuerza, para las mujeres son consideradas violentas, en los deportes es muy claro.

Que el sexo es violento; la mujer recibe al macho, que él sí que dispone de su cuerpo, dispone del suyo y el de la mujer; si no en todas las representaciones el sexo es violento, el riesgo a sufrir el peor de los males posibles es alto y continuo.

La excitación y la sexualidad es sucia; una mujer sucia es despreciable, es una puta despreciable.

Todo golpe o resistencia accidental que implique tanto sufrir una fuerza como ejercerla para resistir es considerado violento o más violento para las mujeres que para los hombres.

Disponer de su cuerpo y abortar es violento; es un asesinato, un crimen contra la humanidad.

Parir es un acto violento; como implica una gran fuerza y hay sangre, es presentado como un acto violento en sí mismo.

Una mujer no pega una hostia; no sea que el hombre se caiga de culo.

Todo esto durante toda la etapa de socialización y educación. Luego continúa en la vida adulta.

Parece ser que el objetivo sea de impedir que las mujeres desarrollen y utilicen su cuerpo y su fuerza. Además, se genera que desarrollen odio hacia los procesos biológicos de su cuerpo.

El miedo y la socialización en la cultura del miedo juegan un papel muy importante en la confusión entre la fuerza y la violencia.

La utilización del miedo como medio de control y manipulación de masas (macro) o en un nivel más reducido (empresa, hogar) es algo comúnmente comentado y sabido.

La utilización del miedo para alienar a las mujeres es patente y este miedo arraiga en algo tan profundo y esencial como expresiones vitales de fuerza que son conceptualizadas por sistema como violentas.

El miedo permite controlar al sujeto sin que este sufra violencia directa. Cuando el miedo es infundado (ya sea por el origen inexistente o por la previsión de una incapacidad absoluta de reacción), la propia enajenación provoca que el sujeto se controle el mismo. Las expresiones de fuerza, ya sean propias o ajenas, se vuelven violentas en sí: las propias se viven como odio de sí, las ajenas como opresión.

Además, sucede que tanto los substratos de la fuerza como del miedo se sitúan en aquellas partes del cerebro más básicas, más antiguas, prehistóricas. El miedo confunde todas las expresiones de la fuerza.

Con todo, este tipo de socialización favorece que las mujeres se eduquen en la represión de la fuerza y haya el objetivo de que crezcan en una especie de burbuja respecto la fuerza y la violencia (a pesar del maltrato y las violaciones que son tabú).

Será el hombre quien educará a la mujer en el uso de la fuerza y para hacerlo, para imponerse utilizará la violencia. La exposición a la fuerza (propia o ajena) o a la violencia de un sujeto (con su cuerpo) que no esté habituado a ello, posibilita que tanto las sensaciones y sentimientos positivos como los negativos sean utilizados para el control de este sujeto (en la ocurrencia una mujer). Los traumas y psico-traumas presentes o pasados también pueden utilizarse para este fin. Esta es uno de los pilares de la institución del matrimonio. La obsesión con la “virginidad” de la mujer es un buen ejemplo.

El proceso de desalienación y el derecho a la resistencia pasa, al menos en mi caso, por un proceso que no implique renunciar a la fuerza (“vis”).

Cuando leo algunos panfletos feministas, creo que su visión de la violencia pasa demasiado a menudo por la degradación de la de la fuerza [miedo] y de la confusión entre la violencia y la fuerza.

En un sentido amplio G2 querer una vida sin violencia es querer una vida sin vida ni muerte.

[1] http://lema.rae.es/drae/?val=violencia

[2] http://lema.rae.es/drae/?val=violento

[3] Etimología de Violencia: http://etimologias.dechile.net/?violencia

[4] –ulentus: Suffixe adjectival, le plus souvent sur une base nominale, signifiant « plein de ». http://fr.wiktionary.org/wiki/-ulentus#la

[5] http://www.dicolatin.com/FR/LAK/0/VIS/index.htm

[6] Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca, La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras. http://www.elcastellano.org/palabra.php?id=2286

[7] http://fr.wiktionary.org/wiki/vis#Latin

[8] http://www.dicolatin.com/XY/LAK/0/VIOLENTUS/index.htm

 

Anuncis

One thought on “La fuerza (vis) y la violencia (violentia): el miedo a la violencia como alienación

  1. Retroenllaç: Índice-resumen de textos sobre el sistema capitalista-patriarcal | Contes de l'exili

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s