Respuesta al artículo de A. Ubide: “La teoría económica del 15-M”, aparecido en la sección Negocios de El País el 5 de junio de 2011.

[Publicado el 7 junio 2011]

El señor A. Ubide dice unas cosas tan desatinadas que parece que escriba para hacer enfadar a los economistas. Como en la página donde está colgado su artículo no me dejan postear, le voy a responder aquí. Yo no represento al 15M, pero soy un ciudadano indignado y activo en los movimientos ciudadano.

Pongamos las cosas claras: el movimiento 15M no tiene una teoría económica, en todo caso está construyendo una economía política. Como toda buena economía política, una de sus principales preocupaciones es cómo se reparte la producción entre los miembros la sociedad en base a unas variables distributivas clave. Históricamente las variables distributivas clave han sido el salario y los beneficios. El 15M incluye la novedad de dar una grandísima importancia a los aspectos monetarios y financieros, como consecuencia de unas realidades históricas e institucionales concretas.

El movimiento ciudadano fue impulsado por los “jóvenes” (en algunos casos de 35 0 40 años y con años de experiencia laboral), pero encuentra la solidaridad entre personas de todas las franjas de edades y orígenes que ven sus intereses converger. Tanto los jóvenes y como los pensionistas se sienten ultrajados por verse sumidos en la pobreza. Jóvenes, funcionarios y trabajadores ven sus condiciones laborales empeorar y sus sueldos disminuir. Para citar dos ejemplos, numerosas asambleas han mostrado su apoyo por las manifestaciones de profesionales de la sanidad contra los recortes impuestos o los actos en favor de la regularización y la extensión de los derechos de los inmigrantes.

Los temas monetarios implican a todos los ciudadanos: una inmensa mayoría de los residentes en España se siente estafada por sistema financiero en general y más en particular por el sistema bancario y asegurador. En cuanto a las cuestiones sobre nuestro modelo representativo y legislativo, todo ciudadano debería estar muy preocupado ante los déficits democráticos de nuestro sistema nacional-europeo (y esto le incluye también a usted, aún que usted ya tiene los medios para ejercer una influencia considerable en las decisiones de los representantes).

El movimiento 15M acaba de nacer y no ha tenido tiempo de desarrollarse. Todavía no ha podido desarrollar un corpus de análisis y proposiciones políticas, pero ya apunta maneras. Lo han querido comparar con el mayo del 68, pero más allá de algunos parecidos evidentes, el espíritu y el modo de trabajo es diferente. Los implicados no quieren quemar coches, quieren hablar largo y tendido sobre cuál es mundo que quieren, pero sobretodo quieren discutir con qué mecanismos y con qué desarrollos legislativos se va a conseguir.

Los indignados no quieren hacer la revolución entre mañana y pasado mañana, ya la han empezado a hacer y no se detendrán hasta haber acabado con el poder de la oligarquía: las cúpulas de los grandes partidos y de los sindicatos mayoritarios, las mafias autonómicas y municipales, las grandes corporaciones-conglomerados empresariales y financieros mundiales y las instituciones internacionales. Pasito a pasito, lleve los años que lleve. Será difícil definir el funcionamiento concreto una democracia participativa o directa, ya lo sabemos. Lo que sucede es que el mundo va cada vez más rápido.

El movimiento ciudadano que está surgiendo (más allá del 15M) tiene dos fuerzas que ninguna institución en el mundo puede igualar. Aún con todos los reproches que se le hacen (algunos bien fundados) no hay nadie ni nada que pueda aspirar a unos resultados parecidos en tan poco tiempo y con tan poco coste. Su primera fuerza es la capacidad de internacionalización. El 15M ha sido la empresa de España con mayor proyección internacional de un día para otro (y ha sido emprendida por una mayoría de parados y de precarios). Actualmente las protestas se están extendiendo por muchas partes del mundo con mayor o menor intensidad. En algunas ciudades, el 15M tiene tan solo algunos “embajadores”, en otras, la población autóctona está haciendo suyo el modelo (los modelos) españoles y el movimiento ciudadano se expande.

La segunda es su modo de trabajo: la capacidad de organizarse en red, establecer confianza en base a la experiencia y delegar trabajo y decisiones. Ninguna persona es la única en realizar o conocer una tarea. El conocimiento se comparte. Las decisiones clave se someten a votación. Las cosas avanzan muy rápido. Se dice que el éxito de las movilizaciones deriva de la existencia de las tecnologías de la información. Esto no es del todo verdad, el éxito deriva principalmente de la utilización que se hace de esta tecnología: no es la tecnología, es el know-how. La gente que no sigue el asunto pregunta: “¿para qué?” y reprocha que no haya más medidas concretas. Por ahora se está haciendo una demostración (una lección) del cómo: como trabajar y como tomar decisiones. Las aplicaciones concretas serán el resultado de este trabajo y del consenso.

