Cómo corregir el sobreendeudamiento

[Escrito y publicado en 12 mayo 2011]

Cómo corregir el sobreendeudamiento (I): el papel del dinero en las decisiones intertemporales

El dinero es una mercancía particular. No es un bien, es una institución. El dinero representa en el plano económico el vínculo que establecemos los seres humanos entre el pasado, el presente y el futuro.

Por un lado el dinero sirve para realizar transacciones presentes y valorar los bienes y los servicios intercambiados. Por el otro, para establecer los valores en los contratos que establecen derechos y obligaciones a lo largo del tiempo en términos nominales y en los que no tienen por qué intervenir  bienes o servicios (un préstamo, por ejemplo).

En principio, estos contratos conllevan un consenso entre las partes sobre la posibilidad de respetar el acuerdo. Hay, hasta cierto punto, una visión común del futuro. El respeto de esta “visión” se defiende con el derecho mercantil. Por lo tanto el dinero representa un vínculo social entre el presente y el futuro.

Cuando dos personas acuerdan un préstamo, cada una supone que podrá respetar los términos del contrato. La persona que tiene que devolverlo, hace una previsión de las cantidades de mercancías que podrá comprar y vender en el mercado y del precio que van a tener. Estas mercancías pueden ser bienes, acciones, trabajo o incluso dinero (es decir, refinanciar las deudas comprando más dinero). Si sus previsiones son relativamente acertadas, obtendrá ingresos y podrá honrar sus deudas.

Cuando una persona pide un préstamo puede utilizarlo en la compra de bienes y servicios y de esta manera el dinero entra en la circulación industrial. Es el caso de la inversión. La inversión en nuestra sociedad capitalista es una inversión “financiada”, en gran parte por el sector bancario.

El dinero es la unidad de medida del valor de la inversión realizada. Pero la inversión de hoy modifica la estructura de la producción. La inversión nos dice qué estamos produciendo hoy, pero también qué queremos ser en el futuro. La inversión tiene un aspecto cualitativo (en qué invertimos) y cuantitativo expresado en dinero (qué rentabilidad obtenemos) En consecuencia, el dinero está actuando como pivote entre las evaluaciones del hoy y del mañana.

Cuando las decisiones pasadas se revelan como correctas, las inversiones son fructíferas y los préstamos se devuelven. El capitalismo funciona “normalmente”, por lo menos en la esfera productiva. Hay crecimiento y disminuye el paro (¿el ejercito de reserva?).

Siendo la inversión financiada, este capitalismo se caracteriza por el desarrollo del pasivo, la deuda (o las acciones), que se contrapone a los activos (bienes) de la economía. Esto es así hasta tal punto que el mismo dinero es en sí la expresión de una deuda: de los bancos comerciales con los depositarios y con el banco central, y de los prestatarios con los bancos.

Nuestro dinero es un dinero creado a partir de las garantías ofrecidas por los prestatarios. El dinero prestado (es decir, creado) depende de la valoración en los mercados financieros de estas garantías. . Cuanto más valen, más dinero se puede crear sin poner en peligro la solvencia “aparente” del sistema financiero.

Cuando el pasivo pasa a titularizarse y a cotizarse en mercados secundarios, se desarrolla la circulación financiera del dinero. Las garantías de los préstamos pasan a ser cada vez más los títulos financieros (que son activos y pasivos a la vez) en vez de los activos “reales”. A medida que el valor de los títulos financieros aumenta se produce una fase expansiva del crédito y del gasto.

Una parte de este dinero se dirige a la circulación financiera y permite mantener el crecimiento de los precios de los títulos financieros (creando un círculo autoalimentado). Otra parte se dirige a la circulación industrial para financiar la inversión y el crecimiento. Pero el dinero se distribuye de manera desigual entre los sectores productivos y los individuos. La estructura productiva se modifica y la distribución de la renta y la riqueza también.

Los precios empiezan a variar significativamente. Es el momento de preguntarse si las decisiones de hoy van a ser las correctas. De la variabilidad de los precios surgen oportunidades de arbitraje, especulación o inversión. Cuando hay gente dispuesta a asumir los riesgos, bancos dispuestos a prestar (y empresas de ratings que dan buenas valoraciones) estas oportunidades se realizan. El gasto se expande y los precios nominales en general varían a la alza. Los precios relativos se modifican.

Cómo corregir el sobreendeudamiento (II): los desequilibros acumulados en los precios relativos – su corrección implica la insolvencia del sistema financiero

En los años anteriores hemos observado un crecimiento de los precios nominales muy desigual dependiendo de las mercancías en cuestión. Los inmuebles y el suelo mantenía subidas de precios aceleradas, existían un gran número de títulos en cartera sobrevaluados y muchos bienes de consumo básico tenían tasas de inflación superiores a la media.

Sin embargo, los salarios, anclados en general al IPC, con un gran impacto de la precariedad laboral y bajo unas presiones mundiales de contención salarial, mantenían unos crecimientos relativamente bajos. De igual manera, los precios de la producción industrial y la producción de bienes de consumo mantenía en general unas tendencias a la alza menores que las tres rúbricas indicadas. Como resultado se generó un desequilibrio entre los precios de los activos y los precios corrientes (descontada alimentación y energía).

