Abusar de un adolescente (otra historia “real”)

Éramos 4 alrededor de una mesa y de unas cervezas. Empecé yo, por eso de que ya lo había publicado:

–  Pues es lo que cuento, tendría 11 años, en Milán. Un chico de, no sé, 16 o 18 años me cogió por detrás y me tocó los huevos. Me giré y entonces me dijo si me quería acostar con un hombre y que me pagaría. (Siguió A)

–  Yo tenía 16 años. Iba en un ascensor y un viejo me empezó a mirar todo salido, babeando y me dijo si quería tener relaciones sexuales. (Luegó fue B)

–  Era en la escuela católica.  Había un sacerdote que todos lo conocíamos. Era insoportable. Me acuerdo de las sesiones de confesionario de 2 horas, contando con todo detalle cómo masturbarse.

–  ¿Pero hacía algo con los chicos? (Le pregunté)

–  Me parece que sí. Se los llevaba al baño. A mí me hizo ir un día. Me pidió que me sacara ropa. Cuando me empezó a tocar le dije que eso estaba prohibido. Entonces paró y me dijo que me fuera. (Entonces le tocó a C)

–  En el colegio católico al que fui también había mamoneo. Todo el mundo lo sabía, hasta los profesores. Lo dejaban, como si fuera algo normal.

–  Sí, en el mío era igual (dijo B).

–  Había uno, ¿cómo se llamaba? No me acuerdo. Tendrías que preguntar a D, si lo ves algún día, él te podría contar más cosas.

–  Pues sí, estaría bien meterles una denuncia.

Acabamos las cervezas y nos levantamos. C se fue hacia casa. El resto seguimos la ruta; un callejón a la izquierda y hacia el siguiente bar.

P.d.: Es muy habitual ver a mujeres defender a los abusadores y a los maltratadores. Creo que esto es un reflejo de sus propias malas experiencias y lo mal que las han racionalizado (como algo normal o positivo). En estos casos, se revela el machismo interiorizado por ellas mismas; hasta qué punto han normalizado la violencia que sufren y cómo la justifican. Creo que esta es una diferencia entre los hombres y las mujeres que sufrieron abusos: la llama de la rebelión es más fácil que prenda en los hombres, dados los condicionantes sociales. Me parece que muchas mujeres seguirán todavía mucho tiempo defendiendo a sus abusadores; queriendo ser “normales”.

 

¡Nuestra venganza es ser felices!

 

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