Sganarelle (otra historia “real”)

Era Carnaval. Había salido solo. La vi, iba disfrazada de hombre (de Sganarelle, como en sus clases de teatro). Me acerqué, era joven, tendría una veintena de años. A los diez minutos me vino a hablar. Era más alta y tenía más hombros que yo, tenía los rasgos andróginos, el pelo corto “garçon”: casi parecía un hombre, más que yo. La percepción conjunta era cercana a la de una mujer, menos cuando representaba a Sganarelle, entonces sí que parecía un hombre.

Estuvimos hablando. Me iba siguiendo. Nos pusimos a bailar. Me cogió, me abrazó y luego se quedó sin saber muy bien qué hacer. Repitió el proceso tres o cuatro veces hasta que se decidió a besarme. Ese amanecer vino a casa conmigo. Fue entonces cuando escribí: “tengo la lengua como una alpargata”.

Desde entonces nos hemos visto algunas veces. Noto sus monstruos. Le he pedido que me los cuente y me deje escribirlos. Como se muestra reticente antes le intento explicar lo que hay detrás del último texto “Siete puntos” [1]; la persona, no el escrito. Le hablo hasta agotarla, hasta que pide que me calle. Ella está tumbada en la cama y yo fumando, sin decir nada. Siente asco por mí. Se incorpora, respira hondo y me mira:

–  Te lo voy a contar. Luego tú haz lo que quieras.

Me pasó cuando tenía 13 años. Me desperté por la noche. Un monitor estaba acariciándome la espalda y la barriga, por debajo de la camiseta. Me moví e hice un gesto para que me dejara. Esa noche no pude dormir. Por la mañana no se lo expliqué a nadie, sólo le dije a una amiga: “esta noche he dormido muy mal”. Me parece que unos días después en el grupo de amigas hicimos algún comentario indirecto.

Olvidé el incidente hasta 3 años después, cuando tenía 16 años. Una chica había denunciado al mismo monitor. Al enterarme me vino el recuerdo de golpe, me sorprendió que pudiera haberlo apartado tanto tiempo sin darme cuenta. También me sorprendió que mi amiga se acordara que le dije que esa noche había dormido muy mal. En ese entonces preguntaron al resto de alumnos y yo hablé de ello. El monitor se suicidó y no hubo proceso.

Mi vida sexual no empezó hace tanto. He empezado muy tarde. Tengo 22 años, a los 19 años estuve por primera vez con un chico. Era la primera vez que sentía atracción por un chico. Fui yo quien se le propuso. Nos vimos algunas veces durante dos semanas. Nos lamimos y nos chupamos, pero no me penetró; yo estaba absolutamente cerrada (no estoy muy de acuerdo con definir la virginidad por la penetración).

Unos meses más tarde estuve con otro chico. Lo conocí en el metro, tendría unos 25 años. Un día fuimos a casa de unos amigos suyos y nos liamos. Me quiso follar, pero yo también estaba cerrada. Él estaba encima de mí, insistiendo y yo le decía que no. Yo no soy pequeña, pero hubo un instante en que perdí la fuerza, me quedé sin capacidad de reacción. No me penetró. Se masturbó y se corrió en mi barriga. Fue muy desagradable; no solo por él, por la situación también, con un amigo suyo pasando por ahí.

Después me acompañó al metro. No nos volvimos a ver. Me estuvo llamando y me mandaba mensajes, aunque ya no le respondía. Un día que había estado de compras con una amiga recibí un mensaje: “hoy te he visto por el centro. Me siento más tranquilo”. Este fue el último mensaje que recibí.

Al siguiente chico lo conocí en el tren. Nos estábamos mirando y me puse a hablar con él. Era más mayor, de 29 años. Nos liamos y le dejé que me penetrara, aunque me dolió. Quizá no era el más indicado para empezar, la tenía muy grande. Nos vimos una segunda vez y volvimos a follar; le dejé que me follara, dos veces. No me gustó en especial. Después de esto ya no tenía más ganas de verlo; además tenía novia.

Un día quedamos para tomar algo. Al encontrarnos me convenció para ir hasta otro barrio. Una vez ahí me dijo que tenía que pasar por casa de su hermana a recoger o dejar algo. Su hermana había cocinado; yo estaba hambrienta y nos quedamos. Ellos se pusieron a hablar y yo estuve jugando con la niña de ella. Después fuimos a una habitación, para hablar. Él quiso follar, pero le dije que no. Insistió un buen rato.

