Los hombres, los clientes y las prostitutas (1) Los hombres y los clientes

Considerando la prostitución a partir de una definición limitada: el intercambio de servicios personales y sexuales por dinero, ¿qué diferencia un hombre no cliente de un hombre cliente de prostitutas? También se podría considerar la pregunta: ¿qué diferencia una relación sexual con una prostituta de una relación sexual con una no prostituta?

En este texto tomo como referencia la base “hombre” y no “relación sexual” porque haber “ido de putas” se supone algo que separa a unos hombres de otros; la distinción opera al nivel de “hombre”, y sirve, como quiero mostrar, para diferenciar los “buenos” de los “malos” hombres.

En principio parece que la respuesta va en esta dirección: por un lado el hombre (heteo/bi) tiene relaciones sexuales con mujeres que lo desean sexualmente y el cliente no; por el otro el cliente compra a las mujeres y el no cliente no lo hace.

Esta sería sin duda una respuesta parcial: es demasiado suponer que tan solo los clientes de prostitutas han tenido relaciones sexuales con mujeres que no los deseaban. Además, daríamos por supuesto que todas las prostitutas en todos los casos no deseaban tener relaciones sexuales con sus clientes, cosa que no tiene por qué ser cierta; aunque los casos de deseo sean una pequeña minoría [esto es un supuesto estándar y políticamente correcto, en principio, no tendría por qué asumirse que el grado de “deseo” de una prostituta es siempre inferior a una “mujer” o si se prefiere una “mujer alienada” o a una “esposa y casada”, que una “alienada racista” o que una “alienada clasista”, etc.].

Al mismo tiempo la definición de prostitución como el intercambio de servicios personales y sexuales por dinero es una definición muy limitada. Quizá sería mejor diferenciar entre (i) hombres que tienen (han tenido) relaciones sexuales en intercambio a cualquier bien con valor económico (dinero u otros) y (ii) hombres que no tienen (han tenido) relaciones sexuales en intercambio a cualquier bien con valor económico (dinero u otros). Se ha de tener en cuenta que cuando un hombre compra a una prostituta, él es un cliente, pero cuando un hombre compra una no prostituta, él es un proxeneta.

En relación al deseo, podríamos separar entre dos figuras ideales: (i) hombres que solo tienen (o han tenido) relaciones sexuales con mujeres que los deseaban y (ii) hombres que solo tienen (o han tenido) relaciones sexuales con mujeres que no los deseaban.

Entre los segundos podríamos encontrar una gran variedad de casos, además de los clientes, tenemos a pesados (y a menudo victimistas), hombres que ofrecen “regalos” para comprar  a mujeres, violadores y proxenetas (el marido, el novio, el rollo, el jefe, el amigo, el desconocido, el político, el superior, etc.).

Llegados a este punto es conveniente introducir la noción de “consentimiento” (representado con la letra G). A partir de ella podemos separar entre dos figuras ideales: (i) hombres que solo tienen (o han tenido) relaciones sexuales consentidas y (ii) hombres que solo tienen (o han tenido) relaciones sexuales no consentidas.

Cruzando los criterios de deseo y consentimiento podemos identificar cuatro casos para clasificar las relaciones sexuales y, a la postre, a los hombres:

1) Relación sexual deseada y consentida por el hombre y la mujer: Dh(f, R) y Df(h, R); Gh(R) y Gf(R).

2) Relación sexual deseada y consentida por el hombre y no deseada pero consentida por la mujer: Dh(f, R) y no Df(h, R); Gh(R) y Gf(R).

3) Relación sexual deseada y consentida por el hombre y deseada y no consentida por la mujer: Dh(f, R) y Df(h, R); Gh(R) y no Gf(R).

4) Relación sexual deseada y consentida por el hombre y no deseada y no consentida por la mujer: Dh(f, R) y no Df(h, R); Gh(R) y no Gf(R).

El caso (4) corresponde a una violación o agresión sexual, esto ha de ser claro para todos.

El caso (3) también es una violación, aunque la víctima desee al hombre, no consiente. Quizá es menos probable que hasta la víctima reconozca esta relación como una violación.

Es interesante preguntarse la relación entre el caso (1) y el caso (3).

Opino que en nuestra sociedad estos dos casos están en muchos casos demasiado cerca. Muchos de los modelos sociales de comportamiento están basados en un patrón de (3) o (4) hacia (1): el hombre seduce y conquista a la mujer.