¿Qué papel juega en todo esto la teoría económica? Ninguno. La teoría económica es una teoría autista que vive apartada de nuestro mundo. Tiene una consideración científica parecida a la escolástica.

A partir de la segunda mitad del siglo XX la teoría económica tomó forma. En principio tenían el objetivo de desarrollar modelos que permitieran explicar aspectos de la realidad con cierta precisión y capacidad de previsión siguiendo el método matemático. A medida que fueron avanzando se dieron cuenta que con sus ingredientes fundamentales (ley de la oferta y la demanda para la determinación de los precios, formación de demandas individuales, agentes precio-aceptantes) no podían explicar ni en un modelo simplificado (en el que no existe ni moneda ni sector financiero) cómo se puede determinar un equilibrio.

Ante estos resultados negativos hubo principalmente dos reacciones. Una que pareció prometer fue el desarrollo de la teoría de juegos, las teorías de las economías regionales o el estudio de la competencia imperfecta. A día de hoy parece que esto no sirvió para mucho (ahí tenemos a Stiglitz y a Krugman). Otra reacción fue decir: “estos resultados negativos no importan”. Esos economistas empezaron a simplificar los modelos y a seleccionar los supuestos necesarios para obtener los resultados deseados. Y esas prácticas han favorecido estos resultados.

Cuando el señor Ubide habla de la productividad real del capital, debería explicarnos con qué fórmula mágica la calcula. Seguramente coge una serie estadística del valor agregado en términos monetarios de la inversión o de un stock de bienes de capital heterogéneos. A partir de aquí supone que en el mundo sólo existe un solo bien y un solo consumidor para construir un modelo matemático. Luego utiliza la estadística (la econometría) para ir repitiendo estimaciones de un modelo estocástico con modificaciones sucesivas hasta obtener el resultado deseado: los salarios deben bajar. Es evidente que este método de trabajo no convence.

Cuando a finales del siglo XVIII se establecieron las bases del pensamiento económico moderno, el sujeto de estudio era la economía política. Por ese  entonces la delimitación de las ciencias sociales era más realista que hoy, ya que los economistas sabían que para hacer un buen análisis debían tener en cuenta la historia, las instituciones existentes y las leyes, la existencia de clases sociales, de conflictos sociales y del poder de unas personas sobre otras. La discusión sobre la moneda era más una cuestión de política que de economía.

Ya en el siglo XIX, la teoría de los precios se descubrió subsidiaria de la teoría de la repartición de la producción. Para explicar la repartición escogieron dos variables clave: el salario y el beneficio. Pero para explicar el beneficio debían explicar el valor del capital (o si quieren el capital agregado), por lo que necesitaban conocer los precios. Está claro que un sistema de ecuaciones simultáneas puede sacarnos de este impasse. En el siglo XX se desarrollaron los instrumentos matemáticos para estudiar estos sistemas. A partir de los años 40 una parte de la profesión se dedicó ha hacer teoría económica y principalmente la teoría del equilibrio general; la otra parte siguió con las tradiciones de la economía política. La primera, tras las muy interesantes aportaciones de los pioneros, derivó en las corrientes anteriormente citadas a causa de los resultados negativos y degeneró al utilizarse como justificación y propaganda de las políticas económicas y los diseños institucionales implantados. La segunda encontró también numerosos resultados negativos y fue cayendo en el ostracismo.

Nos encontramos que tenemos un pensamiento económico en mal estado, enfermo. Va a costar tiempo rehabilitarlo. Para hacerlo se habrá de tener en cuenta que los precios y la distribución de la renta no dependen de un mecanismo neutral de mercado, si no de la existencia de todo un conjunto de realidades sociales e institucionales y de grupos o clases sociales con sus conflictos de intereses en un momento histórico concreto. Tampoco se habrá de olvidar el papel de los mecanismos monetarios y financieros sobre el crecimiento (y el modelo de crecimiento), la repartición y la deuda. Vamos a utilizar modelos matemáticos  cuando haga falta, pero ahí no se va a detener nuestro análisis. Adicionalmente, cada vez se plantea con más ilusión cómo se podría trasladar el modelo de producción del software libre y su acceso gratuito a otros campos.

Señor Ubide, siga si quiere haciendo su propaganda a favor de los grandes intereses políticos, económicos y financieros. Pero no manche con sus patrañas la labor de todos esos ciudadanos que le pueden dar muchas lecciones de economía. Nos son jóvenes, son trabajadores.

 

Link original: http://desequilibriogeneral.wordpress.com/2011/06/07/respuesta-al-articulo-de-a-ubide-%E2%80%9Cla-teoria-economica-del-15-m%E2%80%9D-aparecido-en-la-seccion-negocios-de-el-pais-el-5-de-junio-de-2011/

 

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