¿Nadie más se anima a vomitar?

Me parece que casi ya he acabado de vomitar. Claro que os podría contar más cosas, pero no os quiero aburrir. Con esto ya os puedo transmitir las ideas principales.

Vomito del asco. En primer lugar del asco que siento de mí mismo, por las cosas que he hecho. He mantenido relaciones con chicas que no me gustaban. He tenido malas relaciones con chicas que me gustaban. He hecho cosas que no tenía demasiadas ganas de hacer. He sido un pesado y un guarro. Me he sentido arrastrado por la corriente o por mis propios impulsos: follar y follar. Supongo que me siento como un bulímico que, después de comer impulsivamente, necesita vomitar.

Por lo general, las relaciones con las putas han sido las que peores impresiones me han dejado. No solo por el daño que pueda haberles hecho, también por mí mismo, por hacer algo sin saber muy bien por qué lo hacía y que en cierto modo me era desagradable. Me queda la sensación curiosa que tal vez en algún caso alguna puta se lo ha pasado mejor (o menos mal) que alguna chica llevada por la pasión. Esto me da a pensar. Hay chicas que tú mismo has de parar y decirle: “¿Por qué me has dicho que sí? ¿Qué te pasa?”. Quizá lo más prudente en estos casos es acabar rápido, no decir nada y desaparecer antes que se active el detonador. Supongo que este es el proceder de algunos hombres.

En mayor o menor medida también siento asco por las mujeres con las que estado. Siento decirlo, pero es la verdad. Siempre se dice que los hombres son violentos, agreden, violan o maltratan y que follan mal. Los hombres lo son todo, lo bueno y lo malo. He leído textos feministas sobre el patriarcado que me han parecido muy interesantes, pero a partir de mi experiencia y tal y como lo veo  yo, aun con todas las desigualdades y todas las diferencias, las mujeres también. El odio que concentran, la maneras que tienen de expresarlo y los modos con lo que lo quieren ocultar también dan asco. No solo son los hombres.

Lo peor de las mujeres no es lo que hacen ellas, son los traumas que transmiten. De hecho todas las personas transmiten mucha información de manera continua, mucha más de la que transmiten conscientemente. Si alguien tiene algo que le ronda por la cabeza o alguna experiencia olvidada o que quiere ocultar, es posible que se pueda rastrear a partir de las cosas que dice (o no dice), la manera de moverse o sus reacciones.

Cuando pienso en las relaciones sexuales que he tenido siento que estoy lleno de transmisiones y de mensajes que he ido registrando, de manera bastante inconsciente. Yo me acuerdo de todas las mujeres con las que he tenido un contacto íntimo de cierta relevancia; de todas. Ahora es como si tuviera en mi cerebro muchos mensajes que no llego a entender y  a atribuir, pero sé que esconden un contenido muy oscuro. Se forma un nudo caótico de gritos mudos, de llantos secos, de súplicas veladas y de peticiones de ayuda. Cuando pienso en ello también me dan ganas de vomitar.

Es importante que las mujeres hablen de sus malas experiencias; por el canal que sea, que no se lo queden dentro. No solo por ellas, también porque si no lo transmitirán a cada una y a todas las personas con las que estén. Repetirán sus comportamientos y el hombre nuevo será el hombre viejo. Habrá hombres que quizá no se darán cuenta; yo sí. Por esto, valoro muy positivamente que cada vez más mujeres, desde el feminismo o desde donde sea, se atrevan a hablar. Es fundamental.

Pongamos un ejemplo: una chica de 15 que es violada y/o mal follada por su novio de 20. Cuando lo deja, esta chica empieza a salir con un chico de 16 años que nunca ha follado. ¿Qué le va a transmitir? ¿Lo que ha aprendido? ¿Sabe ella distinguir entre una relación consentida de una que no lo es? La gangrena se expande por el fractal.