El hombre tiene asignado un rol mucho más activo en las relaciones sexuales y toma la iniciativa al besar, al abrazar y al penetrar; en muchas representaciones la mujer no da un consentimiento verbal, sino que un beso apasionado y la excitación dan los hechos por consumados.

En otras muchas representaciones la violencia es más explícita y la noción de consentimiento desaparece, dándose por supuesta por el deseo y acaso el placer.

El caso (2) puede corresponder a una relación de prostitución, pero no sólo a una relación de prostitución (en el sentido de este texto). Hay otros casos (muchos, diría yo) donde las mujeres pueden tener relaciones no deseadas pero consentidas.

Entonces, ¿qué diferencia de un hombre cliente (reconocido) de un hombre no cliente? Lo único que les diferencia es que del primero todo el mundo sabe que ha tenido relaciones del caso (2) mientras que del segundo no se sabe.

Yo defiendo la presunción de inocencia, pero siempre me parece sospechoso cuando un hombre afirma con orgullo y devoción: “yo nunca he ido de putas”. No porque no me lo crea, es muy posible que sea verdad, sino porque en nuestra sociedad esta afirmación es dada (y si funciona tomada) como la prueba de su “pureza”, esto es, que sus relaciones sexuales siempre se han situado sin lugar a dudas en el caso (1).

Conociendo la sociedad en la que vivimos, que un hombre afirme que todas sus relaciones sexuales se han situado siempre en (1) sin lugar a ningún tipo de dudas es para mí una muestra de estupidez: este hombre es un imbécil que ha estado en los otros casos, pero tan siquiera se ha dado cuenta.

Lo que quiero señalar, es que la distinción entre clientes y no clientes no es la única pregunta relevante. Las preguntas relativas a estos 4 casos van mucho más allá de esta distinción.

Lo que temo es que los hombres, conservadores o progresistas, utilizan esta distinción como una forma de distinción social, entre los “buenos” y los “malos” hombres. Los clientes de las prostitutas serían asignados al caso (2) y por extensión, más propensos a los casos (3) y (4); ellos serían los hombres que solo tienen (o han tenido) relaciones sexuales no consentidas con mujeres que no los deseaban.

En el imaginario patriarcal, los clientes pasarían a representar los criminales sexuales de la sociedad eximiendo al resto de hombres (y algunas mujeres) de cualquier culpa. Las prostitutas ocuparían la posición de víctimas por excelencia, ocultando la violencia sexual que sufren las otras mujeres.

Es evidente que este imaginario está en buena medida basado en la doble moral, el tabú y el secretismo. Difícilmente se puede verificar cuando alguien afirma: “yo nunca me he ido de putas”; quizá mejor callarse.

Además, el hecho que un hombre no haya ido de putas no quiere decir que no haya comprado a una mujer, no quiere decir que esos hombres no hayan tenido relaciones sexuales en intercambio a cualquier bien con valor económico diferente del dinero; pero como el intercambio es menos evidente, no se considera prostitución.

La fijación o la sobre-estimación de la importancia relativa de la prostitución en los casos (2), (3) y (4) puede ser un síntoma de puritanismo queriendo ocultar la violencia generalizada de la sociedad.

Por todo esto creo que es importante que, aunque esté bien que se hagan, el debate, las políticas y las leyes sobre la prostitución no tengan una posición central.

La prostitución se da en una sociedad donde la mujer, además de tener en general y a diferentes niveles un estatuto inferior, es cosificada y tratada como un objeto sexual comprable (con dinero o con bienes, regalos, estatus), apropiable y/o violable.

Desde mi punto de vista este es el debate central, que cubre los casos (2), (3) y (4) y parte de (1).

Que algunas mujeres la consideren la abolición de la prostitución muy simbólica no justifica que puedan instrumentalizar a las prostitutas, que son las personas afectadas por las medidas. Si se hacen políticas no es porque se cree que son muy simbólicas para todas las mujeres (y sobre todo para  las mujeres que las impulsan), sino porque se sabe del cierto que van a tener efectos positivos sobre las prostitutas, que al fin y al cabo, son una minoría.

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2 thoughts on “Los hombres, los clientes y las prostitutas (1) Los hombres y los clientes

  1. Retroenllaç: Los hombres, los clientes y las prostitutas (2.1). Los clientes y las prostitutas: negociación, poder de negociación y relación | Contes de l'exili

  2. Retroenllaç: Índice-resumen de textos sobre el sistema capitalista-patriarcal | Contes de l'exili

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