Esos ligones (otra historia “real”)

Primero llega algún comentario de elogio: “liga un montón”; después alguno menos honroso: “insiste mucho y se pone muy borde cuando le dicen que no”; pero cuando ya es tu rollo quien te dice: “es un pesado, siempre me tira la caña”, te dices: “huy, ¿qué ha pasado?”.

Hay muchos tipos de ligones. El devenir ligón supone un proceso de aprendizaje y de transformación personal que requiere tiempo. Algunos parten con ventaja por su físico, por su simpatía o su personalidad extrovertida y empiezan más jóvenes, pero si fuéramos lo suficiente atrás en algún momento encontraríamos el génesis.

En este caso era un ligón tardío; se desarrolló bien entrada la veintena. Antes era un saco de inseguridades y frustraciones, una personalidad en continua lucha por emerger: un auténtico proceso creativo. Fue una pena verlo asumir un rol social establecido para dar forma a su hombría y a su masculinidad: alternativo-izquierdoso-hipster, Barcelona años 2000. Por lo menos, parece ser que las chicas lo preferían así. Sólo le faltaba la componente “artista”.

En cuanto al modus operandi era un ligón cercano, es decir, de los que ligan por proximidad, con amigas y amigas de amigas; de los que nunca entran a una chica, pero a la que alguien se ha lanzado siempre están dispuestos a intervenir. Todavía recuerdo el día que, estando ya consagrado, nos vino a contar que había ligado en la discoteca: aleluya (ver más abajo el método utilizado).

Creo que era uno de esos chicos que les da engorro entrar a una chica y esperan una ocasión que les dé una coartada, una casualidad oportuna que justifique el encuentro, un interés pasatiempo, para que luego pueda surgir la atracción, como por asombro. Sólo en los momentos de confidencias admitirán la estratagema, el tiempo y las frases que les ha llevado a la situación (en ocasiones bastante complejas); por lo general alegarán su galantería espontánea, su simpatía y atractivo natural. Dicen que esa es la manera de ligar con chicas que no buscan nada (o sí). Parece ser que el cambio de domicilio le fue bien:

–  El tema es liarla para ir casa, aunque sea con los amigos, cuando cierran los bares, a tomar algo, el metro está cerrado y luego, una vez está en casa una cosa lleva a la otra, no te va a decir que no, ¿no? Ya es mucho más fácil. Tú no sé cómo te lo montas Bernat, vives en el quinto pinto.

–  Pues les digo si quieren venir a follar a mi casa. Me temo que es menos efectivo, pero es más claro. El taxi sale un poco caro.

Llega un día en el que, desde su posición privilegiada, el ligón se pone a dar consejos a sus colegas rezagados. Los he oído empezar tantas veces. Estando a solas es fácil cortarlos, pero cuando se está en grupo no queda más remedio que aguantarlos; las lecciones consisten acumulaciones de tópicos machistas, que sí, como buenos tópicos parece ser que funcionan muy bien.

Es curioso cómo, a pesar de sus múltiples y notorias experiencias, a pesar de los consejos de prodigan, los ligones bastante a menudo acaban contando sus problemas de pareja y en sus relaciones sexuales a las mismas personas que les gusta aleccionar: “no sé qué hacer”. Creo que acarrean problemas de comunicación. Quizá tenga algo que ver con su personalidad: el modo de ligar tiene bastante de representación y la relación sexual, más que un fin en sí, encarna la expresión de una conquista. No se me antoja contradictorio que algunos ligones acumulen listas muy largas de polvos conejiles e insinceridades. Estando en pareja este proceder parece poco sostenible.

La degradación del ligón es el devenir buitre. La frontera entre lo uno y lo otro no siempre está clara. Se puede considerar que un ligón de proximidad ha devenido un buitre leonado cuando ya no sólo tira la caña a las amigas y conocidas de forma sistemática sino que también tiene por norma tirársela a las parejas y a los rollos de sus colegas. Me pregunto de dónde vendrá esta deriva, quizá nos deberíamos preguntar por la figura de la madre o del padre.