Al tratar de desmarañar esta información pobremente o no verbalizada me queda alguna duda en saber qué traumas o malas experiencias provoqué yo y que traumas provocaron otras personas (hombres). Yo sé lo que he hecho; no estoy orgulloso de todo, pero estoy más preocupado por lo que han hecho otros hombres. Puede ser que me equivoque, pero yo creo que no. Sería positivo que otros hombres también se atrevieran a explicar sus experiencias, pero sus experiencias de verdad, no las fábulas que cuentan a sus amigos ni los cuentos que recitan a las mujeres. Al hacer esto uno corre el riesgo de quedar como un cerdo o de poner en duda su masculinidad; que lo corran.

Retomando el ejemplo anterior: el chico a los 17 años lo deja con la otra y se pone a salir con una chica de 17 que ha tenido una o varias malas experiencias (con el mismo chico de antes que ahora tiene 22 años o con otro chico). Me pregunto si al aprender con estas chicas el chico de 17 está aprendiendo a follar o a violar. ¿A los 20 años ya estará preparado para violar a niñas de 15? En este contexto, hasta no me sorprendería que a los 18 años se fuera a preguntar a las putas (si no encuentra a una mujer madura que se quiera liar con él). Si les preguntas, las putas te dicen como follar con ellas sin hacerles daño. Te explican cosas. Según lo que hagas las hay que te paran del tirón: “¿tu dónde vas chato?”.

No quiero dar la impresión que todas mis experiencias han sido malas; ni mucho menos. La mayoría de experiencias que he tenido con la mayoría de mujeres han sido positivas. No estoy haciendo un alegato en favor de la monogamia o de las relaciones estables y en contra la promiscuidad. Yo no tengo nada contra la promiscuidad, más bien al contrario. Lo que es importante es ir con cuidado en no tener, ni provocar, ni repetir malas experiencias. Las mujeres lo habrían de denunciar por sistema. Los hombres también han de hablar de sus malas experiencias.

La verdad es que los momentos de intimidad que he tenido con algunas chicas son los mejores momentos que he vivido: el sexo, la conversación, todo. Puede ser un rollo de una noche (o un día) o una relación más larga. No solo es el tiempo. Es la comunicación y la empatía.

Ellas son los mejores recuerdos que tengo. Me acuerdo en especial de una chica. Hace años. Me aproveché de ella y lo siento. En las relaciones se crean dependencias en ambos sentidos, pero yo tenía una posición favorable. No es que no la quisiera, la quería, pero no siempre hice lo correcto. Era bastante fácil para mí disponer de ella cuando me apetecía y apartarla cuando me aburría. La dejé para dejarle de hacer daño. Yo tenía que seguir buscando. Me costaba hablar con ella de según qué temas. Ella tenía también sus cosas.

Cada persona escoge qué facetas de sí mismo mostrar y a quien. Digamos que cuando una chica da el paso:

–  ¿Quieres venir conmigo? (o) ¿Quieres follar?

–  Sí.

Le muestro algo de mí que la mayoría de personas no ven; como todos, supongo. Quizá en mi caso el contraste es más acentuado; de ahí su sorpresa (creo que positiva, por lo general).

Me parece curioso que bastantes chicas me hayan dicho que solo han hablado de algunos temas conmigo, con nadie más, ni con sus amigas o conocidas ni por supuesto con otros hombres (grandes tabús). Esto me ha pasado incluso con rollos de una noche. La gente debería hablar más claro y directo, sin tantas vergüenzas. Cuando uno renuncia a la seducción (y a la representación) se abre un nuevo campo de expresión y de comunicación mucho más claro y enriquecedor; yo lo veo así.

Ellas sí que me conocen, porque solo con ellas he podido ser yo mismo. Dicen, como si fuera algo positivo, que el estar con una mujer te hace sentir más hombre. En mi caso es lo contrario, quizá lo mejor de estar con una mujer, con ellas, es que te permite ser menos hombre.

 

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One thought on “¿Nadie más se anima a vomitar?

  1. Vivir en unacasa decristales virtud
    revolucionariapor excelencia. Pero es también unaembriaguez, un
    exhibicionismo de carácter moral de los quehoy nos hacenmucha falta. La discreción en cuanto hace a lapropia
    existencia ha pasado de ser una virtud
    aristocrática a volverse un asuntode
    pequeñoburgueses arribistas.

    me recuerdas a esto. no es que esté a favor, pero es bueno.

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