Las feministas se me enfadan

La foto

Me gustaría saber si quedé bien en la foto. ¿Tanto les gustaría? ¿Pura estética? ¿Fui lo suficientemente bien objetivado entre esos dos hamsters? ¿El hecho de hablar conmigo estaba motivado por un goce puramente estético que dos chicas modernas querían situar entre un gay y una hipster?

La foto: el Bernat es cosificado entre dos personas, lxs sujetxs de la foto. Aparecemos agarrándonos por los hombros como si fuéramos amigxs, nada más lejos de la realidad. La cosa Bernat se sitúa entre el gay y la mujer a la moda (ambos en el fondo también cosificados).

¿Habían sido todxs ellxs victimas de violencias? ¿Y autorxs?

Estas dos historias de hoy, todas las que os he contado (ya sé que la primera no os ha gustado mucho; pero es lo que hay chicas: respect) a veces me pregunto: en algunos casos ¿quién trata a quién como a un objeto?

La cerveza

Hay las chicas. Ahora me van a acusar a mí: “machista, violento, lo que le has hecho a la pobre chica; le has cogido del brazo cuando te estaba haciendo Jodéte y la has insultado. Eres un machista violento!”.

Muy bien chicas. ¿Qué es vuestra propuesta? ¿Qué no diga nada? Ella me tira la cerveza por encima ¿y yo no tengo que decir nada? Quizá vosotras en estos casos no decís nada y os coméis la humillación. Es vuestro problema.

Quizá me queréis hacer responsable del golpe que me dio. Debería haber estado atento para apartarme y dejarla pasar. Quizá fui yo que lo buscó. Encontramos una y otra vez el mismo argumento: la mujer es víctima y el hombre agresor. Poco importa lo que haya pasado. Hay una transferencia directa de la responsabilidad: ella no es responsable, soy yo el responsable. Yo soy el responsable que pase corriendo, me dé un golpe y me tire la cerveza. Claro, como también soy responsable de que dos chicas vengan a hacerse fotos conmigo.

Quizá no soy responsable, pero tampoco debería haber dicho nada. Simplemente pensar: “esta tía es gilipollas” y pasar del tema. Esperar a que se seque la camisa. Yo creo que hice bien a decírselo: no tengo porque dejar a alguien pasar por encima de mí. Hasta el chico que iba con ella le sugirió de disculparse: lo normal, das un golpe, tiras la cerveza, lo mínimo es que te disculpes.

Pero ella no: ella respondió con el signo de Jódete. ¿Qué debería haber hecho? ¿Nada? ¿Sonreír y decir: “muy bien chica, eres muy feminista”? ¿O decir: “mira tía, si te han violado y agredido no es mi problema, vete a empujar a otro”?

Pero como en vez de callarme y dejarme tratar como un ser inferior que sale solo, se viste diferente (¡qué raro!) y al que se le ridiculiza imitando su acento extranjero, la insulté (algunas dirán que con un insulto machista) entonces el agresor soy yo.

Se ha producido una transferencia de la culpabilidad; a causa de vuestros prejuicios hacéis una transferencia de la culpabilidad: ella, la agresora, se presenta como una víctima y yo, el agredido que se defiende, un agresor.

Os podéis comer vuestra transferencia: si vosotras os dejáis agredir es vuestro problema, no el mío.

Lo que hicieron las dos chicas más tarde, también fue tratarme como un objeto. Cuando ellas vienen a hablar, son muy simpáticas, toman la foto y todo. Después cuando yo voy a hablar con ellas, primero me ignoran y luego me dicen que yo no voy a after (ein? De qué hablan?). Lo que intentan hacer es decirme: antes eras guay, ahora eres una puta mierda.

Lo que pasa es que yo ya estoy bastante crecidito como para querer ir de after con estas niñatas. Si me suplican, a lo sumo les dejaría chuparme la polla.

En fin, yo ya lo he dicho: yo no me defino feminista. Claro que soy machista y misógino. Como todas las personas de esta sociedad.

Lo que sucede es que vosotras sois más machistas y misóginas que yo. Habéis leído muy poco y entre lo que habéis leído, hay demasiadas historias de princesitas vendidas como feminismo. Yo al menos tengo algo: cuando utilizo bibliografía feminista, escojo el feminismo radical.

Os lo he dicho y os lo repito. Soy invisible para vosotras; hasta que vuestra teoría no me incluya, vuestra teoría no me aplica.

Antoine

Hace dos semanas en un bar. Yo con una pinta, solo, con mis pintas, mis pelos, mis barbas y mis pantalones de campana roídos; yo apoltronado en un sofá. Hay otros sofás no muy lejos, ocupados. Alguien grita: “Antoine, Antoine”. Me giro: hay dos chicas en el sofá de delante, jóvenes, de unos 25 años, dirigiéndose a mí: “Antoine”.  Hago como que no entiendo; ellas se ríen. Me acerco y las pregunto: “Qué pasa? Quién es Antoine?”. Ellas se ríen y dicen: “No eres Antoine, pero no es nada malo”. Luego se giran y se ponen a hablar entre ellas como si yo no existiera. ¿Qué raro, no? ¿Qué pensáis vosotras?

 

La foto

La cerveza

Antoine

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