Cuando nos fuimos era tarde, al llegar a la estación el metro ya había cerrado. Me propuso de volver para dormir en casa de su hermana. Una vez ahí nos instalamos en una litera, yo abajo y él arriba. Durante la noche el vino a mi cama. Me empezó a acariciar. Yo no me sentía cómoda, pero lo dejé hacer. Llega un momento, en la situación, él insistiendo, que las ideas están menos claras, la cabeza está espesa. Me folló. No lo he querido ver más.

Desde entonces ha ido mejor. Ahora siento placer; desde el chico siguiente a este, desde el cuarto chico con el que estuve. He estado con algunos chicos, algo mayores que yo, hasta 27 años. Respecto las otras experiencias, yo lo veo como algunas cosas desagradables en las que consentí, pero no las llamaría violaciones.

–  Oyendo cómo lo explicas tú, me temo que yo también he hecho un poco demasiado el guarro o he insistido demasiado alguna vez. Sobre todo lo de guarro. (Me mira, no parece demasiado contenta). A veces puedo hacer algún comentario bastante cruel. (Todavía me mira peor).

–  No te lo quería explicar, es el miedo a hablar, pensaba que me haría sentir muy vulnerable. Pero ahora que te lo he contado no me siento así. No me siento vulnerable.

–  Eres muy valiente, tú te atreves a explicar más cosas que yo. ¿Te has corrido alguna vez estando con un chico?

–  No, nunca.

–  Tú te corres sólo con la ducha y con ese pequeño vibrador para el clítoris, según me has dicho. No es fácil estar con una chica que prefiere sistemáticamente la alcarchofa de la ducha que a ti. No está de más que alguna vez se corra follando, no siempre hay tantas ganas de comer coño (y tú, ni así). Además supongo que si follas es porque esperas pasártelo mejor algún día. Te encuentro muy poco pragmática. Tienes el chocho cerrado y no tienes nada de práctica. No te sabes correr ni con tus propias manos. Deberías practicar, te masturbas muy poco. ¿Has visto esos dildos que hay, que trabajan la vagina y el clítoris al mismo tiempo? Son una pasada, es impresionante la cara que se les pone a las chicas (vibración y rotación circular). Quizá es demasiado para ti; luego te mal acostumbras; ante saberlo hacer tu misma.

–  No sé (me mira con cara rara. No parece muy convencida).

–  Hay momentos conmigo que consientes pero yo creo que no lo tienes muy claro. Estas muy verde para jugar a según qué cosas. Líate con alguien de tu edad y aprended a follar juntos. Tiene más gracia, creo yo. Recuerda y ten en cuenta que parece ser que ni la cabeza ni el cuerpo reaccionan como tú quieres en algunas situaciones. ¿Sabes cómo controlar esto?

–  […]

–  Como sido muy malo y quiero purgar mis pecados te propongo un juego. De hecho te propongo dos cosas. Primero cenar. Después si quieres te voy a hacer un masaje, pero un masaje con happy ending, puedes pedirme lo que quieras, que empiece, me mueva y me pare como y cuando tú lo digas. Como si yo fuera tu puta, tienes una hora. (No parece muy entusiasmada). No pareces muy convencida; si no te puede atar a la cama, lamerte todo el cuerpo y luego follarte mientras tú me dices “no, no, no” (se pone roja como un tomate y hace cara de “bueno, porque no”).

–  ¿Tienes un vestido de cuero? (Se está empezando a reír).

–  No, creo que me sentiría muy ridículo en él. Quizá si hubiera todo el ambiente, pero en esta habitación sí, sin duda sería muy ridículo. Hay cosas que es mejor sólo evocar y no hacer. Tú ahora te ríes, pero he visto alguna otra chica morirse de miedo al hablarle así. ¿Qué, quieres que sea tu putilla?

–  No, hoy no. (Se me queda mirando).

–  Como quieras. (Me sigue mirando). ¿Qué, qué pasa?

–  Te aprovechas de mí, porque tengo ganas de verte. No me llamas, no respondes. Solo nos vemos cuando tú quieres.

–  Sí, tienes razón. Pero soy yo quien ha cocinado. Vamos a cenar. ¿Tienes miedo de mí?

–  No, pero tú te aprovechas de mí.

–  Sganarelle, escapa de don Juan, será mejor para ti, pero vete con cuidado con esos lobos.

 

[1] https://jordipujolxlopadri.wordpress.com/2013/06/23/siete-puntos/

 

 

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One thought on “Sganarelle (otra historia “real”)

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