Bailando, me paso el día bailando

Bailando en mí rincón, haciendo la puta, bailando para la DJ. Ya me conoce; me mira, se ríe. Otro temazo, vámonos. A ver si se decide de una vez y me tira la caña. Ponme otro temazo babe, que el bar todavía está vacío y me quiero ver en el espejo.

Al transcurrir la noche el bar se va llenando. Poco a poco algunas personas empiezan a bailar. Ya no soy el único. Siempre hay alguna idiota que viene a usurparme el espacio. Quita bicho, yo he llegado antes.

Hoy es un ataque en manada. Seis chicas de unos veinte años, vestidos primaverales, poniendo sus bártulos por todo. Una auténtica bofetada hormonal, un jardín florecido hasta el punto de hacerte sentir nauseas: demasiado jazmín. Traen un chico con ellas, un chico que no se ajusta a los cánones físicos y estilísticos publicitarios, a diferencia de ellas.

Empiezan el baile del corrillo. Lo hacéis muy bien niñas, como en los videoclips. Enseguida se congregan los tíos formando un arco, acorralándolas. Mi rincón desaparece, me quedo encajonado, como un mueble intentando bailar, viendo el panorama. Ellas se me acercan demasiado, como si fuera parte de su corro. Me miro a una y le digo “bonne soir”, con cara de “¿por qué no te apartas tú?”. Me responde: “bonne soir”. Miro a la DJ; ya no me mira, ya no me ve.

Algunos chicos se acercan más para hablarles. Ellas no se giran o les responden algo rápido y siguen el  baile y las risas, ignorándolos. Al chico que llevan con ellas lo infantilizan, no hay más que ver como lo  tratan, es su mascota.

Al cabo de cinco o diez minutos ya no puedo más. Socorro, he de salir de esta encerrona. Una chica me corta el paso, así que le digo: “déjame salir de aquí, por favor. No puedo más, entre vosotras y ellos. No me quiero ni imaginar lo que tenéis en vuestro inconsciente: monstruos”. Me mira con cara rara, se aparta y aparta a su amiga.

Voy a la búsqueda de otro rincón o de un espacio libre entre los corrillos que se forman y sus satélites. Miro a ver si hay alguna tía con pinta interesante, pero no hay nada entre el rebaño. Al cabo de unos minutos me viene la chica de los monstruos, parece un poco alterada, no mucho:  – ¿por qué me has dicho esto?. – ¿El qué?. – Lo del inconsciente, es muy raro. – Soy un poco especial [se me queda mirando sin saber qué decir]. Bonne soir. – Bonne soir.

La música cada vez es peor. La media de edad desciende. El bar está petado de tíos salidos y de corrillos, algunos mixtos, algunos solo de chicas. Una o dos canciones más y me piro. No tengo ganas de hablar con nadie ni de tirar la caña. Menuda panda. Hasta la DJ está plagada de buitres.

Antes venía más a menudo. Ahora es insoportable, está siempre petado de críos. Antes tenía un ligero aire underground, ahora no hay más que pijos parisinos. Antes también había gente, menos, pero más interesante. Para venir a mi bar, donde estamos les 4 gatos, los connaisseurs, donde todos hablan con todos y no solo para follar, se podrían quedar en casa. Además no consumen casi nada, yo bebo por 4.

A la chiquilla esa, ¿qué decirle? Vuestro rollo apesta casi tanto como el de estos tíos . Por lo demás, no lo quiero ni saber. Cuéntaselo a tu amiga o a quien sea pertinente, no al primer tío que pase y sea curioso. Pero cuéntaselo a alguien. Y ya que follas tan poco, por lo menos hazte un buen pajote (o unos cuantos) porque estar a tu lado es insoportable, se te huele el chocho a la legua.

 

 

Well there’s nothing to lose
And there’s nothing to prove
I’ll be dancing with myself

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