Historia de Catalunya: los Acuerdos del Palau, 1960

[la literatura como juego de espejos. ¿ Y la historia?]

Si hubiera un poco de criterio histórico, a los “Sucesos del Palau” (en el Palau de la Música de Barcelona) se les debería llamar los “Acuerdos del Palau” entre las cúpulas del Opus dei, de la iglesia y de la burguesía catalana.

Un año antes, en 1959, la dictadura había cambiado de dirección con el “Plan nacional de estabilización económica”. Este plan aplicaba las recetas del FMI y del BM y suponía el final de un proceso que empezó con los Pactos de Madrid con los Estados Unidos en 1953.

La política liberal-capitalista en marcha, que luego abrazaría el puro neoliberalismo, faltaba por resolver “la cuestión catalana”. Para esto, era necesario un acuerdo que satisficiera a todas las partes y que consiguió repartiendo el poder y el dinero, como siempre. Así todo quedaría atado y bien atado, conflictos sucesorios y carlistas incluidos.

El embrión de Banca Catalana ya estaba creado. La dictadura se ocuparía de hacer migrar la fuerza de trabajo hacia Catalunya para establecerla como un centro industrial de España. Las élites catalanas debían controlar y manipular a la “nación catalana” para evitar una posible insurrección contra el régimen político-económico. Lo que era necesario era elevar al estrellato un falso opositor, un falso disidente que sublimara las aspiraciones catalanistas y las agrupara en torno a una organización capitalista, católica y tradicionalista.

El elegido fue Jordi Pujol i Soley, muy probablemente por sus relaciones con la banca, o vete tu a saber. Los Sucesos del Palau se arreglaron con el gobernador de Barcelona y la organización “Cristans Catalans” de Jordi Pujol unos días antes de los actos. El consejo de guerra fue la representación de la fundación del catalanismo político en la que Pujol fue condenado simbólicamente. Al fin y al cabo, no estaba tan mal confinado y la Ferrusola le llevaba los tuppers cada fin de semana.

Los Sucesos del Palau concluyeron con la destitución posterior de gobernador civil de Barcelona, como parte de acuerdo y clausura de la función. Sobre el papel del PSC, de su participación en el consejo de guerra i de los acuerdos para controlar Barcelona ya hablaré otro día.

En suma, un año después del “Plan”, se instauraba el catalanismo político, hijo tolerado del régimen franquista. Esto quedó patente unos años más tarde con la campaña “Volem bisbes catalans” [“Queremos obispos catalanes”].

De camino hacia la Transición, el catalanismo político de Jordi Pujol y de Convergencia no dudó en utilizar las peores significaciones xenófobas y racistas hacia la inmigración de España, fomentando la creación de guetos, la desunión entre las clases trabajadoras; esos años de la guerra sucia (esos años de la heroína) [en Madrid fue parecido, ¿no es así?]. Quizá Jordi Pujol comenzó a aprender estos métodos en su infancia, en el seno de una familia pro-nazi.

A día de hoy, a lo que aspira Jordi Pujol es dejarlo todo atado y bien atado, que le hagan un gran homenaje a su muerte y lo entierren en Montserrat, donde se entierran a los traidores y a los fascistas.

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