Chatroulette y los servicios secretos

Había sido una semana de mierda. El domingo me detuvieron con 4 gramos de hachís cuando volvía de pillar: al calabozo. Salí el lunes, casi 24h después. Ya os lo contaré algún día, cuando prescriba. Lo que no entiendo es por qué llamaron a mi trabajo para decir que su empleado fuma porros y es un criminal, si yo los lunes no trabajaba.

El viernes siguiente me atracaron a puñetazos y navaja en el cuello. Sí, me robaron. Además me registraron por todo, buscando hachís. Menudos mariconazos. Los maricones no son los homosexuales o los gays, como se suele creer; los maricones son los machos heterosexuales que no desperdician una ocasión de tocar unos cojones y un culo ajenos.

El domingo siguiente me encontraba en un estado de ánimo particular. Ante la posibilidad de que me volvieran a robar, unos u otros, decidí no comprar más hachís. Me compré una botella de vino barato para emborracharme. En el proceso aprovecharía para hacerme un buen pajote, dándome todo el tiempo del mundo.

Como la cabeza no estaba para usar la imaginación y no tenía ganas de porno, probé algo diferente: el chatroulette. De hecho ya lo había mirado algún otro día, pero siempre lo había apagado, harto de ver pollas, pollitas y pollones. Me pregunto qué proporciones tendrán estas roulettes. Debe ser algo como: 80% de hombres masturbándose, 10% de hombres esperando para masturbarse, 5% de jóvenes y adolescentes riéndose de los pajeros, 4% de hombres buscando una conversación y un 1% de mujeres, todas las categorías confundidas.

Primero me conecté como una persona decente, de las que se presentan antes de pajearse. Estuve un rato así, pasando de polla en polla hasta que me paré con una chica que se estaba fumando un porro de hierba. Hablamos un rato y le dije que yo quería mambo. Ella no quería o estaba en el salón con los compañeros de piso; así que después de reírnos un rato de las perversiones humanas (o masculinas), nos despedimos. Seguí rulando.

Desechada la posibilidad de encontrar una mujer con ganas de cibersexo decidí que era un buen día para hacerlo con un hombre. No sé si la agresión de un par de días antes tuvo algo que ver, no creo. Me desnudé y me puse manos a la obra. Iba buscando el cuerpo y la polla que me resultara lo menos desagradable; la mayoría no muestra la cara. A veces me paraba con uno, hasta que lo empezaba a ver bastante cachondo; entonces le daba al botón de seguir rulando. Supongo que esto es lo que hacen muchas mujeres en sus encuentros con hombres: calientapollas.

Como eso no me excitaba lo suficiente se me ocurrió una fantasía sexual un poco enfermiza. Dado que todos sabemos que en mayor o menor medida podemos ser controlados y seguidos por internet, me puse a imaginar que los Servicios de información franceses estaban monitorizando mi ordenador y que por lo tanto estaban viendo el pajote que me estaba haciendo. Se estaban poniéndose cachondos, los muy mariconazos heterosexuales.

Pero eso no era suficiente. Me dije: “si están los franceses seguro que también están los estadunidenses. Tengo a los desviados de la CIA (o los que sean) poniéndose todos guarros mirándome la polla y mis huevos peludos”. Siguiendo en mis derivas y como hoy en día la información circula muy rápido supuse que “los ingleses ya habrán interceptado la señal, en algún lado del planeta está el puto James Bond haciendose un pajote conmigo. Qué coño, también está M y medio MI6. Toma pajote, siiii”.

Las pollas seguían rulando en el chat, pero ahora ya no eran sólo pollas; ahora eran las fuerzas especiales de las grandes potencias mundiales. Se había sumado todo el G8, luego vino Rusia, China y los BRICS al completo: todos con los pantalones bajados, la churra fuera y haciéndose pajas; panda de mariconazos heterosexuales. Hasta se enteraron los españoles; alguien se lo debió chivar.

Llegaba el momento culminante, el ritmo se aceleraba. Me los veía cachondos perdidos, todos guarros esperando el momento de éxtasis supremo, la culminación; los agentes secretos franceses, alemanes, estadunidenses y británicos apartando a todo el mundo y empujándose entre ellos para recibir mi chorrazo de semen caliente y pringoso; abriendo bien los ojos y la boca, los muy cerdos sumisos.

Exploté. Me corrí en toda su cara, en la de todos. Solté mi lefa de borracho, agria y amarga, en su pelo, en sus ojos y en su boca; ellos estaban fuera de sí, peleando y humillándose para recibirla como un maná llovido del cielo.

Zas, en toda la boca.

 

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