Volviendo al caso que nos ocupa llegó el día que me senté al lado de la pareja del buitre. No entiendo porque esta situación tan neutra generó tanto recelo en él, que observaba a la distancia presa del pánico. Entonces es cuando ella me dio los consejos (de hecho, lo que estaba haciendo era cambiar de tema):

–  Pero Bernat, es que tú eres muy directo. Has de ser más sutil. A mí, como a la mayoría de chicas, me gustan más los chicos que no van tan asaco. Yo me fijé en él en parte porque me parecía, cómo decirlo, poco masculino, diferente, hasta un poco  gay. (Todavía no sé cómo me pude aguantar la risa, me estaba tronchando. No me acuerdo qué le contesté, pero no le dije lo que tenía en la cabeza:)

–  Vaya, más monstruos, otra. Quizá podrías empezar hablando de ellos y os iría mejor. Él también te podría hablar de sus monstruos. A ver, señorita feminista, eso no es una deconstrucción del “hombre”, eso es una capa de pintura utilizando como pigmentos los cuatro ingredientes que están en boga. Por lo demás, deberías oírlo cuando tú no estás delante. Gracias, pero no quiero tus consejos, no quiero acabar ni como tú o ni como él. ¿Por qué no vais a un sex-shop a compraros algo?

Para acabar voy a intentar contextualizar al ligón (de proximidad) y para eso voy a echar mano a la “la teoría de las redes de patatas”. Según comentan, para entender las relaciones afectivas y para evitar los males de la monogamia (heteropatriarcal y heteronormativa) proponen “crear rizomas, campos de patatas interconectadas entre sí, con lugares de unión y zonas de tránsito, con núcleos acentrados y solidarios” [1]. Algunos otros hacen performances de las “redes de cuerpos”.

Retomando la analogía de las redes, en general cuando yo las observo, lo que veo son “redes de patatas jerarquizadas”, donde las relaciones sexuales tienen bastante que ver con estas jerarquías, la voluntad de tomar una posición determinada en ellas y el deseo de poder. En consecuencia no es extraño que también vea numerosos abusos de confianza, agresiones sexuales y alguna que otra violación. Me pregunto si esto aparecerá en las performances.

Cuando leo esos artículos me parecen muy lindos (yo no me decanto en especial por la monogamia) pero me parece que la visión que transmiten corresponde muy poco con la realidad, tienen tendencia a idealizar. Estas redes reproducen las estructuras de dominación del resto de la sociedad; para poner un ejemplo: según como se mire no hay demasiadas diferencias entre una fiesta alternativa y el Costa Breve de Aribau.

Por lo demás, no es sorprendente que estos artículos estén idealizados; mi hipótesis es que las personas que los escriben son las mismas que más benefician de estas relaciones jerárquicas: los y las gurús.

Analizando redes, la nota cómica la ponen feministas que se mueren de ganas de poner el culo al hombre que tiene más reconocimiento social conseguido con la invención del palabrejo más impronunciable; eso o de encontrar al hombre poco masculino que será su pareja y la sacará de su atolladero; a hombres que les parece muy bien tirar la caña a las parejas de los otros, pero que se ponen muy nervioso cuando hablan con su pareja (“entiéndelo, pobrecito, está deconstruyendo su masculinidad”).

No sé por qué pierdo el tiempo. Esos intelectuales seguirán inventando los neologismos que quieran para seguir soltando sus chorradas y sus trivialidades. Luego se aplaudirán. Buitres y mujeres de tránsito. Patatas.

P.d.:

– La polla violadora a la licuadora.

– Empieza pues con la que tienes en casa.

P.d.d.: Me parece que el siguiente artículo será sobre esa chica que estaba tan enamorada que cuando su novio la dejó ideó una venganza: liarse con todos sus amigos, para demostrarle que no eran buenos amigos. No sé hasta cuantos llegó, 8, 10 o 15. Yo le pregunté:

– ¿pero tú te lo pasas bien?

– bueno, normalmente echamos un polvo. Intento correrme yo antes y luego parar.

– Aaaaaaaaa.

A estas alturas no sé con cuantas personas se habrá liado. Con muchas más que yo. ¡Qué envidia!

 

Referencia:

[1] http://www.pikaramagazine.com/2013/03/romper-la-monogamia-como-apuesta-politica/

 

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One thought on “Esos ligones (otra historia “real”)

  1. Retroenllaç: Indice del Fractal | Contes de l'exili

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