Mientras el crecimiento del precio de los activos se mantuvo, el crédito se expandió y la masa monetaria creció incontroladamente. Al mismo tiempo el número de personas al límite de la pobreza aumentaba. Las voces de alarma comenzaron a sonar, pero no les hicieron caso.

Bajo las expectativas de los organismos oficiales (estados, BCE, FMI, OCDE), gabinetes y empresas de reconocido prestigio esta evolución respondía a los “fundamentales” de la economía y por lo tanto no existía un riesgo significativo de una crisis. La evolución de los precios y del empleo permitiría el cumplimiento de los contratos. El sistema podría reproducirse y todos, aún que algunos poco, mejorar.

Lo que en realidad estaba sucediendo es que tanto el sistema productivo como el sistema financiero se estaban fragilizando hasta hacerse inviables. Hacía falta sólo un resfriado para matar al paciente.

¿Por qué las autoridades no denuncian lo que está pasando? Yo creo que es porque son malos, malos gestores o malos desde un punto de vista moral, poco importa. Lo cierto es que eso daba y sigue dando mucho dinero.

El BCE en concreto, anclado en el criterio del IPC ha sido absolutamente irresponsable. En la actualidad no ha cambiado sus criterios y por está razón está empeorando las cosas. Lo que debe hacerse es recuperar el equilibrio perdido entre los precios de los activos y los precios corrientes (salarios incluidos). Los primeros han de disminuir o los segundos aumentar.

El hecho es que no existe demanda ni para un gran número de inmuebles ni de activos financieros. Estos deberían ver su precio bajar. Pero si esto sucediera muchos bancos quebrarían y el sistema monetario se desmoronaría. Para mí esto no supone ningún problema, pero habría que diseñar unas instituciones para sustituir los bancos (de esto ya hablaremos en otra ocasión). Así que esto no va a pasar.

Lo que está pasando es que la política monetaria del BCE está dirigida a convertir los desequilibrios acumulados en los precios y en la distribución de la renta en un nuevo equilibrio. Con las políticas de financiación ilimitada y aumento de los activos aceptados como garantía se permite que los bancos (y demás instituciones financieras) guarden un buen número de sus activos en cartera y su precio no se haya de confrontar al mercado. Así, se pueden mantener artificialmente altos.

En consecuencia, los demás agentes de la economía (y en concreto los deudores) son los que deben asumir todos los errores de las decisiones pasadas. Son las personas hipotecadas quienes deben asumir que se equivocaron en sus previsiones de empleo, salario y precios de los activos, perder la casa y pagar su devaluación. Son los trabajadores que deben ver como empeora su salario real (en relación a los bienes) y acostumbrarse a vivir con menos. Son las pequeñas y medianas empresas o los trabajadores autónomos que se han de ir a la quiebra.

Además, dado el papel que tienen los bancos para financiar la inversión, al hecho de la sobrevaluación de los activos se le suma la contracción monetaria derivada del lento saneamiento de los balances bancarios, provocando la tormenta perfecta. Ante la falta de inversión, la actividad se contrae, empeorando cada vez más el empleo y las expectativas de crecimiento.

Mientras esto siga así no hay salida de la crisis. La bola del endeudamiento no va a parar de crecer.

Cómo corregir el sobreendeudamiento (III): La inflación como remedio

¿Cómo solucionar esta situación? Una solución es con inflación del IPC, del deflactor del PIB y de los salarios. En la mayoría de los casos esta inflación provoca distorsiones. En nuestro caso esta inflación va a compensar la inflación anterior de activos y va a permitir reajustar la situación. La deuda va a absorberse por el aumento de los precios nominales.

La inflación va a tener efectos sobre los balances reales de los agentes: unos van a ganar (los deudores) y otros van a perder (los acreedores). La gente que detenga muchos activos va a ver como su precio disminuye relativamente, pero como aspecto positivo, estos activos tendrán menos riesgo de impago.

Los trabajadores van a salir ganando. Las empresas también van a salir ganando, porque la inflación anima los beneficios. A medida que los precios de la producción corriente aumenten las presiones deflacionistas sobre los precios de los activos van a suavizarse y los bancos van a poder prestar más dinero. La inversión se animará por el lado de la oferta y la demanda.

Los bancos van a perder riqueza en términos reales, pero en términos nominales la inestabilidad sistémica va a corregirse y va haber menos riesgo de quiebra. Y no podemos decir que los bancos vayan a perder propiamente riqueza, porqué la que tienen la han acumulado en un periodo de desequilibrios. Es más apropiado de hablar de un reequilibrio de la riqueza.

¿Quién va a perder? La gente que tiene dinero ocioso en cuentas corrientes (el dinero también es depósito de valor) o los rentistas que tienen un ingreso fijado en términos nominales no indexado por el IPC. Bueno, lo siento, que compren o que pierdan.

Para hacer esto sería necesario hacer mucha presión en Europa, país por país, explicando por qué la tendencia a la moderación salarial es mala para todos. De seguir así el estancamiento se va a alargar mucho tiempo y las crisis de las deudas soberanas van a continuar. No hay otra opción. Las soluciones solamente españolas difícilmente van a dar resultado.

Bajo las condiciones actuales antes de las próximas elecciones de 2012 España deberá ser rescatada. No queda mucho tiempo. Hay que actuar con audacia.

 

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