Abusar de la au-pair (otra historia “real”)

Andábamos calle abajo. Me contaba que tenía 17 años cuando fue a París para hacer de au-pair para una pareja con dos hijas. Justo había acabado el bachillerato. Estaban instalados en el parque Disney. No duró ni una semana.

“Todo fue muy rápido. Llamé a mi madre:

–  Mama, es que pasan cosas raras. (No vaciló ni un momento).

–  Mañana por la mañana te coges un taxi y te vas al aeropuerto.

Dicho y hecho. Al día siguiente ya estaba en casa. Mi madre siempre ha sido muy clara con esto; de hecho creo que todas las madres hablan con sus hijas”.

No sé los detalles. Según dijo que tampoco fue gran cosa. El padre de familia tenía planeado de acostarse con la au-pair, si esta es la palabra adecuada. Me pregunto de qué hablarán las madres con sus hijas; me temo que en general no debe servir de mucha ayuda; eso sí que debe ser rape-culture.

“Ya hablé bastantes veces con mi madre. Al cabo de un tiempo hicimos una reunión con mi madre, él, su mujer y yo. Hablamos de lo sucedido. Su mujer lo acabó perdonando. Se ve que ya había pasado otras veces. ¿Te acuerdas de M? Pues algo pasó con ella también. En algún momento su mujer empezó a decir nombres de chicas, 3 o 4: “por eso no ha querido volver ninguna”. Lo que pasó conmigo no fue tan importante, pero de alguna manera me da cosa pensar que es el padre de dos niñas”.

Íbamos paseando y hablando de los abusos sexuales que sufren todas las chicas en su adolescencia y también de los que sufren algunos chicos. Llegamos al metro.

–  Sabes (le dije), a veces pienso que siempre se habla de los exhibicionistas o de los hombres que siguen a las mujeres por la calle, pero me pregunto si a menudo no son más peligrosos algunos respetables padres de familia que actúan con toda impunidad. No es que los primeros no agredan ni puedan ser peligrosos, pero son muy evidentes; en cambio de los otros nadie sospecha y están en una posición de fuerza relativa.

–  No sé. Quizá. Ya veo un poco lo que quieres decir. No sé, nen.

–  Yo tampoco. Ya no sé lo que digo.”

Nos despedimos. Dos besos, un abrazo y hasta la próxima.

Me quedé pensando… en fin, dicen por ahí que, hace tiempo, todos fuimos niños.

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