¿Quieres bailar?

Conversación de fin de verano con unas birras en una de las ágoras de Jussieu, sobre el Sena, cerca de l’Ile de la cité. Al cabo de un tiempo llegaron con los equipos de música. En verano organizan bailes. En este caso era música latina, salsa o algo así.

Poco a poco y se iban formando parejas. Entre ellas había un niño de 7 u 8 años bailando solo. A mi amiga le pareció muy mono y se le antojó ir a bailar con él. Al acercarse un hombre la abordó. La cogió del brazo invitándola a bailar en pareja. Ella lo reusó entre sonrisas. Él insistió hasta que ella logró zafarse, sin perder las buenas maneras.

Entonces se dirigió hacia el niño. Cuando fue a cogerle las manos, él se apartó atemorizado y se fue a hundir la cabeza en los brazos de su padre quien, sonriendo con condescendencia, le dijo que no tenía nada que temer y lo incitó a bailar con ella. El niño aceptó desconfiado. No se le veía muy cómodo. Duró poco más de un minuto, antes de soltarse y volver cerca de su padre. La miraba a la distancia, con desconfianza, parecía un poco desorientado.

Ella se quedó ahí en medio. Se giró sonriendo y me dijo algo que yo no entendí. Le devolví la sonrisa, haciendo ver que la había entendido. El hombre se le volvió a acercar. Ella me miró. Me encogí de hombros. Esta vez aceptó el baile; hasta que la canción acabó.

Mientras bailaban reparé que ella había hecho lo mismo con el niño que lo que el hombre había hecho con ella: cogerla sin pedir permiso, esperando una respuesta positiva. El niño reaccionó con ella del mismo modo que ella reaccionó con el hombre: huyendo. Tanto al hombre como a ella se les quedó una expresión de decepción al ver la negativa. Los dos daban por supuesto que la reacción sería otra.

No puede evitar pensar cómo dos actos tan parecidos pueden ser racionalizados de manera diferente. Mientras la actitud del hombre respecto a ella podría ser considerada intrusiva o violenta por algunas personas, difícilmente la actitud de ella respecto al niño recibiría tal calificación. Hasta su padre intervino para animarlo.

No sé cuál sería mi papel en todo eso. No lo quiero ni pensar.

Me pregunté cuántos tópicos, prejuicios y tabús quedan encerrados y velados en esta pequeña escena.

Ese fue el último día que la vi.

 

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