Un ángel caído

La conocí en el quai de Saint Bernard. Celebraba su 23avo cumpleaños. Quizá otras personas no estarían de acuerdo, pero a mí me pareció muy atractiva. Ella es una de las razones de estos textos. Ahora, tiempo después, creo que me recordaba a mí mismo cuando tenía 10 u 11 años, con esos bucles rubios; un angelito en la tierra; la víctima perfecta.

Era bastante infantil y pija, pero me sorprendió que fuera tan abierta, su manera de hablar y de confiar en el desconocido, aún más en París, donde la gente enseguida recela de la gente. Lo que más sorprendió fue su empatía, todo lo que me transmitía aún sin decir nada. Quizá no era ella, quizá no eran más que mis propias proyecciones en ella. Supongo que la gente diría que me enamoré como un tonto; yo nunca he tenido muy claro que es el amor: una palabra  que se usa para expresar muchos sentimientos diferentes.

Nos vimos algunos días. Una noche fuimos a su casa. Salí unas horas más tarde, después de una de las peores discusiones de mi vida. También pasó algo. Nunca más ha querido verme ni saber de mí. Luego supe que renegó de mí como nunca nadie más ha hecho.

Con ella quise ser más sincero de lo normal. Le conté muchas cosas, aunque no se lo conté todo (no le dije nada de las putas, por suerte). Hablamos durante horas; nuestras opiniones no coincidían en nada. Ella era el amor, yo el anti-amor. Ella decía “no”, yo insistía. Ella sacaba un tema, yo la contradecía. Yo le exponía una idea, ella me miraba con desaprobación. Yo la tocaba y me decía “déjame”. Ella me tocaba y yo respondía “tú tampoco me toques”. Le comenté algo sobre mis perversiones y le dio un ataque de miedo (debió pensar: “¡me va a vestir como a una escolar, me va a atar y me va a violar!”; en fin, nada innovador).

Estaba horrorizada con mis experiencias. “¿Pero con cuantas mujeres has estado?”, me preguntó llena de cólera y de asco. No le respondí. No se puede juzgar a la gente a partir del número de personas con las que ha mantenido relaciones sexuales. Al menos, esto creo yo. De un modo u otro, ojalá nuestras diferencias se hubieran limitado a este punto. Lo que más recuerdo es su cara de asco, el asco que sentía por mí. Era ella quien tenía ganas de vomitar.

Llegó un punto en el que yo no podía más. Me empecé a vestir. Empezamos a discutir. Después de tantas horas mi cabeza no debía funcionar muy bien. No se callaba. No sé qué me dijo. Me enfadé tanto que la quise romper. Entrecerré los ojos, me concentré y busqué las palabras para entrar en lo más íntimo de ella y despedazarla. Entonces se calló. Se retiró sin decir nada, sus ojos fijos en mí: ojos de miedo y odio. Una sola lágrima le recorría la mejilla. Si hubiera tenido una pistola a mano, me habría disparado; me habría matado. Por mi parte, me parece que yo nunca antes había sido tan cruel con nadie.

Fue a partir de esta noche que empecé a recordar o a dar más importancia a muchas cosas que tenía olvidadas. Viéndolo en retrospectiva me temo que en parte proyecté en ella mi propia experiencia traumática de cuando era niño (o adolescente). También me dio la sensación que ella cambió cuando entramos en la habitación, como si de golpe la confianza se tornara en suspicacia y la empatía en odio. Es posible que ella también hubiera tenido alguna experiencia traumática antes de estar conmigo. No lo sé del cierto, no me lo dijo. Un día hasta me pregunté: “¿pero cuanta gente había en esa habitación?”.

Durante la noche pasó algo, le hice algo. Me sobrecoge pensar que eso fuera para ella una mala experiencia. No me pareció que fuera así. No lo hubiera hecho. No quiero hacer a nadie lo que me hicieron a mí.

Me daría pena si hubiera tenido más malas experiencias, que no hubiera hablado de ellas y que las repitiera. Me sentiría triste si después de estar conmigo perdiera la confianza en la gente y su empatía o si tuviera problemas con su sexualidad. Cuando la conocí me pareció que era una persona excepcional.

La verdad es que no la conozco. A día de hoy ya no sé si me caería especialmente bien. De hecho, después de todo creo que me caería bastante mal. Aun y así me importa. No quiero que a ella le pase lo mismo que a mí.

 

 

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One thought on “Un ángel caído

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